Secciones
Servicios
Destacamos
ALEXIS ALGABA
Domingo, 27 de diciembre 2015, 17:24
Al arraigo y al sentirse euskaldun y con una calidad de vida envidiable. A algo habrá que apelar a partir de ahora para que los contribuyentes -tanto individuales como empresas- entiendan que la carga impositiva que deben asumir es mayor que en el resto del Estado. Y es que Euskadi, hasta hace poco tierra de oportunidades, buenos salarios y condiciones favorables para la implementación de una actividad empresarial, ha dado un pequeño paso atrás, al menos en cuanto a fiscalidad, para dejar paso a un Estado hambriendo de una actividad empresarial que fomente el empleo y de unos ciudadanos que se atrevan a gastar lo que se ahorran en impuestos. En 2016, Euskadi tendrá unos tipos más altos que el Estado en el IRPF, el Impuesto de Sociedades y en Patrimonio.
Un hat-trick, como se denomina en la jerga futbolística del que vienen adviertiendo los expertos sus posibles consecuencias negativas y a la que se ha sumado esta semana también el Círculo de Empresarios vasco. «Hace mucho que el País Vasco perdió su atractivo fiscal», señalaba en una columna de opinión en este diario hace unos días Iñaki Garmendia, socio de Norgestión. «¿No debiéramos intentar recuperar ese atractivo fiscal?», preguntaba al finalizar su carta. De momento, parece que las intenciones no han tirado por ahí, al menos estos últimos cursos, caracterizados por el pacto de estabilidad entre el PNV y el PSE y su reforma fiscal a la que se sumó el PP, y las incursiones en la instauración de peculiaridades fiscales en Gipuzkoa mientras gobernaba EH Bildu. El resultado a finales de 2015 es una Euskadi que avanza hacia la tan ansiada armonización fiscal -que previsiblemente se alcanzará el próximo año- mientras en España se han puesto en marcha rebajas impositivas en clave electoral que han adelantado por la izquierda -aunque haya sido el PP el que haya realizado las reformas- y han restado atractivo al sistema tributario vasco.
Así, el último gravamen que se colocará en el Estado por debajo del que aplicarán las tres haciendas vascas será el de Sociedades. No es ninguna novedad de última hora, ya que desde 2014 se conocía que a fecha de 1 de enero de 2016 los beneficios empresariales en España se gravarán a un máximo del 25%, reduciéndose en tres puntos el tipo impositivo para las grandes empresas, mientras que en Euskadi continuará en el 28%. De hecho, en dos años el tipo máximo en España habrá pasado del 30% al 25%, sin que el País Vasco haya hecho ademán de reducir su carga. «No lo contemplamos ni lo estamos analizando», apuntaba a DV en una entrevista el diputado de Hacienda y Finanzas de Gipuzkoa, Jabier Larrañaga. «El tejido nuestro no pide que haya políticas específicas para grandes empresas», añadía.
Es cierto que el tipo máximo para las pymes en Euskadi será un punto inferior al del Estado, un 24%, lo que significa que el 90% de las compañías implantadas en la comunidad tributará algo menos sus beneficios que si estuvieran en el Estado -aunque las que utilicen la reserva de capitalización y la de nivelación pagarán un tipo efectivo del 20% en España-. Pero lo que sucede también, por otro lado, es que en el País Vasco existe un tipo mínimo para las empresas, una figura que no existe a nivel estatal. Así mientras las firmas de mayor tamaño tienen un tipo mínimo del 11% y las pymes del 9%, en España no hay una base, de forma que la carga de los beneficios en la que realmente declaren las empresas es ciertamente reducida. Sin ir más lejos, la Agencia Tributaria destacó el mes pasado que las empresas del IBEX solo tributan de media un 7,3% en el Impuesto de Sociedades.
