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JULIÁN MÉNDEZ
Martes, 22 de abril 2008, 03:01
san sebastián. DV. Las historias de piratas no son un cuento. Hoy, en pleno siglo XXI, desalmados marineros de fortuna siguen quebrantando las flotas mercantes y turísticas del mundo entero. El pasado año, se censaron 263 actos de piratería. En 2006 se produjeron 239 asaltos a embarcaciones y mercantes. Los ataques, además, son cada vez «más violentos», como constata Pottengal Mukundan, director del International Marine Bureau (IMB). «Perfectamente entrenados y bien armados, estos piratas constituyen una amenaza para el comercio internacional».
El pasado 4 de abril, el yate de lujo de bandera francesa Le Ponant fue secuestrado frente a la costa somalí en un incidente resuelto por comandos franceses. Este domingo ha sido el atunero vasco Playa de Bakio el capturado por los piratas tras amedrentar al patrón con el lanzamiento de una granada RPG contra el puente. No se andan con chiquitas. En diciembre de 2001, Peter Blake, un laureado navegante oceánico neozelandés fue asesinado por ratas de agua brasileñas que habían asaltado su velero, el Seamaster. Le mataron para robarle un reloj, un motor auxiliar de 15 caballos, un rifle, dos cámaras de fotos y unos prismáticos. En algunas partes del mundo, la vida de un hombre vale muy poco. Fue uno de los casos más conocidos de esta sorda batalla que se libra en los mares de medio mundo.
Las cifras de ataques de las que se tiene conocimiento no son reales. Muchos de los armadores agredidos prefieren guardar silencio para no molestar a los agresores y escapar. Una ley del silencio, apuntan desde la Oficina Marítima Internacional, motivada por el temor a represalias contra los barcos de las, a menudo, corruptas autoridades locales. Esta situación se agrava en Somalia y Nigeria.
Tal vez por esto el número oficial de asaltos a mercantes ha disminuido en los últimos años. En 2000, el IMB registró 469 ataques. La limpieza a que han sido sometidos el Estrecho de Malaca, el mar de China y las costas de India, Bangladesh y Tailandia, así como el refuerzo de las medidas antiterroristas a bordo de los grandes mercantes, habrían logrado disminuir los abordajes.
La adopción en 2002 por parte de la Organización Marítima Internacional (OMI, de Naciones Unidas), de medidas de seguridad en los buques para afrontar la amenaza de Al Qaeda ha logrado, también, reducir el número de ataques. Detrás de los piratas se encuentran traficantes de drogas, bandas de delincuentes organizados y veteranos de guerra que tratan de subsistir con la piratería y que campan a sus anchas por países sin ley.
Ataques en Lagos
Hay cuatro grandes zonas de piratas en el mundo. La primera corresponde al Caribe y al Pacífico sudamericano: Haití, Jamaica, Venezuela, Surinam y Guayana, así como el puerto peruano de Callao, son escenarios de actos de pirateo. El Golfo de Guinea es otra de las zonas del mundo donde los delincuentes son más activos; en especial los puertos de Lagos (con 25 ataques en 2007 y 9 en lo que va de año, lidera las estadísticas), Port Harcourt y Bonny River, todos en Nigeria. Se han denunciado ataques en poblaciones portuarias de Guinea, Sierra Leona, Costa de Marfil, Ghana, Guinea Ecuatorial, República Democrática del Congo y Angola. En esta zona, la totalidad de las agresiones tienen lugar en los puertos y aguas costeras.
La actividad piratística es especialmente activa también en el llamado Cuerno de África. Destaca la zona del Estrecho de Ormuz (que da entrada al Mar Rojo y a las instalaciones petrolíferas de Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita), Mogadiscio, Mombasa (en Kenia) y el puerto tanzano de Dar es Salaam (con once ataques el pasado año). En este área es donde se producen los abordajes a barcos en navegación, alejados cientos de millas de las costas y asaltados desde lanchas rápidas y mimetizadas.
La cuarta gran zona de piratería es el Sudeste asiático. Chittatong, en Bangladesh, se lleva la palma. Le siguen los puertos de Dumai, Belewan, Balongan, Balikpapa y Yakarta, en Indonesia así como Manila (Filipinas) y Vung Tau (Vietnam). Se han anotado asaltos en Sri Lanka y en localidades costeras indias. El Estrecho de Malaca, entre la isla indonesia de Sumatra y la costa occidental de Malaisia, ha sido declarada por Lloyd's (la Bolsa de seguros londinense) como «zona de alto riesgo», una calificación que comporta un encarecimiento de las primas de seguro. Pese a que los estados ribereños se han comprometido a mejorar las condiciones de seguridad en la zona, los buques buscan sus propias soluciones, como la navegación en convoyes protegidos por buques de guerra, como en el caso de los barcos del Programa Alimentario Mundial.
Asímismo, cada vez más mercantes poseen el sistema de localización AID (un modelo de seguridad para buques que permite conocer en todo momento su posición) y el ISPS (Sistema de Seguridad Internacional de Barcos y Puertos, en sus siglas en inglés). Hay buques que instalan a bordo cuando navegan por estos paralelos el llamado Secure Ship (una red electrificada a 9.000 voltios que asegura el perímetro del navío).
En 2007 Indonesia registró 43 ataques de piratas, Nigeria, 42 y Somalia, 31. Los pescadores lekeitiarras navegaban pues por aguas decididamente peligrosas.
Secuestros y descarga
Según el IMB, con sede en Londres, hay dos tipos de ataques. El clásico consiste en que los piratas abordan el buque, intimidan a la tripulación y les arrebatan sus pertenencias y las de la caja fuerte del navío. El nuevo estilo, advierten, pondría de manifiesto la existencia de mafias especializadas y organizadas en este tipo de extorsión ya que roban el cargamento y los equipos del barco con el uso de métodos modernos, como planeadoras. La carga es alijada en un barco nodriza que espera a las lanchas en zona segura. Estos robos representan pérdidas multimillonarias para los armadores ya que los piratas escogen materias caras y fácilmente vendibles: productos petroleros, pescado, metales, aceite de palma, contenedores...
Una tercera modalidad persigue el secuestro de buque y tripulantes y la exigencia de un rescate a sus armadores.
Además de los riesgos para la tripulación y de las pérdidas económicas, los responsables de las organizaciones marítimas internacionales alertan del peligro para el medio ambiente marino que suponen estos ataques que, en ocasiones, han dejado en manos de piratas pobremente formados el rumbo de petroleros cargados con decenas de miles de toneladas de crudo. También alertan del efecto desmotivador que estos ataques tienen para los futuros marinos, lastrados ya desde hace años por una alarmante falta de vocaciones en la Marina Mercante.
Piratas del Caribe sólo es una película. Como apunta Stevenson en La isla del tesoro a filibusteros y corsarios no les esperaba otro destino que la horca. De hecho, se les colgaba, se les cargaba de cadenas y sus cuerpos eran mantenidos durante meses a la entrada de los puertos como escarmiento y para ilustrar sobre las malsanas consecuencias de la piratería. «El pirata de hoy, como el de ayer -ha declarado Mukundam- es un criminal peligroso que debe ser puesto fuera de circulación».
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