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MITXEL EZQUIAGA
SAN SEBASTIÁN
Jueves, 16 de noviembre 2017, 08:11
. Fue una tarde marcada por la complicidad entre la escritora y sus lectores, simbolizada en la ovación con que el público del centro cultural de Tomasene, en Altza, recibió a Rosa Montero. Llegaba cansada, «casi sin dormir, extenuada y emocionada a la vez», tras recibir la víspera la noticia de que ganaba el Premio Nacional de las Letras. Pero cuando comenzó la charla el cansancio se esfumó: la novelista repasó los secretos de su oficio y sus obsesiones como creadora como si fuera un libro abierto, y perdón por el chiste. «Escribo contra la muerte y contra el paso del tiempo, como casi todo el mundo», dijo.
El festival Literaktum comenzó el martes con una charla de Almudena Grandes en Okendo que dejó público en la calle y ayer siguió por la misma senda. La charla de los periodistas Ane Irazabal, Mikel Ayestarán y Karlos Zurutuza abarrotó San Telmo a la misma hora en que Rosa Montero congregaba a varios cientos de personas en Casares-Tomasene. Quienes no pudieron acceder a la sala, ya llena, pudieron seguir la charla a través de pantallas de televisión colocadas en otro espacio del centro cultural.
Había mucha expectación. Donostia Kultura mantiene el guiño de llevar charlas de Literaktum a las casas de cultura de los barrios para poner en valor su red y combatir la imagen de la «centralización» de la cultura. Los participantes, como la propia Rosa Montero (Madrid, 1951), lo agradecen. «Me encanta estar en una de las casas de esta red», dijo la novelista. «Desde Castilla envidiamos estos centros culturales vascos enclavados en los barrios».
Era un día especial. Montero recibió la víspera la noticia de su Premio Nacional de las Letras y ayer vivía su primer acto público. «Estoy conmovida con la noticia y la emoción no pasa», advirtió la autora. «Los escritores somos seres neuróticos que podemos pasar tres años en soledad, en una esquina de tu casa, pariendo mentiras de ficción que no sabes si interesarán a alguien. Los premios, y más cuando llegan de la propia sociedad para la que escribes, son tranquilizadores, porque parecen confirmar que los lectores agradecen tu esfuerzo. Es como la palmadita que te daban tus padres cuando eras niña y habías hecho algo bien», explicó. La charla fue en formato 'conversación' con Pilar Rodríguez, profesora de Comunicación y Humanidades en la Universidad de Deusto y lectora y estudiosa de la obra de Montero. Las dos fueron presentadas a su vez por Lourdes Gutiérrez, directora del centro cultural Casares-Tomasene.
Rosa Montero abrió el corazón de sus obsesiones. «Pienso que mis novelas son mejores que yo porque cuando escribes tratas de dar lo mejor de ti, y a veces además escribes en una especie de insconsciencia, como si soñaras. Luego lees algunas de sus páginas y no acabas de creer que las hayas escrito tu: nacieron quizás en un momento de hipersensibilidad arrebatada. Escribes para poner luz en las sombras de tus propias obsesiones».
La novelista recordó que ha escrito en 38 años de trabajo «quince novelas o 'libros mayores', porque no todos pueden denominarse como novela», y puso sobre la mesa una cita de Isaiah Berlin. «Él decía que los novelistas son erizos o zorros: los erizos siempre dan vueltas a lo mismo y los zorros van saltando en busca de algo nuevo. Yo soy de éstos, de los zorros, hasta el punto de que me encantaría que en mi necrológica dijeran algo así como 'nunca se contentó con lo que sabía'. Cambio de género, de forma, de ubicación espacial o en el tiempo, pero mis obsesiones son las mismas: el paso del tiempo, la muerte... Desde que era niña de 10 años tengo presente la idea de la muerte, pero no para atormentarme, sino para disfrutar más de la vida». Montero recordó la frase de Georges Braque: «El arte es una herida hecha luz».
Fue un repaso a la literatura desde dentro. «Las historias te escogen a ti, no eres tu la que eliges las historias. Pero sí intentas ser en cada novela más profunda, más exacta y más bella en el relato de tus obsesiones de siempre», contó Montero al público, al que reveló también en el coloquio que le había gustado mucho 'Patria', de Fernando Aramburu.
«Yo pensaba que mis novelas eran siempre sobre perdedores pero hace diez años descubrí que en realidad eran de supervivientes. Y hace dos años descubrí, a su vez, que siempre repito la estructura. Empiezo con un o una protagonista en condiciones calamitosas, que se detesta a sí mismo, y luego, tras una prueba casi medieval, termina en mejor estado y perdonándose a sí mismo. Por el camino queda una parafamilia de secundarios monstruosos pero entrañables, poderosos que no me gustan... y una conclusión: que la vida no merece ser vivida si no es con los otros». Y como prueba, al final de la charla Montero atendió a una larga lista de lectores que buscaban su firma... y sobre todo su complicidad.
NOVELA E HISTORIA
Hoy 16 de noviembre Uxue Alberdi, Sala San Jerónimo, 19.30.
UTOPÍAS
Mañana 17 de noviembre Fernando Vicente, Diego Moreno, Iñaki Urdanibia. «Diez días que sacudieron al mundo». Librería Troa Zubieta, 19.00.
TERRITORIO LIBRO
Hoy 16 de noviembre Harkaitz Cano & Maite Gurrutxaga, sala Elkar, 12.00.
18 de noviembre Santiago Alba Rico & Ixiar Rozas, Kaxilda, 12.00.
ACTIVIDADES ESPECIALES
Hoy 16 de noviembre La favorita de Ramón Saizarbitoria: proyección de 'Ma nuit chez Maud', de Eric Rohmer, presentada por el escritor. Tabakalera, 19.00.
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