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JAVIER ROLDÁN
Domingo, 16 de julio 2006, 02:00
SAN SEBASTIÁN. DV. Ni una sola pista sólida, ni un indicio fiable y ni una prueba consistente. Nada. Treinta años después de que aquel joven dirigente de ETA pm desapareciera en misteriosas circunstancias al otro lado de la frontera, nadie sabe nada de Pertur ni qué pasó con él. La última vez que se le vio fue en San Juan de Luz, acompañado por dos compañeros de la organización, Pakito y Apala. La investigación policial habla de una cita a la que no acudió y de un traslado en coche a Behobia, pero su rastro se esfumó. Como si se lo hubiera tragado la tierra. Las hipótesis sobre el caso siguen abiertas. Treinta años después, las mismas preguntas siguen en el aire.
Especulaciones. «Existen las noticias más contradictorias sobre la desaparición de Eduardo Moreno Bergaretxe, Pertur, miembro destacado de ETA, quien el viernes dijo, al ausentarse de su domicilio de San Juan de Luz, que iba a acudir a una cita en Hendaya o Behobia. Salió a las diez y media de la mañana, sin que hasta el momento se sepa algo sobre el paradero y sin que haya enviado ninguna comunicación de dónde se hallaba o cuándo regresaría». Ésta era la primera información que aparecía en este periódico sobre el caso. La noticia salió a la luz pública cuatro días después de la fecha fatídica: el 23 de julio de 1976. Treinta años más tarde se mantiene el misterio en torno a ese caso, que sigue sin cerrarse porque, sencillamente, sobre la investigación judicial no ha aparecido ni una sola prueba consistente que haya podido provocar la apertura de un sumario que se archivó hace años en un juzgado de Bayona.
Desde un primer momento se dispararon todo tipo de conjeturas en torno a lo que verdaderamente le pudo pasar a Pertur en aquella mañana de julio. A los pocos días de la desaparición, la prensa barajaba varias posibilidades. «Que hubiera sido capturado por miembros de la ultraderecha, que hubiera cruzado la frontera, que se pudiera haber trasladado a Irlanda a una reunión de organizaciones terroristas o que un comando 'familiar' hubiese querido rendir cuentas por lo que pudiera haber hecho».
Las mismas incógnitas que se cernían sobre el caso hace tres décadas se mantienen al día de hoy intactas y sin despejar. ¿Qué le ocurrió a Pertur? ¿Lo secuestraron? ¿Fue asesinado? ¿Dónde está enterrado? ¿Quién lo pudo hacer? ¿Pudo haber un ajuste de cuentas interno dentro de ETA pm? Son preguntas sin respuestas. Sus allegados siguen en silencio buscando la verdad, aunque sin encontrar el hilo de la madeja que les pueda llevar a la realidad de los hechos. La investigación judicial dio carpetazo al caso y la familia Moreno Bergaretxe tramitó hace más de diez años ante la Justicia la declaración legal del fallecimiento del dirigente de ETA pm.
Tensiones. Eduardo Moreno Bergaretxe, que tenía 25 años de edad en el momento de su desaparición, representaba al sector más político y posibilista de ETA pm. Sin embargo, 1976 fue un año trufado de tensiones y situaciones difíciles para él. En aquella primavera fue víctima de una «retención de dos días» por parte de la organización, acusado al parecer de haber vulnerado algunas normas de seguridad interna.
Las discrepancias entre los 'bereziak' y la facción política de la organización fueron de alto voltaje a raíz del secuestro y posterior asesinato de Ángel Berazadi, director gerente de Sigma. Pertur defendía la liberación del industrial y de hecho, según informaciones publicadas, fue quien negoció con la familia del empresario el pago del rescate para su liberación. Al parecer, Moreno Bergaretxe se reunió con la familia de Berazadi horas antes de su asesinato y «llegó a un total entendimiento» con los allegados del empresario. Según esas informaciones, la cantidad del rescate se rebajó de los 200 millones iniciales a los 50 finales. De nada sirvieron esas negociaciones.
El secuestro del empresario guipuzcoano provocó la convocatoria del ejecutivo de ETA pm, a petición de Pertur y de otros dirigentes, al que acudieron seis personas. El sector 'bereziak' argumentaba problemas de seguridad para seguir reteniendo a Berazadi. Se votó el desenlace final de la acción terrorista y el resultado se repitió durante toda la jornada: tres a favor de «ejecutar» y tres eran partidarios de liberarlo. Al final se pudo deshacer el empate cuando uno de los que apoyaban el asesinato del empresario se abstuvo. Sin embargo, Berazadi apareció asesinado con un disparo en la cabeza el 8 de abril de ese mismo año. Se especula que el enlace que debía informar del acuerdo no llegó a tiempo, y el talde que lo custodiaba lo asesinó al verse acorralado por la Guardia Civil que estaba peinando la zona. A partir de este trágico hecho la fractura dentro de la organización comenzaba a fraguarse.
