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JOSU GARCÍA
Martes, 18 de diciembre 2012, 09:30
La noticia de la muerte de Iñaki Lejarreta ha causado conmoción en el mundo del ciclismo en general y de la bicicleta de montaña, en particular. El deportista de Berriz falleció en el asfalto, pero lo suyo siempre fueron las ruedas gordas, el monte. Recurría a la carretera para entrenar el fondo, sobre todo durante el invierno. Y aunque varias veces pensó en dar el salto al pelotón internacional, su verdadera pasión siempre fue la mountain bike.
Con Lejarreta se va uno de los mayores talentos que ha tenido este país en la especialidad. Campeón del mundo junior (2001) y diploma olímpico en Pekín (2008), el de Berriz no dudaba en dejarse ver en carreras populares siempre que podía. Era muy querido y respetado en la escena amateur, en toda España. Siempre atendía con amabilidad y humildad a los aficionados que se acercaban a saludarle en las marchas que corría como entrenamiento. Para foguearse. Se da la circunstancia de que, pese a sus éxitos internacionales, una de las gestas que ha quedado más fresca en la memoria de los amantes del mountain bike es su récord en la Maratón Alpina Galarleiz.
En 2005, el corredor de Berriz ganó con facilidad pasmosa esta prueba popular que finaliza en Zalla y dinamitó los registros existentes hasta la fecha. Lejarreta atravesó los duros montes de la sierra de Ordunte (Zalama, Balguerri, Kolitza y La Garbea) en dos horas exactas. Cuentan las crónicas que el ciclista no puso el pie a tierra en ningún momento durante todo el trayecto, pese a enfrentarse a rampas por encima del 25% y descensos técnicos de dificultad extrema. Por entonces aún no estaba dentro del recorrido el ya mítico prado de Martintxu, pero aún hoy nadie ha podido superar la hazaña de Lejarreta.
El ciclista de Berriz nunca tuvo suerte a lo largo de su carrera. Tras alzarse con el campeonato del mundo junior, se presentó ante el mundo como una promesa de futuro de gran recorrido y empaque. Sin embargo, lo que en principio parecía una mononucleosis y luego resultó ser hipertiroidismo le dejó terriblemente debilitado durante una larga temporada. La dolencia se cebó con el de Berriz, que vio cortada su proyección. Durante muchas campañas formó parte del Team Orbea. La escuadra financiada por la marca vasca contaba entonces con la mayor figura internacional del momento: Julien Absalon, campeón olímpico, del mundo y auténtico dominador del mountain bike en la década pasada.
Lejarreta creció a la sombra de Absalon, aunque lesiones o averías inoportunas siempre evitaron que ampliara su palmarés, que aún así es brillante. Uno de los mejores momentos de su carrera fue la victoria en el campeonato del mundo por relevos (Team Relay) del 2000. Allí formó escuadra con los dos mejores corredores de la historia de España en mountain bike: José Antonio Hermida y Margarita Fullana.
Los que le conocen bien le definen como una persona «discreta, afable, sencilla y muy accesible». Sobrino de Marino Lejarreta, la marcha del purasangre que nunca tuvo suerte dejará un eterno vacío entre los amantes del mountain bike en Euskadi y España.
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