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Miércoles, 10 de junio 2009, 20:14
DV. El austríaco Bernhard Köhl, positivo por CERA durante el pasado Tour de Francia, en el que acabó tercero y fue rey de la montaña, narró al diario sus prácticas dopantes durante toda su carrera y aseguró que «no se pueden ganar grandes pruebas sin doparse. Todo el pelotón consume productos prohibidos», afirmó el ex ciclista, que no pidió un contraanálisis de su positivo y anunció que dejará el ciclismo de forma definitiva.
«Estoy convencido de que los diez primeros del pasado Tour podrían haber sido positivos» por CERA, dijo el ciclista, quien señaló que en el pelotón existía la convicción de que esta EPO de última generación no podía ser detectada. Köhl afirmó que cuando apareció el positivo de Riccardo Riccò, el primero por esta sustancia, pensó que el italiano se había equivocado en la dosis o en el día de toma del producto, por lo que no le dio más importancia.
«Pero cuando la Agencia Francesa de Lucha contra el Dopaje (AFLD) dijo que procedería a nuevos análisis tras el Tour, entonces acusé el golpe. Me dije que estaba muerto, pero que todos estaban muertos. ¿Qué iban a hacer las autoridades francesas? ¿Suprimir la clasificación completa del Tour? Pensé que no se atreverían», afirmó.
El austríaco desconfió de la eficacia del pasaporte biológico puesto en marcha por la UCI para luchar contra el dopaje. «Los corredores de alto nivel son tan profesionales en su dopaje que saben lo que hay que hacer para que sus valores sanguíneos estén estables y escapen a la sospecha», aseguró.
Planificación meticulosa
Köhl contó cómo la preparación del Tour comienza al final de la edición del año anterior. En agosto de 2007, con ayuda de su representante, Stefan Matschiner, se extrajo sangre que, tras el esfuerzo, tenía un elevado nivel de glóbulos rojos. Con una segunda extracción en noviembre de 2007, juntó dos litros de sangre. «Corrí el Tour de 2007 sin un protocolo de dopaje de alta gama. Decidí que fuera en 2008 cuando hiciera el máximo, con una verdadera planificación».
La única práctica antidopante importante a la que recurrió durante el Tour fue la autotransfusión de su sangre, aunque con anterioridad había consumido EPO, incluida la CERA por la que dio positivo, hormona del crecimiento e insulina. Durante la carrera se inyectó tres bolsas de medio litro de sangre, una tras la sexta etapa, otra antes de los Pirineos y una antes de los Alpes. Aunque tenía una cuarta bolsa, no la utilizó.
«Con una bolsa de medio litro los parámetros sanguíneos no sufren variaciones sospechosas. Mi representante me daba también productos para diluir el hematocrito», narró para ilustrar por qué no fue sospechoso durante la carrera. «Además, hacíamos las transfusiones 48 horas antes de las etapas importantes», añadió para asegurar cómo burlaban los controles de la UCI.
Köhl aseguró que su representante era quien organizaba el dopaje, quien se encargaba de viajar a Austria para recoger las bolsas de sangre y quien se las inyectaba en la habitación de su hotel. «Se ocupaba de todo y teníamos un contrato moral: le pagaba el 10% de lo que ganaba», afirmó.
El austríaco dijo que le hubiera gustado contar su experiencia a la UCI para evitar «que se siga engañando al público. Mientras el consumo de sustancias dopantes no sea penado judicialmente, que los ciclistas no vayan a la cárcel, las cosas no cambiarán». EFE
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