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Los ciudadanos que promueven la recuperación del edificio Luzuriaga, situado tras ellos, muestran el proyecto de Iturralde. /ARIZMENDI
Pasado industrial, incierto futuro
SAN SEBASTIÁN

Pasado industrial, incierto futuro

Un arquitecto propone recuperar el pabellón de oficinas de Luzuriaga, siguiendo el ejemplo de la reconversión de Jareño en casa de cultura

ELENA VIÑAS

Domingo, 21 de septiembre 2008, 05:02

DV. Fue el arquitecto Ricardo Olarán (Arrasate, 1912-1982), autor de más de cuarenta obras industriales, además del frontón Galarreta o el Hospital de San Juan de Dios, quien lo diseñó en 1943. Sesenta y cinco años más tarde, otro arquitecto, Kepa Iturralde, ha fijado la vista en este edificio que se halla en estado de abandono para proponer su recuperación, amparándose, principalmente, en el «valor arquitectónico» de la construcción.

Situado en la acera derecha de la calle Eskalantegi -la misma que, a espaldas de las últimas laderas de Altza, pertenece a San Sebastián, pese a mirar a Pasai Antxo-, el antiguo pabellón de las oficinas de Luzuriaga se enfrenta a un futuro incierto. El que fuera en otro tiempo eje de buena parte de la vida laboral de la zona, es en la actualidad un inmueble que parece haber caído presa del olvido.

Ventanas rotas, paredes pintadas con graffitis, puertas tapiadas. A pesar de su estado, la mirada instruida de profesionales como Iturralde, quien también ocupa el cargo de director de la sección de Arquitectura de la UEU (Udako Euskal Unibertsitatea), ve en él un edificio «atípico» en varios aspectos.

Según explica, «buena parte de sus características son propias del estilo internacional o moderno. Presenta una cubierta plana, fachadas diferentes de su estructura y ventanas horizontales, como una rasgadura que se extiende a lo largo de la pared. Pero también hay elementos pertenecientes al clasicismo. Es un edificio totalmente simétrico, dotado de un frontón, con una especie de pilastras decoradas con volutas».

Su actual situación de dejadez se ha agravado en las últimas semanas como consecuencia de las tareas de urbanización de las inmediaciones. Los operarios contratados por Visesa, la sociedad promotora pública del Gobierno Vasco encargada de la renovación de Antxo Berri, ha erigido un muro de piedra apoyado en su fachada frontal que cierra por completo los accesos y pone en peligro su conservación, ya que, al parecer, no se han tomado medidas que eviten filtraciones de agua.

Inmueble multiusos

Motivado por el interés arquitectónico que despierta esta nave industrial y la premura de las circunstancias, Kepa Iturralde ha diseñado una especie de anteproyecto encaminado a reconvertir lo que en otra época fue centro de trabajo en un inmueble multiusos.

Sobre plano, la idea planteada por este arquitecto toma forma de equipamiento cultural provisto de un salón de actos, una pequeña biblioteca para niños y adultos, un centro de informática con acceso a internet y talleres para artistas, entre otras muchas dependencias. «Es un edificio muy versátil y polivalente. En sus tres mil metros cuadrados de superficie también se podría habilitar un vivero de empresas, un gimnasio e incluso habíamos contemplado la posibilidad de integrar viviendas para artistas», señala Iturralde.

Su proyecto de rehabilitación sigue la estela de otros inmuebles industriales que han sido salvados de la amenaza de derribo que se cernía sobre ellos. Kepa Iturralde afirma que «puede ser algo similar a lo que el arquitecto Enrique Muga hizo en Jareño, la antigua fábrica de producción de fusibles que hoy en día funciona como casa de cultura en Egia».

El director de la sección de Arquitectura de la UEU añade que recientemente el pabellón de oficinas de Luzuriaga «ha cobrado una cierta importancia», al quedarse «desnudo del resto de tejido empresarial que le rodeaba». De esta forma, «cobra importancia la simetría y parece más imponente». Pero independientemente de los posibles nuevos usos a los que se destine o de su interés arquitectónico, Kepa Iturralde llama la atención sobre su «valor patrimonial». A su juicio, «hay que conservar la memoria histórica del propio modo de vida de la época. En San Sebastián hay una larga lista de edificios así y merece la pena mantenerlos».

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