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Banco de semen de la clínica Quirón. :: MIKEL FRAILE
Un registro central controlará la donación de semen y óvulos
SALUD

Un registro central controlará la donación de semen y óvulos

Se quiere evitar que de un mismo donante nazcan más de seis hijos. Los centros de reproducción asistida de Gipuzkoa creen que es una medida «de sentido común»

ANE URDANGARIN

Sábado, 9 de enero 2010, 03:49

Casi el 25% de las parejas vascas en edad fértil es estéril, lo cual no significa que no puedan ser padres. La concepción de un hijo es, estos casos, un problema que puede llegar a ser resuelto gracias a la reproducción asistida. El retraso de la maternidad (la media de las mujeres que acuden por primera vez a centros de fecundación artificial suele habitualmente superar los 35 años) es una de las causas por la que cada vez son más los bebés engendrados en laboratorio mediante sofisticadas técnicas de reproducción que, en ocasiones, requieren de la implicación de otros actores: los donantes de semen y óvulos.

A pesar de que la ley sobre técnicas de reproducción humana asistida de 1988 ya contemplaba la creación de un registro nacional de donantes, actualmente es casi imposible saber cuántos hijos puede llegar a tener un donante, que puede ir de centro en centro sin que existan registros unificados que contabilicen todas las donaciones y los hijos que ha nacido de las mismas. Según la norma, no pueden ser más de seis. «Hace muchos años se hizo un estudio que estableció que una vez superados los seis hijos nacidos, que no partos, porque pueden ser de gemelos o trillizos, esa persona ya no puede seguir siendo donante», explica Koldo Carbonero, director de la Unidad de Reproducción Asistida de Quirón, que se puso en marcha en 1993 en San Sebastián.

Evitar la consanguinidad y la endogamia es uno de los objetivos de la creación de este registro nacional centralizado que el Ministerio de Sanidad tiene previsto poner en marcha. De esta forma responde a una petición de la comunidad médica, máxime cuando España es uno de los países europeos con mayor número de tratamientos de fertilidad. El registro podría entrar en funcionamiento este mismo año.

Mayor movilidad

Pero, ¿es tan fácil que dos personas nacidas por fecundación artificial compartan los mismos genes? No es fácil, dice José María Gómez, experto en reproducción asistida de Policlínica Gipuzkoa. «Pero si coges a un donante en San Sebastián y tiene 5 ó 6 hijos, pues puede pasar que dentro de unos años dos hermanos que no sepan que lo son lleguen a ser pareja. Y ahora, si se tiene en cuenta que todo el mundo se mueve de un lado a otro y si además sumamos a ese 10% de la población que se dice que no son hijos de sus padres... En este contexto, creo que es de sentido común que haya un registro centralizado».

Un grupo de expertos ha venido trabajando desde el año pasado en un real decreto que incluye la creación del registro nacional informatizado de gametos (semen y óvulos) y preembriones que permitirá identificar a los donantes. Eso sí, sólo personal debidamente autorizado podrá acceder a esa información tan sensible como lo son el nombre y apellidos de los donantes, ya que está previsto que estos datos cuenten con una gran protección informática.

Mientras el registro se ponga en marcha, los centros de reproducción asistida mantienen sus propias medidas de control. En el centro sanitario Virgen del Pilar de San Sebastián, una vez que se ha llegado a las seis concepciones suelen excluir al donante de sus listas, explica la bióloga Maite Esteban. Además de mantener sus propios archivos internos, los centros también tienden a intercambiar información. «Si ves que un donante tiene previsto acudir a otra comunidad, procuras avisar», cuenta Esteban. En este caso es la disposición y buena voluntad de los profesionales sanitarios el que procura suplir las funciones del futuro registro nacional.