Reinversión de beneficios
Que no se estudie la equiparación del tipo máximo no quiere decir que no se haya trabajado para que las firmas obtengan ciertos beneficios fiscales que les permitan reducir su factura con el fisco. El ejemplo es evidente en el caso de Gipuzkoa, que en sus presupuestos recoge que los gastos fiscales por ajustes, correcciones y deducciones en el Impuesto de Sociedades se elevarán un 28,9% de este año al 2016. La factura del fisco foral se elevará en 28 millones de euros hasta situarse en los 125,9 millones -el departamento que dirige Jabier Larrañaga espera recaudar por este impuesto 259 millones el próximo curso-.
La Diputación incluye un amplio abanicó de incentivos fiscales que cubrirá con parte del presupuesto y con el que pretende fomentar la actividad empresarial, seguir haciendo atractiva la inversión en las propia empresa y la creación de empleo. Así, destinará 1,9 millones a las deducciones por contratación de personal; 7,6 millones a la reducción de ingresos procedentes de la propiedad intelectual o industrial; 7,4 a las deducciones por actividades de I+D; 6,2 por activos nuevos adquiridos y 62 a los incentivos a la inversión y gasto.
En total un fondo de 125,9 millones para reducir facturas con la Hacienda guipuzcoana a la espera de que 2016 pueda ofrecer una vuelta de tuerca a la carga impositiva -ya se sabe que será un año electoral en Euskadi y aunque el PNV ha apuntado que no contempla rebajas fiscales, sobre todo en el IRPF, no es descartable que se presente alguna reforma, sobre todo debido a la presión que pueden ejercer los empresarios-.
Armonización, sobre todo
Durante los últimos meses, a la pregunta de si se contempla una reducción en la base liquidable general del IRPF, el diputado de Hacienda de Gipuzkoa ha contestado que «las necesidades de garantizar el bienestar social a través de los ingresos descartan esa posible reforma». Aunque la maniobra siempre resulta 'golosa' y en un contexto en el que los ingresos por rendimientos de trabajo duplican el crecimiento recaudario esperado por el fisco foral, puede ser hasta aconsejable, de momento parece que el debate entre territorios no apunta a una vuelta de tuerca de un tributo totalmente armonizado, aunque veremos qué planteamientos se discuten en el Consejo Vasco de Finanzas que se celebrará en febrero.
De momento, lo único claro es que cualquier ciudadano vasco aportará a su Hacienda correspondiente una cuantía mayor que si residiera fuera de Euskadi. Por ejemplo, una persona con una base liquidable de 30.000 euros, aportará 7.622,5 al fisco en Álava, Bizkaia o Gipuzkoa. Esa factura en Madrid sería de 6.989,25 euros, o lo que es lo mismo 633 euros menos. En Cataluña, la cuantía se situaría en los 7.428,6 euros, en La Rioja en 7.253,25 y en Cantabria sería de 7.165,5.
Solo a partir de los 80.000 euros de base liquidable La Rioja exprime más a sus ciudadanos que Euskadi, pero es el País Vasco el que tiene el tipo máximo más elevado del Estado, un 49%.
La Diputación prevé también un incremento importante en los gastos fiscales referentes al IRPF, que se incrementarán en un 6,1% en los presupuestos de 2016, ascendiendo hasta los 613 millones de euros, sobre todo por el crecimiento en 44 millones en las exenciones.
El nuevo Patrimonio
Lo que sí esta cada vez más claro es que 2016 será el año para la instauración de un Impuesto de Patrimonio practicamente armonizado en los tres territorios vascos. Teniendo en cuenta que es el único gravamen que todavía es singular, la aproximación que ha realizado Gipuzkoa introduciendo una primera reforma urgente antes de que finalice el año y garantizando su modificación el próximo año, se acerca a una armonización que aúna también la tabla de tipos.
Los vascos que más bienes poseen seguirán teniendo que hacer su declaración de Patrimonio y las haciendas no contemplan igualar la realidad a la del resto del Estado, donde no hay gravamen.
Veremos, tras un año en que las modificaciones de relevancia han brillado por su ausencia, si 2016, como parece, se presenta como un curso en el que se pueden confirmar algunas reformas de calado en el sistema fiscal vasco.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.