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La literatura de éxito se vuelve a llevar larga
LITERATURA

La literatura de éxito se vuelve a llevar larga

Los libros de ficción más vendidos en los últimos años son de dimensiones enormes, con independencia de su género

CÉSAR COCA

Jueves, 12 de noviembre 2009, 03:22

DV. ¿Qué tienen en común los libros más vendidos en España en los últimos años? Ni el tema ni el género ni la fama de sus autores. La respuesta es su dimensión: los son hoy más que nunca libros enormes, de muchos centenares de páginas y un peso notable. Libros que, pese a su incomodidad, los aficionados a la lectura llevan en el bolso o la cartera, para poder aprovechar el tiempo de un trayecto en metro o autobús. Veamos los ejemplos más notables de los últimos meses: de Ken Follet, tiene casi 1.200 páginas; , de Carlos Ruiz Zafón, 600; , de Stieg Larsson, otras 600; , de Ildefonso Falcones, 960; su anterior novela, , se queda algo por debajo de las 700 páginas...

Todos esos libros tienen en su interior muchísimas horas de lectura en un momento en que la escasez de tiempo lo marca todo: los telediarios son más breves, los periódicos se publican con textos más cortos y en triunfan los vídeos con imágenes escogidas de programas de televisión, que evitan a los interesados vérselos completos. Sólo el libro de éxito se alarga, gana páginas y requiere de más y más horas para poder terminarlo. Son los a peso.

Hace unos veinte años, uno de los grandes de la literatura española, Miguel Delibes, vaticinaba en un artículo periodístico que las novelas serían cada vez más cortas. Hoy, continuaba Delibes, los ciudadanos occidentales disponen de una variedad casi infinita de formas de emplear el tiempo de ocio. El libro, por ello, deberá ganarse un hueco en esa enorme oferta y los autores no pueden ignorar que los lectores también dedicarán unas horas al cine, la televisión, la música en directo o grabada, los cada vez más fáciles y baratos viajes por tierras lejanas o cercanas, la relación social en cafés y en la calle... Cuando el autor de escribió su texto, internet no existía y habría parecido cosa de ciencia ficción, así que pocos, muy pocos, se atrevieron a llevarle la contraria y defender que los volverían a tener algún día dimensiones propias de Tolstói o Stendhal. Desde luego, ningún experto lo hizo, por la sencilla razón de que todos estaban de acuerdo en el análisis.

Cuando el éxito era breve

Además, ¿qué libros triunfaban entonces? Los mayores éxitos de ventas del año 1987 fueron (340 páginas), (250) y (300). Y en 1988, (250), (200), (otras 200 páginas). Sólo , con 600, se aproximaba al estándar del actual. Pero incluso los libros de Tom Wolfe han ido creciendo en páginas. Y otro dato: el formato de las novelas es hoy bastante más grande que hace veinte años, así que 600 páginas de una novela actual tienen más texto que las mismas de entonces por su aumento de tamaño.

¿Un libro ha de ser muy voluminoso para aspirar hoy a ser un ? No, aseguran los especialistas. Sin embargo, la clasificación de está copada por libros muy grandes. Luego tiene que haber una explicación. O varias, porque en el sector insisten en que no hay una gran razón sino varias pequeñas razones que terminan por justificar el fenómeno.

Vayamos por partes. La tradición dice que la novela histórica tiende a ser larga. Como quiera que entre los libros más vendidos abunda ese género, tendríamos ya una primera explicación al fenómeno. Sucede además, como apunta Blanca Rosa Roca, de Roca Editorial, que el aumento de la longitud parece contagioso y se ha transmitido a géneros hasta ahora poco dados «a las grandes dimensiones, como la novela policíaca. Stieg Larsson y su trilogía han roto el molde».

La segunda razón puede estar en la misma tipología del lector de . «No es una persona acostumbrada a elegir entre muchos títulos y tampoco tiene el hábito de explorar nuevos terrenos. El libro largo o muy largo le garantiza lectura para un mes o dos y durante ese tiempo no debe pensar en su próximo título», explica Damiá Gallardo, de la librería del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

De todos modos, como dice Nuria Tey, directora editorial de la división comercial de Random House Mondadori, los editores están «en manos del autor». Tey recuerda que Grisham, un escritor de desde hace veinte años, pocas veces supera las 400 páginas. Parece por tanto que el origen del fenómeno está en los autores. Es más, como dice Roca, cuanto más largo es el libro más se encarece la traducción -si es necesaria-, sobre todo si debe hacerse a partir de una lengua poco común.

Cuestión de precio

¿Y la economía? Comparemos precios: , de Stieg Larsson, más de 800 páginas de lectura, cuesta 22,5 euros. , de la colombiana Laura Restrepo, una de las voces más interesantes de la literatura suramericana de hoy, vale 18,5 euros, para un total de 260 páginas. Por supuesto que la literatura no se mide por el precio y es más que probable que en términos de calidad todos los críticos coincidan en que Restrepo es superior. Pero hay un porcentaje no desdeñable de lectores que consideran, sobre todo en este tiempo de crisis, que es mucho más rentable un libro grueso que uno de tamaño medio o pequeño porque la diferencia de precio siempre es escasa. Y no es que los editores decidan hacer negocio con los libros más breves, sino que existen unos costes fijos que se registran con independencia del número de páginas. Como asegura Tey.

Gallardo viene observando desde hace unos meses que la búsqueda de una mayor rentabilidad por parte del comprador es un fenómeno que se acrecienta. «Hasta ahora, cuando un libro salía a la vez en catalán y castellano, se vendía siempre mejor esta segunda versión. Ahora, cuando la edición en catalán es algo más barata, estamos notando que ya no hay tanta distancia en la elección. Los cuatro o cinco euros de diferencia empiezan a ser decisivos».

El libro como objeto de regalo aporta también una explicación. La crisis lo hace aún más atractivo, puesto que pocas cosas pueden encontrarse por ese precio, y desde luego ninguna con su prestancia. Gallardo coincide con Roca en que «parece mucho más adecuado regalar un volumen de 800 páginas bien encuadernado que un librito de 150-200». Cuesta imaginar, al menos a medio plazo, que vuelva la moda de volúmenes de escasas dimensiones para intentar captar la atención del público.

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