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MIKEL SORO
Miércoles, 29 de agosto 2012, 19:03
«Estamos diez veces peor que el año pasado, pero el que viene será aún mucho más malo», resume resignado Julián Urkiola, apicultor e implacable exterminador de la temible avispa asiática, la invasora vespa velutina, por lo menos tres veces más grande que la abeja común e insaciable comedora de la especie. Urkiola se refiere al crecimiento de colmenas de la depredadora especie asiática y su expansión territorial en Gipuzkoa, que hace temer por la existencia de los panales de las explotaciones apícolas y por la especie que nos permite degustar su miel desde hace siglos.
La semana pasada aparecieron y fueron destruidos tres nidos relativamente pequeños en sendos chalés de Legazpi. El lunes retiraron dos más en un barrio con zonas ajardinadas de San Sebastián y en Usurbil. Urkiola estaba en el pueblo navarro de Arano, en la muga hernaniarra con Gipuzkoa, inspeccionando un nido de la velutina. Él mismo ha retirado 36 colmenas gigantes, en la misma proporción que sus inquilinas de estas avispas exterminadoras a lo largo de este año. «Yo solo. Supongo que otros apicultores habrán hecho algo similar en sus zonas», comenta Urkiola. «Hay apicultores guipuzcoanos que se están planteando cerrar su producción porque la avispa asesina mata cada día a más de cuarenta de sus abejas».
La forma de alimentarse de la velutina asiática la describe Urkiola con sorprendente frialdad porque, la ha visto actuar en su propia explotación. «Esperan en el aire a la entrada de una colmena. Cuando llega una abeja cargada de polen que acaba de libar en una flor, le atacan y se la comen. Sus vitaminas las toman directamente de la abeja, sin necesidad de tomarse el trabajo de libar en las flores».
Hay otro sistema de caza de abejas autóctonas por esta especie invasora, muy parecido. Un joven donostiarra que tiene un caserío cerca de San Sebastián relata a este periódico que tienen en el alero «una colmena pequeña. Últimamente aparecieron unas cuantas avispas asesinas y las abejas no se atrevían a salir. Cuando alguna se decidía a hacerlo, le atacaban y se la comían. Hemos intentado acabar con ellas cazándolas con un salabardo y aplastándolas con el pie, unas 30 al día, pero siguen llegando otras avispas y hacen lo mismo».
Los bomberos las retiran
La Asociación de Apicultores de Gipuzkoa tiene un convenio con la Diputación por el cual los bomberos de las nueve zonas del territorio ocho forales y el municipal de San Sebastián son los encargados de retirar los nidos de las avispas invasoras cuando algún particular avisa al número de Emergencias 112 de la presencia de algún nido. Hay casos en los que se avisa a una empresa especializada, por ejemplo si son enjambres en zonas urbanas.
Sin embargo, Urkiola se queja de que el Gobierno Vasco «no hace nada, desde que hace dos años les pedimos a través del Parlamento, a donde llevamos un vídeo explicativo, que dedicasen un presupuesto de I+D a investigar las feromonas de estas avispas, de forma que se pudiera utilizar su olor corporal para atraerlas a jaulas para exterminarlas. No queremos matar nuestras avispas ni nuestras moscas: sólo a la velutina. Nos contestaron que la crisis no permitía dedicar dinero a esta investigación».
«¿No echan cuentas de lo que se perdería en el medio natural si desapareciesen nuestras abejas? se lamenta Empezando por la miel y terminando por la labor de polinización de todo el territorio». Urkiola insiste en que no es un problema exclusivo del apicultor, sino un problema medioambiental que puede derivar en un desastre ecológico. Por ello, insta a las administraciones, incluso europeas, que tomen cartas en el asunto.
La asociación ha intentado buscar una solución científica en el laboratorio Neiker. «Nos ha dicho su entomólogo que sí, que hallar la feromona puede costar un mes o tres años, pero que el problema sería sintetizarla» y a partir de ahí crear una especie de veneno exclusivamente contra las velutinas. «Lo mejor sería erradicarlas, pero si no se puede, al menos controlar que las avispas asesinas no se sigan expandiendo», señala Urkiola como mal menor.
Fumigación
Tanto ha estudiado esta invasión que da por sabido que los estudios sobre esta especie invasora hablan de una expansión territorial «de unos 60 kilómetros al año. Porque cada reina de un panal necesita su propio espacio y por eso se va expandiendo». Explica que lo hace «volando o bien dejándose transportar en las capotas o en las cargas de los camiones». Cuando paran, las avispas suelen colonizar el espacio más cercano.
En Gipuzkoa, las zonas donde se han localizado más nidos de avispas han sido entre Irun y la muga con Navarra, Ulía, Lasarte-Oria, Usurbil y algunas zonas del interior como Oñati y Legazpi. Aunque algunas voces hablan de que no se expanden en zonas de sequía, «ellas saben encontrar regadíos, ríos, riachuelos, embalses para sobrevivir».
De cara a este final de verano, Urkiola teme que «con la vendimia de la manzana y de la uva para el txakoli, las avispas encuentren alimento extra y engorden más». Y teme que cuando llegue la caída de la hoja en otoño, a un mes de distancia en el calendario, «aparezcan a la vista de todos nuevos nidos».
Hasta hoy, los servicios forales del Medio Rural han estado fumigando los árboles de las zonas donde se han detectado estos nidos, teniendo siempre cuidado de no hacerlo cerca de las carreteras y de las zonas habitadas o urbanas. Cuando se les da por muertas en su interior, se quema. Pero son resistentes. «Ha habido un caso en que hemos fumigado el nido. Fue el día 4. Murieron todas las adultas. Tras 19 días las larvas que había en su interior se han convertido en ninfas y éstas en avispas, logrando sobrevivir. Sorprendente».
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