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FÉLIX MARAÑA
Miércoles, 25 de noviembre 2009, 04:27
DV. Amparo Gastón, quien fuera la compañera, esposa y cómplice del poeta Gabriel Celaya, y baluarte donde se apoyó el escritor vasco en la crisis intelectual y personal que padeció en 1945, falleció ayer en Madrid. La Diputación Foral de Gipuzkoa, institución que custodia en propiedad el legado y biblioteca de Celaya, emitió ayer un comunicado expresando su sentimiento y destacando el empeño que Amparo Gastón puso por mantener en el tiempo la memoria del poeta, así como procurar sus ediciones definitivas. Su epitafio debería responder a esa idea, pues es reconocido que sin la existencia de esta mujer ni la vida ni la obra de Celaya hubieran sido lo que son. Entre ambos se trabó un nudo de complicidad y empeño que fue siempre más allá de la relación de pareja. En 1991, aventó las cenizas del poeta en Hernani y San Sebastián, rodeada del duelo popular solidario.
Celaya por su parte le dedicó muchos poemas, algunos libros, y puede decirse que los principales versos de Celaya a Donostia son inspiración de quien fuera su musa. Ambos vivieron momentos emocionantes, como cuando recibió el Tambor de Oro (1989). La decisión de Amparo de cenar la noche de San Sebastián con su poeta, obligó al alcalde Albistur a convocar la cena oficial en el Hotel María Cristina, en vez de la sociedad Gaztelubide.
Desde que en 1946 conoció a Celaya, se convirtió en la compañera, musa y colaboradora principal de sus proyectos, aunque éste siempre ponía de relieve el aliciente de haber encontrado, a través de ella, razones para vivir. El propio Celaya lo contó en un testimonio publicado en su libro (1975), proclamando incluso que 1946 fue el año «en que volví a vivir». El 8 de octubre Celaya acudía a la librería Relieve de San Sebastián, en la confluencia de las calles Miracruz-Larroca, a entregar ejemplares de su libro . Ante la cristalera de la librería, se encontraba Amparo, con quien el poeta trabó conversación. Celaya afirma que se quisieron muy pronto, «y esto fue para mí la resurrección».
«Salía -afirma el poeta- con su ayuda y su apoyo, del mundo elucubrante de a la difícil y sabrosa realidad. Y así, sin pensarlo demasiado, decidimos fundar una colección de poesía: Norte. Y montamos una pequeña oficina en un rincón de la Parte Vieja donostiarra: Juan de Bilbao».
Aunque el mentor intelectual de aquella empresa poética fuera Celaya, el motor fue sin duda Amparo Gastón, sellando desde entonces sus vidas, en lo personal y en lo intelectual. Amparo procedía de una familia de militancia comunista, que había padecido las consecuencias de la Guerra Civil, e influyó sin duda en la toma de conciencia de aquella realidad por Celaya, ingeniero gerente de una empresa familiar. En 1956 ambos decidieron trasladarse a Madrid, para abrir el horizonte de la carrera literaria de Gabriel, aunque había razones personales y ambientales que aconsejaban el traslado, si bien su relación con San Sebastián se mantuvo permanentemente. En los veranos, el matrimonio recalaba en la ciudad, procurando hacerse, invariablemente, una fotografía en la barandilla de La Concha. Posterior a la muerte del poeta (1991), ha procurado acudir a su cita veraniega.
La musa de Celaya
Amparo se convirtió así en apoyo, musa, testigo y protagonista del devenir literario de Celaya, como pareja de vínculo inseparable, aunque formalmente no contrajeron matrimonio hasta 1982. Ambos participaron en el homenaje a Machado en Baeza (1966), en las conversaciones poéticas de Formentor (1959), viajaron a Cuba, a Brasil (1968), para el homenaje a Lorca, donde Amparo conoció a Neruda -Celaya lo había tratado ya antes de la guerra-, y en cientos de actos y tertulias, conviviendo con poetas como Otero, Caballero Bonald, Hierro, Ángel González, entre tantos otros, músicos, poetas, periodistas, intelectuales de aquel despertar a la libertad de los años setenta, en los que los versos de Celaya llenaron las calles.
Gastón publicó en colaboración con Celaya tres libros, (1953), (1955) y (1958). Posteriormente, escribieron algún poema, más como recreo que por intención literaria. Amparo se sintió siempre muy colmada con ser parte indisoluble de la obra de Celaya, y celebró con emoción la publicación de sus obras completas, en los primeros años de esta década, promovidas por la Diputación guipuzcoana, aunque se fue pensando que Celaya no estaba en la vida cultural de hoy conforme a sus valores y merecimientos.
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