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ANDER IZAGIRRE
Domingo, 16 de agosto 2009, 05:20
Sabe usted si en España siguen utilizando penes de toro para fabricar fustas?
Confesé mi ignorancia en tan apasionante cuestión y Sigurdur Hjartarson, autor de la pregunta, director del Museo Falológico de Islandia, me enseñó el pene. El del toro. El que se usa como fusta. El que le regalaron hace 35 años y con el que empezó su sobresaliente colección.
Entonces, en 1974, Sigurdur daba clases de Historia en un instituto de bachillerato islandés. Los padres de un alumno le regalaron la fusta y él comenzó a interesarse por los penes ajenos. Recopiló ejemplares de diversas especies y en 1997 abrió un museo en Reikiavik, la capital de Islandia. En 2004 se jubiló y se trasladó a Húsavík, una pequeña ciudad ballenera de la costa norte, donde inauguró la nueva sede del museo, que recibe a unos 6.000 visitantes anuales. «Gente inteligente, de buen humor y en su mayoría mujeres», dice.
En la entrada del museo pueden contemplarse objetos de madera con forma de pene tallados por las hábiles manos de Sigurdur: el teléfono, la caja registradora, huchas, saleros, martillos, ceniceros. También se exponen objetos faloformes recopilados por medio mundo, como palos de golf con cabeza de pene o un botijo de Ciudad Real con la forma de un guardia civil presentando armas. La hija de Sigurdur, artista de la pintura, la cerámica y el vidrio, también ha elaborado una amplia gama de recuerdos para el visitante, como las lámparas hechas con escroto de toro, ideales para dar un toque de distinción a cualquier hogar.
La Faloteca cuenta con un director y muchos miembros. Más de 200: falos de ballenas, osos polares, focas, morsas, toros, ratones, incluso uno de elefante, el único que Sigurdur tuvo que comprar. Los demás son piezas obtenidas y donadas por cazadores, campesinos y biólogos islandeses. El del elefante, por su palmaria contundencia, es uno de los más admirados y fotografiados. También suscita muchos comentarios el del cachalote, el más largo de todos con 1,70 metros. Y en el otro extremo del espectro falológico se encuentra el pene de un hámster, que mide un par de milímetros y debe contemplarse con lupa.
En un punto intermedio, más cerca del hámster que del cachalote, quedan los penes humanos. Por ahora el museo no exhibe muestras reales pero sí réplicas plásticas de cuatro falos, cuyos dueños se han comprometido a donarlos cuando mueran. El donante que parece con más posibilidades de estrenar el apartado humano es Páll Arason, un islandés de 94 años. Arason, orgulloso de sus hazañas sexuales, pensó que exhibir su pene en el museo le aseguraría una fama eterna. Pero ahora tiene dudas, según el director del centro, porque el miembro se le va encogiendo con la edad y teme que el resultado final no rinda justicia a las propiedades que durante años le dieron cierto prestigio en Islandia. De hecho, la extirpación del pene es una de las preocupaciones del director Sigurdur: debe cortarse rápidamente, en cuanto muera el propietario, y debe bombearse sangre para mantenerlo erecto, un detalle en el que los donantes han insistido mucho.
Los otros donantes son un británico, un alemán y un jovial estadounidense que responde al nombre de Stan Underwood, de 63 años, quien provisionalmente regaló al museo una réplica de su pene. Junto al miembro de plástico, una fotografía enmarcada muestra al señor Underwood desnudo, sentado en una banqueta, risueño, luciendo un pene cacahuetesco y arrugadillo, quizá encogido por la solemnidad del momento.
El pene, bautizado por su propietario como , fue donado al museo en noviembre de 2002. Según el acta de donación, alcanza los 19 centímetros de largo, 5 de ancho y 16 de perímetro en estado de alerta, y a principios de los años 80 ganó fama y difusión internacional: el señor Underwood posó desnudo reiteradas veces como modelo fotográfico, incluso dejó que fabricaran un molde de su miembro. Cientos de miles de copias de látex se vendieron por todo el mundo, para gozo de tantos y tantas. El acta también detalla que fue tatuado ocho veces entre los 25 y los 53 años y tiene dos pequeños piercings en la parte inferior del glande. El señor Underwood se fracturó la fascia en dos ocasiones distintas (el tejido interior que une las dos cámaras de erección) a causa de ciertas torsiones bruscas. Otro de los rasgos destacables, muy celebrado por las tres esposas que ha tenido el donante, es el gran tamaño de su escroto. La descripción termina con esta nota: «Se cree que palpar uno de los testículos del señor Underwood da buena suerte». Catherine Blumenstine, actual esposa de Underwood, se compromete a extirpar el pene cuando su propietario muera y a enviarlo al Museo Falológico Islandés.
El director Sigurdur, ansioso por completar el muestrario, espera con ilusión el día en que el cartero llame a su puerta y le entregue un pene humano erecto y disecado.
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