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ALBERTO MOYANO
Miércoles, 24 de octubre 2007, 11:56
Una pareja española que llega a Quito con intenciones algo turbias es la protagonista de El pan nuestro, primer cortometraje del actor Aitor Merino (Donostia, 1972), que figura ya entre los nominados al Premio Goya. Merino, vinculado familiar y emocionalmente a Ecuador, no confía excesivamente en llevarse la estatuilla, pero cree que la nominación le ayudará a la hora de conseguir apoyos para rodar su primer largometraje.
- Se ha pasado de la interpretación a la dirección. ¿Como Clint Eastwood?
- Hombre, me gustaría hacer tanto lo uno como lo otro la octava parte de bien que lo ha hecho él, pero hay que ser realistas. La verdad es que sin dejar de interpretar, voy a dedicarme seriamente a la dirección. Ahora mismo estoy escribiendo un guión. Mi intención es ir sin prisas, pero dedicarme cada vez más a la dirección.
- Pregunta tópica: su trabajo como interprete, ¿le ha ayudado mucho a la hora de dirigir a los actores?
- Rotundamente, sí. Considero que si de algo sé, es de actores, que es a lo que yo me he dedicado y lo que he estudiado. Me interesa no sólo conseguir una buena dirección de actores, sino lograr que parezca que no están actuando.
- ¿Qué es 'El pan nuestro'?
- Es un cortometraje que rodé en Ecuador. Una pareja española llega a Quito a hacer una transacción un tanto sospechosa que finalmente se convierte en una transacción inmoral: compran un niño en una adopción ilegal.
- ¿Cómo surgió la idea?
- Lo primero que pensé es que quería que la historia transcurriera en Ecuador. Por un lado, me interesa mucho ese país, en el que vive mi hermana y con el que mantengo una relación muy fuerte. Por otro lado, la idea surgió de una noticia en la que se contaba que una pareja de invidentes había sido detenida en Chile por comprar un bebé. Resultó que les habían estafado y engañado. Me pregunté qué clase de persona, después de haber realizado todos los trámites legales de adopción y haber fracasado, decide dar ese paso tan heavy. Por otra parte, quería plantear al espectador cómo es posible que alguien tenga que recurrir a vender a un niño para poder subsistir. Finalmente, quería reflexionar sobre qué mundo tan injusto es éste en el que dos personas, por el simple hecho de ser de un país rico, pueden ir a otro y comprar un bebé.
- Pues parece que se han puesto de moda las adopciones internacionales, de la mano de Madonna o Brad Pitt y señora.
- Sí, bueno, no sé... No sé cómo se lo montarán pero supongo que habrá tráfico de influencias. Está claro que tener un nombre y mucha pasta facilita las cosas un montón.
- ¿Cómo fue el rodaje en Quito?
- Maravilloso. El mayor problema fue que, al comienzo del rodaje empezó la época de lluvias, lo que significa diluvio. En realidad, fue un poco infernal porque tuvimos que suspender dos de los cinco días de trabajo y los actores se tenían que volver a España. La verdad es que fue desesperante, pero gracias al equipo, enteramente ecuatoriano salvo la producción, salió adelante. Se dejaron la piel porque lo cierto es que hubo momentos en los que pensamos que no salía adelante.
- ¿Cómo eligió el reparto?
- Me costó un poco cerrarlo porque aunque tengo muchísimos amigos actores y actrices, los que podían hacer los personajes estaban todos ocupados. Por un golpe de suerte, encontré a Cuca Escribano, que es un 50% del corto. A Antonio Gil Martínez le conocí haciendo una serie de La 2 que se llamaba Mujeres, de producciones El Deseo. El tercer personaje importante es Fabián Velasco, un actor ecuatoriano que ha sido el gran descubrimiento. Es músico y se gana la vida como hombre-orquesta en la calle. Un tipo muy peculiar que se volcó a tope.
- ¿Cuál es la clave para contar una historia en quince minutos?
- La clave es contar algo, sin querer contar mucho. Se debe contar poco y de forma concreta. Además, hay que tener el criterio para contarlo con sentido. Luego están ese montón de imponderables que hacen que las cosas no sean al final como uno quiere.
- ¿Cree que muchos largometrajes adolecen de estas cualidades?
- Creo que sí. Hacer un largometraje es muy complicado, pero pienso que hay que ser honesto. En general, hecho de menos que se quiera contar algo y que ese algo tenga algún significado para ti. Saber contarlo es otra historia. Se hacen demasiadas películas rematadamente, no ya estúpidas y malas, sino innecesarias. Películas que si nunca se hicieran, el mundo no se perdería nada. Es algo que pasa mucho en el cine español. Por supuesto, hay excepciones.
- ¿La tensión moral es el motor de 'El pan nuestro'?
- Se podría decir que sí. El espectador no descubre hasta el final qué es lo que van a hacer los personajes, pero las últimas imágenes se las dedico a una niña, la posible madre o hermana del bebé, como una mirada inocente de lo que significa la pérdida. Planteo la pregunta de si es lícito hacer eso, pero en ningún momento pretendo dar la respuesta. Aunque tengo mis propias opiniones al respecto, tampoco son rotundas. Las propias circunstancias de cada uno le pueden llevar a hacer cosas que jamás hubiera pensado y que van en contra de sus propios principios.
- ¿Por qué el País Vasco cuenta con una cantera tan fértil de cortometrajistas?
- Hay que reconocer las cosas como son: desde el Gobierno Vasco se ha hecho un esfuerzo bastante grande. Yo estoy en Madrid en corto, un programa basado en Kimuak y que ha impulsado muchísimo el corto. De todas formas, es increíble la cantidad de técnicos vascos que hay en Madrid. Desde que vivo aquí, y llevo ya muchísimos años, en todos los rodajes ha habido alguien en el equipo con el que he podido hablar en euskera.
- ¿Facilitará la difusión del corto su nominación al Goya?
- Ya está teniendo una buena distribución: Londres, Berlín, Montreal... Lo del Goya, en realidad, es una chorrada porque si lo piensas, no va a hacer mejor el corto, pero sí que es una satisfacción y me va a ayudar a la hora de vender el proyecto de mi primer largometraje. Es muy difícil ser nominado porque hay muy buenos cortos este año y muchos lo merecerían más que el mío. Pero, bueno, ha habido un jurado que lo ha decidido así y yo se lo agradezco en el alma porque me ha puesto más contento que unas castañuelas.
- ¿Ha pensado ya lo que va a decir si gana?
- Eeeeeh... no creo que lo gane, la verdad. No sé lo que voy a decir, aunque supongo que se lo dedicaré a mis aitas, que son y han sido mi grandísimo apoyo.
- ¿Qué puede decir del proyecto que se trae entre manos?
- Puedo decir que, aunque me ha subvencionado la Comunidad de Madrid, no lo voy a realizar, al menos por el momento, porque es una película que se rodaría en la Amazonía ecuatoriana. Necesitaría trabajar con indígenas, avionetas, helicópteros... Es una historia basada en un personaje euskaldun y no quiero decir más porque no quiero que me pisen la idea. Es un proyecto caro y muy complicado, así que ya tengo pensado algo más realizable, barato y asequible.
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