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El enorme tamaño del oso impone a los visitantes. /AITOR
La última morada del gran oso
ELGOIBAR

La última morada del gran oso

La visita al Museo de Fósiles y Minerales es una cita que no debería perderse nadie que quiera conocer el pasado de la Tierra

AITOR ZABALA

Sábado, 9 de agosto 2008, 05:03

DV. El Museo de Fósiles y Minerales de Elgoibar (Mufomi) no para de crecer. Sus fondos aumentan de año en año, extendiéndose por todos y cada uno de los rincones del local de 200 m2 que ocupan en las antiguas escuelas de Artetxe. Una visita a estas instalaciones de Javier Vargas deja en el visitante la sensación de que el ser humano es, apenas, una gota de agua en el inmenso océano de la historia de este planeta, pues, durante el recorrido, se tropezará con fósiles de animales y plantas que lo poblaban millones de años antes de su aparición.

Entre las adquisiciones del museo, destaca por su espectacularidad un gran Oso de las Cavernas, animal que convivió con el hombre, y que desapareció hace 50.000 años como consecuencia de los cambios climáticos. El ejemplar, que se exhibe en solitario en una de las salas, es un oso de los Urales (subespecie del Oso de las Cavernas). de 2,6 metros de altura, Su tamaño es imponente, pero no es, ni mucho menos, el más grande de su especie pues se han localizado fósiles de ejemplares de 3 metros de altura. «El animal actual al que más se parece es el oso polar, sólo que el ejemplar del museo vivía en las cavernas, lo que le llevaba a competir por el hombre prehistórico, pues éste también buscaba estos emplazamientos para buscar cobijo».

Numerosas vitrinas

Además de la sala del oso, los asistentes se encontrarán nada más acceder al museo con un pasillo plagado de vitrinas que recogen una muestra de fósiles y minerales localizados en Euskal Herria, incluidos varios hallados en Elgoibar.

Justo a su lado, Mufomi ha preparado varias vitrinas en las que se aprecia la evolución del arte y de las técnicas de la fabricación de armas y herramientas desde el Paleolítico Inferior (hace dos millones de años), ilustrando la muestra con objetos originales (hachas, espadas, hoces, figuras,...) y réplicas representativas de cada época.

La segunda sala recoge una muestra amplísima de centenares de invertebrados con millones de años de antigüedad (moluscos cefalópodos, bivalvos, gasterópodos, crustáceos,...), así como diversos fósiles de flora e insectos. La siguiente escala en este viaje por la prehistoria tiene lugar en la sala de los vertebrados, presidida por el enorme cráneo y los colmillos de un mamut, junto al que conviven fósiles de osos, peces y reptiles, y pequeños dinosaurios.

El punto final del recorrido llega con la visita a la cámara de fluorescencia, donde el visitante se encontrará con minerales radioactivos. «En un primer vistazo, muchos de los elementos colocados en las vitrinas de la cámara no pasan de ser simples piedras, pero fíjate qué pasa cuando encendemos una luz negra como las que podemos encontrar en las discotecas», comenta Vargas al visitante momentos antes de correr la cortina y dejar el pequeño habitáculo a oscuras. Y lo que sucede es que aquellas piedras anodinas empiezan a brillar en la oscuridad, creando un efecto rayano con los trucos de prestidigitación que sirve como rúbrica a una visita que nadie debería perderse.

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