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MIGUEL VILLAMERIEL
Viernes, 26 de junio 2009, 10:43
Después de que la República Islámica la obligara a exiliarse de Irán hace 25 años, Nazanín Amirian vive los acontecimientos que llegan de su país «entre la ilusión y la preocupación». Nunca antes ha visto tan cerca el final de un régimen que considera en sus estertores.
- Irán parece estar viviendo el final de un ciclo. ¿Cómo lo ve desde la distancia del exilio?
- Parece un sueño cumplido. Llevo 25 años esperando estos momentos. Ahora mismo siento ilusión mezclada con preocupación. Ilusión porque es el fin de una época muy dura de la historia de Irán, de 30 años de dictadura de la República Islámica. Preocupación porque Irán está situado en una posición estratégica muy importante, atrapado entre varias guerras: es vecino de Irak, Pakistán, Afganistán... Es el segundo exportador de petróleo del mundo y la segunda reserva de gas, lo que hace que la crisis iraní no sea sólo una crisis interna. Temo que las potencias extranjeras traten de dirigir este movimiento espontáneo del pueblo en su beneficio.
- Una reacción espontánea que se ha gestado durante décadas.
- Esta explosión se inicia desde el mismo comienzo de la República Islámica. Nada más pisar Irán tras la revolución, Jomeini ya dice que todas las promesas que había pronunciado en su exilio de París eran mentira, que lo dijo por el bien del Islam. Derogó todas las constituciones que hacían de Irán un país moderno y a cambio empezó a aplicar la y preceptos del Corán en una sociedad que no es árabe ni tribal ni islamista tal como ellos querían. En vez de adaptar las normas islámicas a la sociedad, Jomeini decidió adaptar la sociedad a las normas islámicas. Una decisión que ya encontró contestación desde los inicios, pero para evitarla se pusieron en marcha unos tribunales islámicos que se dedicaron a difundir el miedo con miles de ejecuciones. Una represión brutal sin precedentes en la historia de Irán.
- ¿Por qué ha estallado ahora?
- En Irán no hay elecciones libres, los partidos políticos están prohibidos, por lo que sabemos que el fraude electoral existe. Lo único que la población decide cada cuatro años es entre cuatro candidatos de las diferentes facciones del régimen. Todos ellos varones y leales a la República Islámica. Lo que ha ocurrido es que la facción de Musaví decidió plantar cara a Ahmadineyad por el bien de la República, por los discursos incendiarios de Ahmadineyad y su programa nuclear, que está invitando a Israel a atacar Irán. Al ver que la existencia de la República está en peligro, una facción apoyada por grandes clérigos decide presentarse a las elecciones para desbancar a Ahmadineyad y Jamenéi, el líder espiritual. En el debate preelectoral televisado, Musaví sacó las pruebas de la corrupción de Ahmadineyad y a éste se le cayó la careta. La gente se rebeló y acudió en masa a las urnas.
- Estaban seguros de ganar.
- Cuando se produce una participación del 85%, está claro que el pueblo quiere un cambio. Pero dos horas después del cierre de los colegios, Ahmadineyad se declaró vencedor, dejando claro que hubo pucherazo. Ellos mismos han reconocido el fraude, pero aún así no han querido repetir las elecciones. El régimen no ha sido flexible ni inteligente para dar marcha atrás y además Jamenéi cometió el mayor error al mandar disparar a los manifestantes. La República Islámica se esté desmoronando desde el propio poder.
- ¿Estas protestas se mantendrán en el tiempo y conseguirán que el pueblo iraní sea más libre?
- Seguro. Revueltas ha habido muchas en las últimas décadas, pero ninguna con tanta fuerza. Ésta es una revolución. Y la gran inflexibilidad y mentira del régimen, que ha llegado a disparar contra su propio pueblo, va a hacer imposible que puedan detener la caída de la República Islámica. Es imparable.
- ¿Y qué vendrá después?
- Por ahora, los líderes del movimiento están intentando destituir de forma legal a Jamenéi y anunciar un Consejo de Estado que le sustituya y gestione la crisis. Declararía nulas las elecciones, apartaría a Ahmadineyad del poder y gestionaría la República Islámica para que pueda durar un tiempo más. Personalmente espero que esta vía se lleve a cabo para evitar un baño de sangre. La segunda fórmula sería que el sector de Ahmadineyad, que tiene las armas, no renuncie a dejar el poder de forma voluntaria, con lo que habría un enfrentamiento civil. En cualquier caso, esperemos que al final Irán termine siendo una República a secas, sin teocracia.
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