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JUANMA VELASCO
Martes, 19 de agosto 2008, 09:21
DV. «Era una persona entrañable. Benito no tenía enemigos ni en el infierno». Pasadas más de 48 horas, poca gente se explica «qué pudo pasar» para que alguien apuñalara hasta causar la muerte a Benito Mugika, de 60 años, toda una «institución en el mundo del balonmano guipuzcoano». Su cuerpo sin vida fue hallado la noche del pasado sábado en el interior de su domicilio en Lasarte-Oria, después de los bomberos sofocaran un incendio. Ayer, familiares, amigos y personas cercanas al entorno del balonmano de Gipuzkoa abarrotaron la iglesia de San Pedro de Lasarte-Oria, en el funeral por su descanso.
Todo Lasarte-Oria, en especial el barrio de Sasoeta donde vivía, y Usurbil, localidad en la que nació, siguen aún consternados por su muerte. Más si cabe después de que se descartara que la víctima falleciera intoxicada por el humo del incendio iniciado en el sofá de su casa y se conociera que había sido víctima de un crimen. Tras serle practicada la autopsia el domingo, la Ertzaintza confirmó ayer que se trataba de una muerte violenta y descartó definitivamente la hipótesis del suicidio. El cadáver presentaba «varias heridas de arma blanca».
La investigación para determinar el o los autores de la muerte sigue abierta. Desde el domingo, la Policía Científica trata de buscar huellas y pistas que, presuntamente, el autor de la muerte trató de ocultar provocando un incendio en la vivienda. Asimismo, todavía se desconoce si Mugika acudió el sábado por la noche solo o acompañado a casa o si el móvil del robo pudiera estar tras el crimen. Vecinos consultados negaron haber escuchado esa noche ruidos extraños procedentes del piso del fallecido.
De hecho, poco se conoce de las horas previas a su muerte, salvo que Mugika se desplazó de Lasarte-Oria a Irun, el mismo sábado por la tarde. «Estuvo presente en Artaleku en el partido presentación de temporada del Bidasoa Irun contra el Barakaldo», asegura José Mari Iztueta, presidente de la Federación Guipuzcoana de Balonmano.
Del resto, poco se sabe. Su hija Naiara, que convivía con su padre, y su ex mujer Maite se encontraban de vacaciones en el momento del fallecimiento de Mugika.
«Un palo terrible»
Mientras siguen las pesquisas, familiares y amigos de Benito Mugika, profesor de Educación Física en la Ikastola Jesusen Bihotza de Villabona-Zizurkil, lloraron ayer su muerte en el funeral por su alma. La iglesia de San Pedro de Lasarte-Oria, localidad en la que vivía, se quedó pequeña para darle el último adiós.
«Era una persona entrañable, de un corazón enorme, que se ha dedicado toda la vida al balonmano. Nunca hizo mal a nadie. Al contrario, ayudaba todo el que podía dando consejos. Era una persona estupenda». José María Iztueta, una de las personas que mejor conocía a Mugika, reconocía ayer que todavía no se había recuperado de la noticia. Fue todo un jarro de agua fría nada más llega a Gipuzkoa tras sus vacaciones.
Iztueta estuvo ayer en el funeral y también acudió al tanatorio el domingo, donde pudo hablar con los familiares. «Están muy afectados. Para ellos ha sido un palo terrible», aseguraba.
Como el resto de quienes conocían a Mugika, Iztueta no para de darle vueltas a la cabeza al pensar «quién pudo realizar semejante crimen» porque «Benito no tenía enemigos ni en el infierno. Es imposible. Lo que ha pasado no tiene ni pies ni cabeza».
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