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La empleada del peaje dando explicaciones./MORQUECHO
Todos los GPS conducen a Arrasate
TRÁFICO

Todos los GPS conducen a Arrasate

Los navegadores de última generación confunden a cientos de automovilistas extranjeros al dar por construida la autovía Eibar-Vitoria

JAVIER PEÑALBA

Miércoles, 30 de julio 2008, 03:51

DV. Puede que todos los caminos conduzcan a Roma, pero, a tenor de lo que estos días sucede en Gipuzkoa, parte de los modernos caminantes pasan antes por en el barrio Epele de Arrasate. En este punto, en el último de los peajes de la Eibar-Vitoria, se registra desde el inicio de las vacaciones un tráfico superior al habitual. A las cabinas de pago llegan decenas, cientos de automovilistas procedentes de Francia, Holanda, Alemania, Bélgica, Reino Unido... Ninguno de ellos tiene como destino el Alto Deba. Al contrario, sus finales de trayecto están lejos, mucho más lejos: en el Magreb, Andalucía, Madrid o en el sur de Portugal. ¿Entonces, qué fuerza atrae a estos conductores a Mondragón? La respuesta en bien sencilla: el poder de los nuevos navegadores GPS, que incluyen el trazado de la AP-1, entre Maltzaga y la capital alavesa, como si ya estuviese construido. Las máquinas no saben que la infraestructura arrastra un retraso de un año. Ignoran que todavía restan cerca de treinta kilómetros por construir y por ello cuando los dueños de estos aparatos recalan en Arrasate se vuelven locos y trastornan a los usuarios. «Nos hemos acostumbrado de tal manera a los GPS que ya ni siquiera somos capaces de ver las señales que hay en la carretera», señala Serafín González, un madrileño que después de hacer caso al navegador decidió finalmente detener el coche a un lado de la carretera y preguntar: «Llevo una hora dando vueltas por unos pueblos que no conozco y no llego a ningún lado», afirma.

Fabricantes

La AP-1 nace en Maltzaga y, de momento, muere en el barrio arrasatearra de Epele. Sin embargo, las firmas fabricantes de los navegadores vía satélite han introducido este trazado en sus últimos modelos, de tal manera que se ha convertido en la vía más corta para llegar, por ejemplo, desde la frontera hasta Marruecos. De esta manera, desde primeros de julio, miles de automovilistas de origen magrebí llegan confundidos hasta Arrasate. «El navegador les dice que la autopista continúa y cuando abonan el peaje llegan hasta una rotonda. Allí, el aparato les dirige de nuevo a la AP-1. Y es entonces cuando terminan por despistarse. No saben que la autopista ha terminado, se ven perdidos, desconocen la ruta que deben seguir y preguntan a quienes trabajan en las cabinas», aseguran fuentes de Bidegi.

El pasado año ya sucedió algo parecido, aunque la afluencia de automovilistas fue menor. «Entonces llegaron más marroquíes. Este año, sin embargo, vienen menos y vemos alemanes, belgas, holandeses... Igual es que los magrebíes ya escarmentaron», afirman las fuentes citadas.

La afluencia estos días de automovilistas confusos es tal que la sociedad pública que explota esta infraestructura se ha visto abocada a facilitar información por escrito a los usuarios. «Se les entrega un papel, en varios idiomas -euskera, castellano, francés e inglés- en el que se les comunica la ruta que han de tomar. Se les dice que sigan por la carretera GI-627 y se les advierte de que no hagan caso de las indicaciones del navegador, cuando menos hasta que lleguen a Vitoria», afirman.

Las jornadas de mayor afluencia este año han coincidido con los días 1 y 15 de cada mes. Se espera, por lo tanto, que este próximo fin de semana, con el comienzo de las vacaciones de agosto, las que mayor número de desplazamientos generan, la llegada de conductores «perdidos» a las inmediaciones de Arrasate sea superior a la de fechas pasadas.

Un inglés sorprendido

Michael es un británico que se dirigía Madrid, uno de los que se ha dejado guiar por el GPS. «Ya me he quedado sorprendido cuando he visto que la autopista terminaba y me encontraba de bruces con el peaje. Sin embargo, he pensado que igual estaban de obras y que unos metros más delante volvería otra vez a la autopista. Pero cuando he llegado a una rotonda, el GPS me ha enviado nuevamente a la autopista. Ya no entendía nada de lo que estaba sucediendo. Me mandaba al mismo lugar del que había salido. Estos aparatos están bien, ayudan mucho, pero cuando las carreteras están sin terminar te vuelven loco», señaló.

Pero el GPS no sólo confunde a aquellos que van de ruta hacia el sur, sino también a los que regresan. «En cuanto hemos llegado a Vitoria, nos ha desviado a una AP-1 que está sin terminar. Lo que hemos hecho ha sido dejar el navegador a un lado y guiarnos por las señales que hay en la carretera. Así hemos llegado hasta aquí», aseguraban los ocupantes de un turismo cuyo destino era Legazpi.

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