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MAITANE OLAIZOLA
Sábado, 14 de junio 2008, 04:20
DV. Fatimetu llegará a Irun el próximo día 25 de junio procedente de los campos de refugiados de Tindouf (Argelia). La irundarra Trini Fernández, al igual que su marido, le está esperando impacientemente. «Es el cuarto año que viene», explica acerca de . Aún recuerda el primer instante en que la vio, en el verano de 2005. «Llegó con siete años, pesaba dieciséis kilos. Era una cosita chiquitina, delgadísima. Tenía unos ojos de asustada», rememora mientras saca una foto de su cartera. «Te voy a enseñar lo preciosa que es. Le llamamos la pequeña Naomi. Y además, es simpática, cariñosa, graciosa...»
Fati es una de las niñas del programa , organizado por el área de Cooperación del Ayuntamiento, en colaboración con el Frente Polisario de Euskadi. Serán catorce los pequeños que tendrán la oportunidad de pasar el verano en nuestra ciudad, pero cuatro están aún a la espera de encontrar un hogar que les acoja.
«Nos animó, por un lado, conocer la problemática del pueblo saharaui. Creo que es casi una obligación social ayudar en lo que podamos. He estado dos veces en el Sáhara y la verdad es que están abandonados, viven en la miseria», explica Trini. «Por otro lado, supimos que faltaba una familia y eso nos convenció», añade.
Días de adaptación
«¿Qué tal su familia?», fueron las primeras palabras que Fati dirigió a Trini. «Al escuchar aquello no sabía si reír o llorar». Los primeros días fueron de adaptación. «La niña, , no paraba de encender luces, abrir grifos...», pero sobre todo hay una anécdota que a Trini le «revolvió por dentro». Habían acabado de cenar y recogía la cocina junto a su marido. Fati dormía. «Había sobrado pan y no lo encontrábamos. Entramos en el dormitorio de la niña y vimos que se lo había guardado, como si tuviese miedo a que al día siguiente no tuviera».
Según Trini, «todas estas cosas les duran tres días. Al día siguiente se han occidentalizado que te mueres», ríe.
A punto de comenzar el cuarto verano junto a Fati, Trini señala que esta experiencia le está resultando «muy enriquecedora. Es como un hijo más. Te implicas mucho emocionalmente y además, el año pasado la niña ya me empezó a llamar ama».
Las despedidas al final de cada verano suelen ser duras, «pero te queda la satisfacción de haberle dado la oportunidad de vivir dos meses estupendos». Es la opinión de Ana Paula Sofía, con tres hijos de 18, 16 y 15 años a su cargo.
Ella participa en el programa por segundo año consecutivo. «Leí en el periódico que hacían falta familias de acogida e inmediatamente me animé a llamar. Al principio tenía miedo, creo que es normal, pero después resulta una satisfacción increíble y una lección importante de solidaridad para mis hijos», dice.
Su niña, Taufa, estaba ya en el límite de edad -12 años- el año pasado, por lo que éste ya no puede venir. «Me da una pena tremenda, pero hablamos de vez en cuando por teléfono», dice. A pesar de ello, ahora, espera con «muchísimas ganas» a Bouba, de 9 años. «Ha sido una vivencia tan bonita que quiero repetir. Los niños te dan todo su amor, incluso más que nuestros propios hijos. Me gustaría poder expresar con palabras lo que siento con esta experiencia, pero no las tengo. Para entenderlo, hay que vivirlo».
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