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ELENA VIÑAS
Domingo, 10 de diciembre 2006, 03:34
SAN SEBASTIÁN. DV. El skyline de la capital guipuzcoana se halla muy lejos de batir ningún récord. Sin embargo, las imágenes que ofrecen esas siluetas urbanas de gran altura en una ciudad cuyas construcciones pocas veces superan la decena de alzadas no pasan desapercibidas. Son torres en su mayoría de viviendas, aunque también hay espacio para las oficinas, que adquieren la dimensión de monumentos espectaculares en los barrios de Egia, Amara, Larratxo y Bidebieta.
El techo de San Sebastián es la torre de Atotxa. Sus 70,45 metros de altura se traducen en un total de dos sótanos, una planta baja, una planta comercial, otra planta diáfana, 17 plantas de viviendas, una planta de trasteros y otra planta más de viviendas. El resultado es un edificio acristalado, tan emblemático como imponente, que desde hace 33 años roba protagonismo al resto de inmuebles situados en las proximidades del río Urumea.
La división tripartita de la que hace gala está basada en las columnas clásicas y su composición de base, fuste y capitel, una solución aceptada en infinidad de ocasiones por los arquitectos. En el Paseo Duque de Mandas, 30, esta estructura adquiere un nuevo significado.
Nada tiene que ver su estilo con el de cada uno de los cinco rascacielos que se erigen en Amara. El más alto se encuentra situado en la calle Catalina de Erauso, más concretamente en el número 25. Sus 18 pisos tratan de alcanzar el firmamento donostiarra envueltos en largas terrazas concebidas en vidrio y metal, que se suceden sin variación unas sobre otras.
Similar es la fachada que luce otro bloque cercano, el correspondiente a Amezketa, 21, a lo largo de sus 17 plantas. También el de Catalina de Erauso, 22 cuenta con 17 pisos de viviendas dotadas de terrazas, pero con una pequeña diferencia, las baldosas de tonos marrones que recubren el exterior en su totalidad.
Como una colmena
El mismo número de alturas presenta otro edificio proyectado para desafiar a la gravedad al final de Carlos I. Los portales 36 y 38 dan lugar en esta calle a una suerte de gigantesca colmena, de aspecto ligeramente caótico, ideada a partir de ventanas, balcones y miradores. Su distribución, en apariencia desordenada, impacta a cuantos la observan desde la salida de la A-8.
La manera en que se ha revestido el quinto y último de los rascacielos existentes en Amara, el que representa la Avenida de Madrid, 32 y 34, transmite una sensación totalmente opuesta, una sensación de orden y simetría lograda a través de la combinación de balcones de diferentes tamaños. Unos dobles y otros simples se alternan sin cesar en sus cuatro caras de 17 plantas. La casualidad ha querido que esta torre de 55 metros se eleve orgullosa a pocos metros del estadio de fútbol de Anoeta, de la misma forma que años atrás la de Atotxa presidió los partidos disputados por la Real Sociedad en su anterior terreno de juego.
Otros 17 pisos tiene, asimismo, el inmueble de color rojizo que ocupa el número 13 del Paseo de Larratxo, una colosal obra acometida como si en realidad se tratase de dos construcciones distintas superpuestas. De 5 alzadas la inferior y 12 más la realizada sobre ésta, el conjunto se halla en concordancia con el resto de viviendas que apantallan la mencionada vía.
Barrio de altura
Los siguientes puestos en el ranking de los bloques de mayor número de plantas los acapara un barrio de altura, el de Bidebieta, donde prácticamente una de cada dos edificaciones es un rascacielos. Las torres se cuentan por decenas en Julio Urquijo, Juan Carlos Guerra y Serapio Múgica. Un total de 16 pisos tiene buena parte de los portales de estos tres paseos, aunque a ellos habría que sumar en más de una ocasión las tres e incluso cuatro plantas destinadas a viviendas, trasteros y garajes que asoman, aprovechando los desniveles del terreno, por debajo de las contabilizadas como reales. Ese es el caso de los números 4, 8, 12 y 14 de Julio Urquijo.
Los trabajos de arquitectura e ingeniería que gran tamaño son también el eje central de la zona conocida popularmente como Gaiztarro, un estratégico islote urbano que veía la luz en la década de los 60 siguiendo los dictados del racionalismo moderno. La que fuera denominada unidad residencial Parque Bidebieta puede presumir de tener entre sus calles de trazado curvo un rascacielos de 15 plantas, el del Paseo de los Olmos, 14, peculiar por ser el edificio de oficinas más alto de la ciudad.
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