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LIDE AGUIRRE
Domingo, 8 de febrero 2009, 03:20
DV. En muchas ocasiones, alimentos que sólo presentan pequeños defectos en el envase o que están próximos a su fecha de caducidad, pero en perfectas condiciones para ser consumidos, acaban en el vertedero. Esta realidad, que seguro muchos guipuzcoanos han vivido alguna vez en su propio hogar -¿cuánta comida se tira siendo aún consumible siguiendo la batuta del «por si acaso»?- adquiere grandes dimensiones si se observa desde una perspectiva del comercio territorial. Y representa un despilfarro, un serio problema ambiental y una falta de sensibilidad social hacia las personas y colectivos más desprotegidos.
Por estos motivos el departamento de Desarrollo Sostenible ha incluido en su Programa de Prevención un proyecto para hacer posible que estos alimentos lleguen a quienes los necesitan y, además, se reduzcan los vertidos de alimentos (que preocupan, y mucho, dada su descomposición).
Mercado de último minuto
Los establecimientos de alimentación y hostelería desechan habitualmente cantidades importantes de alimentos que, por diferentes razones, no pueden ser vendidos. Por tener errores en el etiquetado, embalajes dañados, no haberse consumido en el tiempo que han estado expuestos (bocadillos y pinchos, bollería...), estar próxima su fecha de caducidad, etc. El departamento de Desarrollo Sostenible, junto con Mondragon Unibertsitatea, inició a finales de 2007 un estudio de viabilidad de implantación de un modelo que actualmente funciona en la región de Bolonia (Italia) para la recogida y distribución de este tipo de alimentos, y que se conoce como Mercado del Último Minuto (Last Minute Market, LMM).
Así, desde el próximo dos de marzo se iniciará una experiencia piloto de recogida, transporte, entrega y distribución de alimentos, que tendrá una duración de cuatro meses y en la que van a participar como donantes los hipermercados Eroski de Garbera y Urbil, así como los establecimientos de este último centro comercial, siendo los destinatarios agrupaciones de carácter social de Gipuzkoa. La idea es que en el futuro próximo, otros establecimientos se adhieran a esta iniciativa.
Durante los cuatro meses que durará la experiencia piloto, una empresa contratada al efecto recogerá los alimentos en los centros donantes y los transportará hasta los centros receptores, que serán organizaciones de carácter eminentemente social como Agipad, Cáritas, Cruz Roja, etc, quienes a su vez los distribuirán entre los destinatarios finales de estos alimentos, receptores en situación o riesgo de exclusión social. A lo largo de todo el proceso se conservarán los alimentos adecuadamente, bien en frío o en seco, para lo que la empresa recogedora dispondrá de cámaras frigoríficas.
Evitar residuos
El titular del departamento foral, Carlos Ormazabal, ha señalado que de su desarrollo se extraerán básicamente, además de las conclusiones relacionadas con las fortalezas y debilidades del modelo a implantar, información sobre cantidades y tipología de alimentos donados, variabilidad de los mismos en el tiempo, relación coste-beneficio, incluyendo además de la variable puramente económica la social y la ambiental.
Con esta iniciativa se pretende conseguir que una gran cantidad de alimentos llegue a las personas y que no se conviertan en residuos urbanos. Además se logrará disminuir la fracción biodegradable de los residuos que pueden ser una fuente de molestias (olores, insectos, etc.) e impactos en el medio ambiente (lixiviados, gases de efecto invernadero...) y en la salud pública (roedores, aves, bioaerosoles, etc.).
De momento, se calcula que en los locales comerciales citados se recogerán mensualmente 2.650 kilos de fruta; 7.000 de verdura; 7.000 unidades de pan; 3.200 yogures; 560 unidades de embutidos y 260 unidades de precocinados. Toda esta comida no estará en mal estado, pero los centros retiran los yogures de las estanterías una semana antes de que caduquen; los embutidos diez días antes, mientras que la retirada de verdura y fruta depende de los jefes de sección.
Desde el departamento foral recuerdan que para una efectiva gestión de los residuos es importante la «prevención» en los hogares, comercios e industrias, que deben intentar reducirlos planificando la compra de los alimentos, conservándolos en condiciones adecuadas, etc. Y en segundo lugar la «reutilización», destinando al consumo humano o animal los alimentos que no han sido comercializados pero que son consumibles.
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