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ALBERTO ECHALUCE
Martes, 14 de abril 2009, 04:33
La exposición antológica del pintor eibarrés Jacinto Olave (1877-1957) finaliza este domi ngo, en las salas Kutxa, de Donostia, y ha tenido una importante afluencia de público. El comisario de esta exposición, autor del catálogo e historiador del arte, Mikel Lertxundi Galiana califica de «sorprendente» la acogida de esta exposición que ha tratado de rescatar la figura del pintor eibarrés.
- ¿Cómo está transcurriendo la exposición de Jacinto Olave?.
- La verdad es que la acogida del público ha sido muy buena. Sorprendente, incluso. No dispongo de los últimos datos de asistencia, pero en las dos primeras semanas habían pasado casi 11.000 personas por las Salas Kutxa Boulevard.
- ¿Cuáles son los objetivos que se marcaron en la puesta en marcha de esta exposición antológica?.
- El principal objetivo era rescatar la figura de Jacinto Olave del olvido en el que estaba sumida. Para ello era primordial mostrar al público una selección de su obra y publicar un catálogo que contuviera una biografía y un estudio de su producción, ya que hasta la fecha no existía ningún libro sobre el artista.
- ¿Qué impresiones está causando a los expertos de pintura esta exposición? ¿Qué es lo que dicen?.
- Todavía no he podido intercambiar pareceres con muchos compañeros, pero con los que he hablado destacan la facilidad de su técnica, su maestría como dibujante y sus excepcionales cualidades para el retrato, dada la fidelidad con la que reproduce la fisonomía y el gesto del modelo. Entre lo que más les ha gustado de su obra están los autorretratos y alguna de las composiciones, como Arrantzale o El cafetín.
- ¿Cómo definiría su obra?.
- Es una obra de raigambre académica, producto de su formación en Madrid, en la que se abren camino experiencias estéticas modernas. De todas formas, en la mayoría de los casos, éstas se limitan a los fondos de sus cuadros, en los que desarrolla formas y colores llenos de lirismo.
- ¿Cuáles han sido los motivos por los cuales Jacinto Olave no haya sido tan reconocido?.
- El principal fue el alejamiento del propio pintor de los círculos artísticos. Estaba al tanto de lo que se hacía, ya que visitaba exposiciones de otros creadores, pero durante gran parte de su vida se negó a exponer su obra. Cada cierto tiempo, alguno de sus admiradores le reclamaba que se diera a conocer, pero él siempre prefirió realizar una labor callada en su estudio.
- ¿En el incendio de su casa en Txirio Kale se destruyó mucha de su obra?.
- Sí, prácticamente toda la que conservaba de sus primeros cincuenta años de práctica profesional. Las obras realizadas en su infancia en Argentina, los dibujos y cuadros de su paso por la Escuela Especial de Pintura de Madrid, las obras costumbristas pintadas a partir de 1917 (tras un periodo de dieciséis años de abandono de la pintura)... además de obras que otros artistas amigos le habían regalado, como Aurelio Arteta, Elías Salaverría y los hermanos Zubiaurre, por ejemplo. Toda una vida, vaya..
- ¿Conoce las intenciones de editarse un catálogo de su obra? ¿Cómo sería este trabajo? ¿Está trabajando en él?
- Esta exposición podría entenderse como una primera estación en el rescate de su figura. Durante la investigación que he desarrollado de cara a la muestra y al catálogo he visto que la biografía y el estudio de la obra de Olave pueden dar más de sí. En un principio, la intención sería continuar la investigación para poder editar un libro al que se sumaría un catálogo razonado de su obra, que hasta ahora cuenta con unas 270 entradas, entre óleos y dibujos.
- ¿Qué le ha llevado a estudiar la obra de Olave?
- La amistad que me une a su nieto, José Ignacio Olave. Es una persona de una gran sensibilidad artística, que además sentía una deuda con la figura de su abuelo. Durante años fue quien se preocupó de localizar sus cuadros y dibujos, y desde hace unos seis años me tentaba cíclicamente con la posibilidad de sumarme a su labor.
- ¿Es el primer estudio de estas características que completa?
-No. Mi especialidad son los artistas vascos del siglo XIX y las primeras décadas del XX, y siempre tengo abiertas varias investigaciones a la vez. Entre los que he trabajado más exhaustivamente están Antonio María Lecuona, Marcial Aguirre, Isidoro Guinea y Eduardo Zamacois, y entre los rescates que tengo entre manos, el más importante es el de Anselmo Guinea, el objeto de mi tesis doctoral.
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