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A. U.
Domingo, 4 de noviembre 2007, 01:44
SAN SEBASTIÁN. DV. A Azucena Caballero le gustaba hacer manualidades con su hijo, ir a la biblioteca, montar proyectos... «porque hay ciertas cosas que el colegio no te ofrece y las quería completar en casa para que mi hijo tuviese una educación integral. Pero llegaba de clase tan agotado que no podíamos hacerlas. El colegio, en vez de ser una ayuda en la educación de mi hijo, al final era un impedimento. Me di cuenta de que lo que ofrecen ellos tu lo puedes dar, pero no al revés». A la vicepresidenta de la Asociación para la Libre Educación (ALE) le gustaba hablarle «de cosas interesantes que no se tratan en el colegio o que sólo lo hacen desde un cierto punto de vista».
Azucena vive en un pueblo de Badajoz con su marido y sus tres niños (de 11, 6 y 2 años). Reconoce que educar en casa supone una renuncia. En muchos casos, uno de los padres deja de trabajar («habitualmente continúa el que más gana»), o se organizan con jornadas reducidas...
La logística de la enseñanza varía en función de cada hogar y de las metas que se establezcan. «Hay quien desescolariza a su hijo por un problema de acoso, otros por fracaso escolar... Cada caso es distinto. Por ejemplo, hay familias que siguen los mismos libros que en la escuela o los que aprenden mediante proyectos sobre temas que interesan a los niños y que les sirve para enseñarles de forma transversal distintas materias».
En el caso de los tres niños de Azucena, están matriculados en la misma escuela a distancia de California donde estudian los cuatro vástagos de los irundarras Ketty Sánchez y Michael Branson. Cuentan con un programa online con los temas desarrollados, ejemplos, enlaces de ampliación, juegos educativos y fichas imprimibles. «En ese sentido, lo tenemos bastante masticado». En casa siguen un horario y aprenden, de entrada, lo mismo que otros niños de su edad: matemáticas, lengua castellana, inglés, sociales, naturales y arte. «Además, acompañamos a nuestros hijos en sus intereses». Lo cual se traduce en que Azucena y su marido le están ayudando a su hijo, un fan de las maquetas, a confeccionar una de gran tamaño sobre El señor de los anillos. «Además de lo habitual, una vez a la semana hacemos un taller de electrónica, porque mi marido es ingeniero y a los niños les gusta». Uno de ellos quería saber japonés y compraron un manual para autodidactas. Ahora padre e hijo lo están aprendiendo.
A música y kárate
Azucena quiere dejar claro que sus niños no crecen en una burbuja, y que el hecho de educarles en casa no es óbice para, llegado el caso, llevarles a clases particulares si ella no se sintiera preparada. De todas formas, en sus siete años de homeschooling se ha dado cuenta de que no es tan importante tener esos conocimientos como el saber dónde poder adquirirlos. «Tenemos internet, bibliotecas y normalmente conocemos a otras personas que nos pueden facilitar esa información. Por ejemplo, si tú haces homeschooling y eres de ciencias, yo te puedo ayudar con el latín y viceversa. Que eduques en casa no significa que tengas que hacerlo solo».
La vicepresidenta de ALE habla de «falacia» al responder a los críticos de la libre enseñanza porque evita la función de socialización de la escuela. Caballero insiste en que «el primer agente socializador es la familia». Reconoce que la escuela socializa, «eso es obvio», pero se pregunta qué tipo de socialización ofrece. «Habrá familias encantadas pero para otras no es quizás la mejor opción».
Otro argumento que esgrime es que en la escuela los niños habitualmente están sentados y callados. «Al final tienen 30 minutos de patio que yo los cambio por dos horas de parque. Además, por las tardes tienen que hacer tareas. El niño que se educa en casa tiene un horario de vida social más amplio». Azucena dice que tienen más tiempo libre, en el que sus hijos acuden a clases extraescolares como música y kárate, «donde hacen lo que les gusta, lo que les ofrece una vida social de calidad porque se encuentran con otros niños con sus mismos intereses».
En su caso particular, una vez a la semana suelen quedar con otros homeschoolers para ir a un museo, a un parque o hacer un picnic. «Y cuando juegan con sus primos también se socializan. Además, por las tardes, cuando estamos en casa no sé si tenemos un imán pero vienen entre cuatro y ocho niños del pueblo».
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