Secciones
Servicios
Destacamos
arantxa aldaz
Lunes, 5 de mayo 2014, 18:13
Salvo por los problemas de copyright que le acarrearía, Gipuzkoa podría importar la idea de Dinamarca y lanzar una campaña a favor de la natalidad al grito de «¡Hazlo por Gipuzkoa!». La agencia de publicidad que está detrás del anuncio que ha causado furor en las redes sociales ha logrado que, además de que se hable de su original promoción, se ponga el foco en el problema demográfico. Cada vez nacen menos niños, un fenómeno que se ha acentuado en los últimos cuatro años, coincidiendo con la crisis.
GRÁFICO
En Gipuzkoa, el número de nacimientos se ha desplomado en 2013, el peor año para la natalidad que se recuerda. Hasta septiembre del año pasado, los últimos datos publicados por el Instituto Vasco de Estadística-Eustat, habían llegado al mundo 4.733 bebés en el territorio, lo que supone un 11% menos que en el mismo periodo del año anterior. Nunca hasta ahora se había registrado tal debacle de natalicios, aunque ya desde 2011 la cigüeña empezó a pasar de largo. Los nacimientos acumulan desde entonces descensos consecutivos. Hace tres años fue del 2,1%; luego del 2,4. 2013 lleva todo el camino de cerrarse con un triste récord. En los tres primeros trimestres la caída media se sitúa en un 11,5%. El Hospital Universitario Donostia ha bajado de la barrera histórica de los 4.000 nacimientos al año y se ha quedado en los 3.761 alumbramientos, un 9,2% menos, según se recoge en su memoria anual. El único centro hospitalario del territorio que esquiva esta tendencia es el Hospital del Alto Deba, precursor en la defensa del parto natural, lo que le hace recibir una elevada demanda.
La combinación de factores demográficos, sociales y económicos han creado la tormenta perfecta. El retraso en la maternidad (32,4 años de media en Euskadi), una tendencia común en Europa, se ha unido a un factor diferencial: la baja tasa de fecundidad, el número de hijos por mujer (1,3 hijos de media). Según el estudio de la Fundación La Caixa "El déficit de natalidad en Europa. La singularidad del caso español", publicado recientemente, el descenso de la tasa de fecundidad guarda una estrecha relación con el retraso progresivo de la maternidad.
«Los métodos anticonceptivos han permitido un mayor control en la decisión de si tener hijos o no y cuándo tenerlos. Los espectaculares avances en la educación de las mujeres y su participación creciente en el mercado laboral han promovido el aplazamiento de la maternidad. Cada vez es más frecuente que tanto las mujeres como los hombres deseen situarse profesionalmente antes de asumir el rol de padres. Esta tendencia a retrasar la formación de la familia se observa en todas las sociedades avanzadas y ha sido uno de los factores que más ha contribuido al descenso de la fecundidad», recoge el informe.
Más hijos únicos
No es que no se tengan hijos, es que se tienen pocos. La realidad del hijo único ha pasado de ser excepción a convertirse en norma. Cada vez más niños se quedan sin hermanos cuando, curiosamente, las preferencias de los padres serían tener al menos dos descendientes. «El hecho de no tener hijos se da, en términos comparativos, en un porcentaje reducido. De hecho, la incidencia de infecundidad es más baja que en cualquier otro país. La inmensa mayoría de las mujeres tienen hijos, pero muchas tienen solamente uno».
La situación demográfico no juega a favor. Poco a poco se está reduciendo la población en edad fértil. Hoy les correspondería ser madres a las generaciones nacidas en los años 80 y 90, menos numerosas que las del "baby boom" de los 70. También está teniendo reflejo en la estadística el menor volumen de población inmigrante, que ha sostenido durante años los índices de natalidad.
Pero esos movimientos poblacionales no son la única explicación, sostiene el jefe de servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital del Alto Deba, José Ramón Serrano. Si a esos factores "naturales" se le suma la crisis, el retroceso se acentúa, como se está comprobando. «Con la crisis, sin duda, hay un mayor control de la natalidad», afirma Serrano, que expone la siguiente paradoja: «Por un lado, las parejas se ven limitadas y retraídas a tener descendencia por la situación económica, pero la otra cara de la moneda es que muchas mujeres consideran que es el momento más adecuado ya que tienen tiempo para dedicarlo a la crianza de los hijos». De hecho, los datos que baraja del primer trimestre de 2104 apuntan a una ligera recuperación que espera no sea pasajera.
Más allá de los factores demográficos y sociales, el estudio de La Caixa identifica «obstáculos clave que impiden la satisfacción de las preferencias sobre el número de hijos». La crisis sale a relucir. «Dado que la estabilidad laboral se ha convertido en un requisito previo para la formación de una familia, la elevada tasa de desempleo entre los jóvenes y la precariedad de muchos de los que trabajan son claramente obstáculos de primer orden que inhiben la procreación», aseguran los sociólogos que han elaborado el informe.
La socióloga de la Universidad de Deusto, Teresa Laespada, cree que a la lista de factores enumerados hay que sumarle otro «más silencioso». «La crisis económica, por sí sola, no explica este fenómeno. Hay un cambio de valores. La sociedad ya no valora como antes tener hijos», una lectura asociada a la idea de un mayor individualismo y del cambio de modelo de familia.
Para los expertos, este escenario de baja natalidad preocupa por las consecuencias que puede tener la falta de reemplazo generacional en la sociedad. La decisión de tener o no hijos o de cuántos no es solo una cuestión privada. «El estado del bienestar lo sostienen las personas», reflexiona Laespada. Tener hijos, además de una aspiración vital, es el sustento de un país «desde el punto de vista laboral y social», recuerda. Si, además, en el otro extremo de la pirámide poblacional nos encontramos con una población envejecida cada vez más numerosa, «todavía es más difícil de soportar», advierte.
El ejemplo nórdico
«¿Cómo va a ser la sociedad del futuro?», se pregunta Arantza Lekuona, responsable del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Donostia. «Cada vez hay menos partos y los jóvenes están emigrando por la crisis. Es preocupante», reconoce. ¿Y cuál es la solución? Al no existir una única causa, tampoco hay un remedio mágico, pero facilitar la crianza de los hijos desde los poderes públicos sería el principio para empezar a recorrer el largo camino de la recuperación de la natalidad, defienden los expertos. «No es casualidad que los países nórdicos tengan mejores índices de natalidad. Ellos han entendido muy bien que hay que apoyar a las familias con políticas públicas reales», remarca Laespada.
«Las ayudas sociales y una buena estrategia de conciliación laboral serían fundamentales», coincide el ginecólogo José Ramón Serrano. «Hay que promover la natalidad, alentar a las familias. Socialmente tenemos que valorar lo que está ocurriendo», añade Lekuona. Teresa Laespada echa mano de una frase del filósofo José Antonio Marina: «Para criar a un niño no hace falta solo una familia, sino una tribu», en definitiva, más apoyos.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Favoritos de los suscriptores
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.