Últimos pasos. Pertur vivía por aquella época en un pequeño apartamento de la urbanización Urdazuri de San Juan de Luz. Sus últimos pasos de aquella mañana del 23 de julio han sido andados y desandados por la Policía gala hasta la saciedad sin que se haya podido hallar una mínima pista. Sus últimos movimientos, según las investigaciones, comienzan a las nueve de la mañana cuando recibe una nota manuscrita de una persona que «conociste hace un mes y que quiere volver a verte» para citarse a las diez de la mañana en el bar Consolation, de San Juan de Luz. El dueño de este establecimiento hostelero afirmó que Pertur nunca entró en el local.
Según informaciones publicadas sobre el caso, minutos más tarde de las diez de la mañana, Trotsky, un miembro de ETA pm, vio a Moreno Bergaretxe en un cruce céntrico de San Juan de Luz, concretamente en la concurrida rue Gambetta, junto a la desaparecida pastelería Dodin. Según se asegura en este relato, Pertur viajaba en un Renault 5 de color azul acompañado de Francisco Mujika Garmendia, Pakito, y de Miguel Ángel Apalategi Aierbe, Apala, quienes en aquella época estaban encuadrados en los comandos 'bereziak' de ETA pm.
Traslado a Behobia. Según las pesquisas policiales aportadas al sumario, Pertur, Pakito y Apala se dirigieron en coche a Behobia por la carretera del interior, pasando por Urrugne. Hacia las 11.45 horas, en la esquina del cruce de Behobia con Hendaya, Moreno Bergaretxe descendió del vehículo, según explicó en su día Mujika Garmendia, que en ese momento se percató de la presencia de una patrulla policial. Después, tanto Pakito como Apala se dirigieron a Hendaya, al bar Poste, donde les vieron varios testigos. Mujika Garmendia llegó a comentar al entorno del desaparecido que cuando llegaron a Behobia fue él quien salio primero del coche para que bajara Pertur y no se dio cuenta de qué dirección tomaba. Pakito y Apala negaron desde el primer momento cualquier relación con la desaparición de su compañero y atribuyeron este hecho a la 'guerra sucia' dirigida por los aparatos del Estado.
Días después de conocerse la noticia, diferentes organizaciones ultraderechistas como la Triple A o el Batallón Vasco Español reivindicaron su secuestro y asesinato, mientras la opinión pública apuntaba insistentemente a la extrema derecha o a elementos parapoliciales como autores de los hechos. Incluso la propia ETA, a través de un comunicado emitido en Francia tres días después de la desaparición, aseguraba que Pertur había sido secuestrado por la organización Antiterrorismo ETA.
Denuncia de la familia. Dos años después de la desaparición de Pertur, su familia convocó a la prensa para implicar a los antiguos compañeros de Moreno Bergaretxe. «Los presuntos responsables son ciertos elementos de la organización a la que pertenecía. Ciertos elementos de los 'bereziak' que mantenían diferencias políticas y que habían llegado a crear un clima de gran tensión en la organización». Las palabras de la familia provocaron un giro copernicano en el caso.
Su última carta. La familia de Moreno Bergaretxe presentó en esa comparecencia una carta escrita por el propio Pertur doce días antes de su desaparición y en la que confesaba: «Estos bestias han creado un clima tal en ETA que la organización en Euskadi norte ha dejado de ser un colectivo de revolucionarios y se ha transformado en un estado policial, donde cada uno sospecha del vecino y éste del otro. No logro zafarme de esa dinámica infernal de las conspiraciones, del infundio, de la mentira, de esa dinámica que tiende a eliminar rivales políticos a través de sucias maniobras en nombre de la disciplina, de la seguridad, valores que nunca pueden anteponerse al debate y a los criterios políticos».
Una pista falsa. Una persona que estuvo vinculada a ETA en los años 70 y que conocía personalmente a Pertur fue quien facilitó en septiembre de 1997 una pista que, al final, resultó ser falsa. La información fue facilitada a la familia Moreno Bergaretxe a través de una segunda persona. Según esa confidencia, los restos mortales de Pertur se encontraban enterrados en un panteón del cementerio de la localidad fronteriza de Biriatou. El abogado Juan María Bandrés, a instancias de la familia, solicitó a la Fiscalía de Bayona la exhumación de los restos enterrados que había en el interior de la vieja tumba propiedad de la familia Ostiz. Días después, el 19 de septiembre, la Policía francesa procedió a la apertura del panteón y no halló los restos de Pertur. Los agentes sólo encontraron tres viejos ataúdes en este cementerio y el último de ellos se había enterrado en 1968.
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