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Politica

Lo que está en juego

ALBERTO SURIO

Martes, 31 de octubre 2006, 09:07

LA concentración de respaldo a los cargos públicos y funcionarios del Ayuntamiento de Zarautz supone una imagen que ha sido habitual en este país en los últimos años. En demasiadas ocasiones, este retrato de la solidaridad frente a la intimidación ha formado parte de nuestro paisaje cotidiano. No es nuevo, aunque sí sorprende en el actual momento, en el que se intenta poner en marcha un proceso de paz y en el que el regreso de la presión supone una carga de profundidad contra el diálogo hacia la normalización. Lo más preocupante es el silencio de Batasuna ante episodios tan inquietantes. La construcción de la paz también supone trabajar por la convivencia y no limitarse a endosar a los demás las responsabilidades sin asumir las propias.

La cuestión de fondo une el ámbito local con una reflexión política más profunda. Zarautz es un bastión del nacionalismo democrático, y ha sido históricamente un escenario en donde se han librado importantes movimientos en su seno. Allí se fraguó la escisión del PNV, en este municipio nació con fuerza EA y cuajó con especial singularidad la convergencia entre el PSE y EE. Allí ha sido fuerte el movimiento pacifista y allí ha funcionado la coalición entre EA y el PNV. Es una incógnita qué puede pasar en el mundo nacionalista el día en el que desaparezcan las pistolas. ¿Cómo se integrará la izquierda abertzale en el juego democrático? ¿Cómo superará su inercia antisistema del pasado?

Los últimos hechos confirman que estas preguntas están más abiertas que nunca. En una parte amplia del nacionalismo se mantienen serios recelos ante posibles aproximaciones hacia la izquierda abertzale que algunos nostálgicos de la época de Lizarra están diseñando en Gipuzkoa. No se trata sólo del reflejo de un compromiso democrático claro frente a cualquier amenaza o extorsión. Empieza a emerger, también, una línea de pensamiento sobre el modelo de sociedad que defienden unos y otros, sobre cómo tratar al adversario, sobre cómo encauzar las diferencias y sobre cómo gestionar el pluralismo. Es una distancia cultural.

Sectores de EA y del PNV comparten una cultura política que está muy lejos de la práctica empleada por el rupturismo radical en los últimos 25 años. Puede que el tiempo vaya limando algunas heridas. Pero el día después de ETA va a provocar a medio y largo plazo un realineamiento de espacios en el nacionalismo.

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