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MARÍA JOSÉ CANO
Jueves, 26 de octubre 2006, 11:11
Sin duda, el músico más importante de una orquesta es el concertino. Es un violinista con un status especial. No sale al escenario hasta que toda la agrupación está sentada, se encarga de afinarla y además debe servir de intermediario entre la batuta y sus compañeros de atril. Desde marzo de este año, la donostiarra Ane Matxain ostenta este cargo en una de las orquestas más emblemáticas de España, la Nacional.
- ¿Esperaba llegar a ser concertino de una orquesta cuando decidió dedicarse al violín?
- No. Cuando empecé a tocar el violín era bastante pequeña y no pensaba en gran cosa. Luego, con el paso de los años, tampoco tenía ninguna idea concreta sobre lo que iba a hacer.
- ¿Y como llegó a la Orquesta Nacional de España?
- Hice las pruebas para entrar como tutti en el grueso de la orquesta en mayo de 2005 y me admitieron. Cuando salió la plaza de concertino no tenía claro del todo si presentarme o no. Muchos compañeros de la orquesta me animaron a hacerlo y al final me decidí, aunque sin meditarlo mucho.
- Consiguió la plaza y ahora es concertino de esta agrupación. ¿Este puesto de trabajo es la máxima aspiración que puede tener un violinista?
- Depende. Cada uno tiene sus propias aspiraciones. No sé si ser concertino es la máxima aspiración de un violinista. De lo que no hay duda, es de que el concertino es quien tiene la máxima responsabilidad dentro de una orquesta. Lo que ocurre es que no todo el mundo disfruta con eso. Pienso que lo de las aspiraciones es algo muy personal.
- Cuando se habla de educación musical se comenta la tradicional falta de preparación de músicos de orquesta. Supongo que todavía será más difícil formarse como concertino. ¿Cómo se consigue?
- Lo de la formación de músicos de orquesta depende de los países, pero es verdad que en general se nos prepara más para tocar solos o para hacer música de cámara. Lo que sí creo es que la música de cámara prepara y ayuda a tener una formación orquestal. De todas formas soy todavía muy nueva en esto.
- ¿En qué consiste exactamente su trabajo de concertino en la Orquesta Nacional española?
- Un concertino es el intermediario entre el director y la orquesta. Después del director, que es el que marca cómo quiere que se haga la música, es el máximo responsable. Se encarga de trasladar los deseos del maestro a sus compañeros.
- No hay muchos concertinos españoles en las orquestas y menos mujeres. ¿Se siente especialmente orgullosa de ser la única?
- No sé exactamente cuántas mujeres hay. Sé que en la Orquesta de RTVE hay una mujer, pero creo que es búlgara. No es que me sienta orgullosa, sino más bien presionada. Cuando tienes un reconocimiento, también sientes cierta presión, aunque también una satisfacción personal, claro. Además, el hecho de ser concertino no significa que toques mejor que otros que no lo son. Hay gente que toca muy bien y no son concertinos porque están dedicados a otras cosas.
- Durante mucho tiempo se ha hablado de problemas laborales en la Orquesta Nacional de España y de un mal ambiente de trabajo. ¿Los ha vivido de cerca?
- Yo soy casi una recién llegada y no conozco bien los problemas que ha tenido la orquesta. Sé que ha habido cosas. Actualmente hay dos situaciones laborales entre los músicos: los antiguos funcionarios y otros, todos los nuevos y algunos que no lo son tanto, que somos contratados laborales fijos. Eso sí, todos tenemos el mismo reglamento, convenio y condiciones de trabajo. La diferencia es que una parte de la plantilla no tiene puesto de funcionario.
- ¿Qué opina de esa situación laboral? Siempre se ha afirmado que la funcionarización es la tumba del músico.
- Bueno, por un lado no creo que sea bueno mantener a las personas con una incertidumbre sobre su futuro laboral. Necesitamos tener buenas condiciones de trabajo y una cierta seguridad laboral. Por otro lado, no creo que sea necesario convertir a los músicos en funcionarios. Sin embargo, un músico no se duerme en los laureles por el mero hecho de ser funcionario, o al menos no debería ser así.
- Usted no ha perdido el tiempo. Tiene 27 años y una carrera brillante. ¿Ha tenido que trabajar muy duro?
- Bueno, no sé si diría que muy duro. Hay una edad en la que se nota más. En la música se empieza relativamente joven y cuando estás en esa edad entre la niñez y la adolescencia, te sientes diferente a tus amigos. Hay una disciplina aparte, supongo que la misma que se dará en el deporte o la danza, y eso hace que te veas distinta a los demás. Yo empecé de muy cría y cuando eres tan pequeña, hay disciplina, pero ves todo como un juego. Es más tarde cuando notas la diferencia con tus amigos, pero por otro lado, tenemos otra suerte.
- ¿Y ahora? ¿A qué aspira?
- Mi aspiración es poder tocar lo máximo posible. Estoy muy contenta en la orquesta y me gusta mucho hacer también conciertos de música de cámara. Lo que quiero es seguir motivada con la música y hacer cosas que me llenen, tocar con la gente y disfrutar todas esas cosas que hago aparte de la orquesta.
- ¿Qué preferiría, ser tutti en una orquesta de gran calidad o concertino de una agrupación mediocre?
- Es una pregunta que me he hecho a mí misma muchas veces y no sé contestarla. Disfruto tanto con una cosa como con la otra. Cuando he colaborado en las filas de atrás con una buena orquesta he disfrutado muchísimo y también lo hago cada vez que toco con la ONE. Es lo que he escogido por ahora y estoy muy a gusto.
- Es de San Sebastián, ha estudiado en París y trabaja en Madrid. ¿Cómo ve desde esa perspectiva el panorama sinfónico estatal?
- No lo conozco demasiado, pero creo que en España ha ido subiendo mucho el nivel, sobre todo en el caso de la gente joven. Hay muchos músicos que tocan muy bien. Quizá la única asignatura pendiente sea la educación, especialmente en los niveles más bajos. Hay buenos profesores, pero quizá falta una mayor homogeneidad en la base. Hay sitios en los que funciona bien y otros en los que no.
- ¿Y las orquestas vascas? Según tengo entendido, tocará como concertino invitado con la Orquesta Sinfónica de Euskadi en marzo...
- En cuanto a las orquestas, sólo conozco a la OSE y creo que ha mejorado mucho. Me hace mucha ilusión tocar con ella, aunque también supone una cierta presión. Cuando juegas en casa siempre hay algo más de presión. Tocaré con Víctor Pablo Pérez y es la primera vez que lo hago.
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