El centro hospitalario Quirón de Donostia, por ejemplo, tiene los datos cruzados con su homólogo de Bilbao para que un donante no supere el límite de seis hijos. También intercambian datos con otros bancos de Barcelona con los que trabajan cuando precisan donantes de un genotipo especial, como de raza negra o china y que en Gipuzkoa y en el País Vasco en general son difíciles de encontrar. «La ley dice que en toda España tiene que haber un registro para que un donante no vaya de una comunidad otra», recuerda Carbonero. Pero, de momento, ese registro no existe.

A juicio del experto, es muy difícil que se registren casos de consanguinidad, «pero se pueden dar». Además, recuerda, este tipo de archivos centralizados va más allá y puede servir para comprobar los controles que ha superado el donante, sus características genéticas... «Es algo parecido al registro nacional de donantes de órganos. Está todo centralizado para que se pueda mandar un riñón, por ejemplo, a donde haga falta» con las mayores garantías, explica.

Este nuevo mecanismo también pretende evitar que la donación, un gesto altruista, se convierta en una fuente de ingresos. Carbonero recuerda que la ley de reproducción prohíbe el comercio biológico, «pero sí se suele recompensar la molestia» y en el caso de la donación de óvulos también el tratamiento, ya que las mujeres han de medicarse en un proceso de estimulación ovárica que precisa de fármacos e inyecciones costosas e incluso han de pasar por el quirófano para la extracción. En estos casos, la mayoría de las clínicas recompensan con cerca de 1.000 euros las molestias.

A los hombres, cuya donación es mucho más sencilla, se les suele entregar unos 60 euros, para compensar los trastornos que les pueda ocasiones someterse a analíticas o guardar abstinencia durante varios días. En la clínica Quirón, el perfil de los donantes responde en el 80% de los casos a jóvenes universitarios «con un nivel intelectual determinado a los que explicamos en una conferencia nuestro objetivo y que se mueven por un espíritu altruista, como puede serlo la donación de sangre».

La experiencia de vivir en el entorno más cercano la angustia de parejas que no logran concebir es otro de los acicates que empuja a los guipuzcoanos a la donación y a buscar donantes. «Por ejemplo, en el caso de una mujer en lista de espera de receptoras, si trae a una donante de óvulos que no son para ella, porque la ley lo prohíbe, pero por el favor de traer a una donante le ponemos primera en la lista de espera. Entonces, sí te viene gente implicada, como es el caso de una paciente que puede venir con su hermana. Entonces, además de altruismo, existe una implicación extra ya que le hace un favor a ese familiar».

Relación con otros centros

José María Gómez explica que en Policlínica Gipuzkoa llevan un control interno, tal y como exige la ley. «De hecho el Gobierno Vasco cuando pasa por aquí coge la lista y lo comprueba», dice.

En este centro privado tienen un banco de embriones, pero no de semen, en cuyo caso trabajan con centros de referencia «y de toda garantía» de Sevilla, Bilbao o Barcelona. «Ellos mismos sacan al paciente de la lista una vez que superan el límite».

Gómez señala que, en algunos casos, hay donantes que se mueven por el ánimo de lucro. «Hay un número de chavalas que van a por el dinero, y puede que donen aquí y tú lo controlas perfectamente, pero luego se van a Valencia, a Sevilla...».

Y eso que la técnica, en el caso de ellas, no es nada agradable «porque te tienes que pinchar, te tienes que someter a controles, hay que ingresar y dormir un poco para la extracción... Así como en el hombre se trata de una simple masturbación, en el de la mujer es más complicado. Se supone que es un gesto altruista con unas molestias que se compensan con unos 900 euros. ¿Pero si alguien las cifra en 2.000?», reflexiona.

El nuevo registro es, para el experto de Policlínica, «algo positivo y de sentido común», especialmente en una coyuntura en la que cada vez más personas recurren a este tipo de técnicas de reproducción asistida. «Estaba previsto desde hace más de 20 años. En este país tenemos las mejores leyes, pero otra cosa es si se cumplen».

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