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Jaime Gonzalo repasa en su ensayo las actitudes provocativas e iconografías totalitarias incorporadas por grupos y artistas .
«Los cantos de sirena del rock son una invitación a no pensar y no vivir»

«Los cantos de sirena del rock son una invitación a no pensar y no vivir»

El periodista musical Jaime Gonzalo analiza en un ensayo el influjo del fascismo y el nazismo en estrellas del rock y en los movimientos músicales

ARTURO GARCÍA

Viernes, 2 de septiembre 2016, 16:51

David Bowie, Sid Vicious, Lemmy de Motorhead, Keith Moon, Brian Jones de los Stones, Joy Division, Siouxsie, Eric Clapton, Bryan Ferry, Stiv Bators, Blue Oyster Cult o Jimmy Page de Led Zeppelin vestido de nazi en plena gira, todos tienen algo en común. En algún momento de sus carreras, por el motivo que fuera, casi siempre estético o provocador, jugaron a incorporar elementos o actitudes fascistas y nazis dentro de su propuesta escénica, estética o musical. El periodista musical Jaime Gonzalo ha rastreado en su nuevo ensayo 'Mercancía del Horror', las huellas del impacto del fascismo en la cultura popular, especialmente en el rock y géneros como el punk, la música industrial o el hardcore.

¿Qué le llevó a indagar en esa conexión entre el fascismo y el mundo del pop y el rock?

La curiosidad personal. Fue tirar de un hilo y la verdad es que había mucho que cortar. Tanto, que incluso no ha cabido todo en este libro.

¿La labor de documentación fue complicada? ¿no han intentado borrar las estrellas esos escarceos?

Las hemerotecas son recordatorios fieles de lo bueno o malo que pueda uno hacer o decir. No creo ni que hayan querido borrar eso. Es más, creo que más de uno no tendrá ningún reparo o cargo de conciencia por haber dicho lo que dijo o vestido la ropa que vistió. En cualquier caso, el libro no pretende juzgar a nadie ni toma postura en ese sentido.

¿El nazismo se imponía por fascinación estética y lo del fascismo en actitud era más sutil?

No diría que era más sutil. En el fondo persiguen lo mismo: una sociedad autoritaria regida por una elite. El nazismo evidentemente atrajo más estéticamente, su imaginario es mucho más poderoso y apabullante y sigue, yo creo, ejerciendo una fascinación tremenda. Está ahí y siempre va a estar. El libro no pretendía justificar ni defender ni relativizar esas actitudes sino exponer determinados hechos sin apologías de ningún tipo.

¿Qué cree que los artistas buscaban con esas exhibiciones?

Hay que decir que tuvieron siempre menos repercusión de la que tendrían ahora. Por suerte entonces no existía lo políticamente correcto. Creo que la gente tiene que ser libre para usar las simbologías estéticas que quiera y no hay que hacer un tabú y un estigma de nada.

¿Defiende que es válido hacerlo?

Perfectamente válido. Que alguien me explique cual es el problema de la misma manera que las estatuas franquistas hay que conservarlas y no destruirlas porque forman parte de la Historia. Se ven cosas mucho más asombrosas hoy en cuanto a comportamientos fascistas que pasan por democráticos y tolerantes y son más graves que todo aquello.

¿Dónde está hoy presente el fascismo en la cultura de masas?

El fútbol es un gran ejemplo de esa mentalidad fascista y lo conveniente que es para el poder tener a las masas uniformadas y amaestradas.

¿A los ídolos de la música se les perdona todo?

Parece ser que sí. Somos tan estúpidos que les damos licencia para todo, cosa que cuando eres adolescente es comprensible. Lo peligroso es que gente en la cincuentena siga deslumbrándose con ciertas actitudes del rock de las que uno debería ir apartándose a medida que se hace mayor. Pero nadie ha dicho que el rock esté para impartir sabiduría. En mi opinión está para todo lo contrario.

¿Cuándo cree que el fascismo se apoderó de las actitudes en el rock?

Podemos verlo ya en la relación inicial del rock and roll con la delincuencia, que sigue unos patrones fascistas: la ley del más fuerte. En términos históricos, desde el momento en que el rock es una música de masas, una especie de elixir de la juventud, el hecho de que el público se convierta en un todo uniformizado idolatrador donde impera el pensamiento único es ahí donde tiene su razón de ser. Resulta patético ver casos de gente muy crecidita que sigue comulgando con esos cantos de sirena que emite el rock que en el fondo son solo una invitación a no pensar y a no vivir.

¿Los macrofestivales son una manifestación fascista?

Es un tema interesante ver cómo se ha desviado el consumo de música hacia ese tipo de eventos multitudinarios donde la música empieza a ser lo de menos y se impone el aborregamiento. Los grandes festivales solo persiguen alienar a las masas de una manera cada vez más bárbara. Insisto, pero el fascismo está ahí entre otras cosas porque yo creo que todos llevamos un fascista dentro. Eso de imponernos sin tener que dar demasiadas explicaciones resulta muy tentador. El ser humano es proclive a ello.

'MERCANCÍA DEL HORROR. EL FASCISMO Y EL NAZISMO EN LA CULTURA POP', (2016)

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