Borrar
Dos mujeres rezan en la popular plaza del Zócalo de la capital mexicana, que ha mantenido sus iglesias cerradas. /AP
México: vida tras la mascarilla
SALUD

México: vida tras la mascarilla

Los habitantes de la capital mexicana asisten angustiados a la paralización de la vida pública

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO

Lunes, 27 de abril 2009, 03:44

La capital mexicana amaneció ayer semidesierta, con rostros ocultos tras mascarillas azules y malas noticias. El brote de fiebre porcina que mantiene escondida y angustiada a esta poblada urbe y a otros tres estados se cobró más víctimas fatales. El ministerio de Salud confirmó que en el país se contabilizaron 81 muertes sospechosas y 1.324 pacientes están en observación como posibles portadores del virus.

La última víctima fatal, hasta ahora, fue Jorge Francisco Guzmán, de 24 años y padre de una niña. Su familia no entendía cómo el dolor de estómago y la fiebre que sintió una semana atrás, acabó con su vida con tanta rapidez. Esperaban un milagro que no llegó. El Distrito Federal y los estados de México -juntos suman más de 24 millones de personas- y San Luis Potosí se encuentran bajo el «estado de contingencia sanitaria», que el ministro de Salud, José Ángel Córdova calificó de inédito. En otros 15 estados se han presentado posibles casos.

Las clases están suspendidas hasta el próximo 6 de mayo. Durante el fin de semana no supuso un gran contratiempo, pero a partir de hoy la cosa se complicará porque los padres deben acudir al trabajo y sus hijos, desde la guardería hasta la universidad, quedarse en casa.

Las autoridades sanitarias apelaron a la comprensión de los empresarios a la hora de exigir a sus trabajadores. Ayer, los empleados de los grandes centros comerciales llevaban mascarillas aunque las ventas fueron escasas. Sólo unos pocos clientes se atrevieron a desafiar el peligro y acudieron a comer, ir al cine y pasear -el pasatiempo preferido de las familias mexicanas para los domingos- en esos establecimientos de lujo, que son un refugio ante los secuestros. Más que fin de semana parecía un lunes a primerísima hora.

El gobierno capitalino pidió a la población evitar aglomeraciones durante diez días. Quienes hicieron su agosto fueron los vendedores callejeros que vieron una mina en la venta de las mascarillas azules, que se agotaron en las farmacias. En una sola de ellas se vendieron 6.000 en un par de horas.

Las autoridades están repartiendo gratis lo que los vendedores cobraban 50 pesos mexicanos (3 euros). Las estaciones del metro y de autobús funcionan sin aire acondicionado para evitar la propagación del virus. La Policía no tienen miramientos a la hora de sacar del vehículo a cualquiera que estornude más de la cuenta.

Avalanchas hospitalarias

En las últimas horas los decesos de la capital subieron a 15 mientras decenas de personas permanecían internadas. Algunos hospitales fueron protegidos por la Policía para prevenir las avalanchas de gente que llegaba angustiada por el temor de haber contraído la enfermedad. Autoridades municipales han advertido que, en dependencia del curso de la pandemia, podrían aplicar un 'plan B' que consistiría en suspender todas las actividades de la ciudad si continúa la propagación de la peste porcina. De momento, se cancelaron también las actividades del Tribunal Superior de Justicia y de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje.

El Gobierno de Felipe Calderón sigue pidiendo calma a la ciudadanía. Asegura que especialistas de Estados Unidos y de la Organización Mundial de la Salud colaboran con las autoridades mexicanas, y que hay vacunas para todos los afectados.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

diariovasco México: vida tras la mascarilla