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BENITO URRABURU
Jueves, 22 de marzo 2007, 10:04
SAN SEBASTIÁN. DV. El propio Txomin Perurena nos lo recordaba: «No te olvides de Miguel Mari Lasa». Los dos ciclistas guipuzcoanos, de Oiartzun, han sido los hombres más rápidos que ha tenido el ciclismo vasco en su historia, al menos eso dice el palmarés de ambos. A los 150 triunfos de Txomin se unen los 75 de Lasa.
En esos dos historiales hay de todo: desde etapas en Vuelta, Giro y Tour hasta triunfos en carreras de todo tipo, nacionalidad y trazado. Koldo Fernández de Larrea, con su victoria, ha removido la historia de los sprinters.
Con 25 años, Koldo sólo conoce de Perurena y Lasa lo que le han contado: «No he visto correr a ninguno de los dos», nos decía el alavés, que tiene un modelo muy claro y definido de sprinter: «El que más me ha gustado ha sido Cipollini. Donde corría era la estrella, un verdadero crack. Para mí, Petacchi no ha llegado donde Cipollini. No es él mismo después de la caída del año pasado. Se le nota que tiene miedo en algunos momentos. Cuando se iba formando el sprint en la Tirreno, Albizuri y yo le quitamos el sitio, y eso no es normal», señalaba. También le gusta «Freire, otro fuera de serie, que se tiene que buscar la vida en las llegadas».
Mide 1,82 y pesa 72 kilos. Le decimos que guarda cierto parecido con el noruego Thor Hushovd, pero señala que son muy diferentes: «Hushovd o Napolitano me sacan casi diez kilos de peso. Yo he ido bajando peso, he afinado con los años».
De lo que no se ha librado, como buen sprinter, es de las caídas: «He sufrido varias en profesionales, tres de ellas graves. El segundo año me rompí la clavícula. El año pasado tuve otra en el Giro. También me rompí la mano en otra en el Benelux».
El sueño del Mundial
Koldo Fernández de Larrea es de los hombres rápidos que se tiene que arreglar en las llegadas como puede. Lógicamente, no cuenta con un treno: «Para un sprinter, el treno es decisivo. ¿Tú sabes lo que significa que te dejen a 200 metros de la meta después de poner el pelotón a 65 ó 68 kilómetros por hora? No se pelean por coger la posición, no se tienen que buscar la vida».
Piensa que el treno de Cipollini «era mejor que el de Petacchi», y también que si a un corredor como McEwen «le pones un treno, igual no gana». Dice que «no tengo miedo de meterme en los sprints, pero prefiero las llegadas limpias, aunque si tengo que meterme, me meto».
Su siguiente objetivo es «ganar una etapa en el Giro. El año pasado anduve cerca». Su sueño, su ilusión, tiene un nombre: «El Campeonato del Mundo. Sería algo increíble».
Va pasando bastante mejor la montaña. Después de ganar recibió 90 mensajes en el móvil. Termina contrato este año y quiere centrarse en la Milán-San Remo: «¿Qué te voy a decir! Es muy difícil meterse delante, pero lo voy a intentar. La única solución es aprovecharse del trabajo del Quick Step y del Milram. La clave es pasar bien la Cipresa y el Poggio».
Si le preguntas a Txomin Perurena la razón por la que no salen más hombres rápidos en Euskadi, te responde que «en Bélgica no hay montaña y salen más sprinters. Desde luego, la orografía algo tiene que ver. Las pruebas que hay en Euskadi no son muy propicias para llegadas en grupo. Muchos no llegan ni a meta».
En su vida profesional se cruzó con nombres históricos de la velocidad como Darrigade, Van Looy, Guido Reybroeck, Marino Basso, Van Linden, Roger de Vlaeminck y también con Eddy Merckx, «al que le daba lo mismo la carrera, la llegada o la orografía».
Piensa que en una llegada lo más difícil es «el último kilómetro. Calcular la distancia a la que tienes que soltar al sprinter no es fácil. No sólo es lanzarle, es todo el trabajo anterior». Como director dirigió a Noel Dejonckheere, Mateo Hermans, Klaus Peter Thaler, Sean Kelly y Asier Guenetxea.
Sobre Koldo Fernández de Larrea piensa que tiene una cosa buena, «que es valiente. Tuvo que meter el hombro antes de lanzarse. Buscó muy bien su sitio. Teniendo vía libre y si le dejan a su distancia, puede ganar».
Le parece prematuro hablar de la Milán-San Remo: «No hay que lanzar las campanas al vuelo. Hay que tener un poco de prudencia y dejarle crecer».
Último kilómetro decisivo
Tampoco Miguel Mari Lasa se considera un sprinter puro, un velocista: «Logré ganar a los mejores. ¿Si era rápido? Era oportunista», nos dijo riéndose.
Ganó 75 carreras y, como él dice, «algo de velocidad si tenía». Contaba con algo más que velocidad y era listo, muy vivo en los metros de la verdad. «En Euskadi es muy difícil ser sprinter. Hay muchos puertos y aquí, las carreras, cuanto más duras, mejor; y cuanto más roto llegue el paquete, mucho mejor todavía».
Cree que «el que es sprinter lo tiene que dejar, no tiene sitio. Valorar a un hombre rápido no es fácil. Gana en unos metros». En su época, con el mítico Kas, «no había treno. A lo sumo, si había interés por ganar en alguna carrera trabajaba el equipo».
Respecto a Koldo Fernández de Larrea piensa que «le salió perfecto. A 200 metros iba el decimoquinto, cogió una buena rueda y la aprovechó. En un sprint te tiene que salir todo de cara. Si sufres cualquier percance, se va todo al traste».
En opinión de Lasa, Koldo «demostró que es potente. Llegó fuerte y lo aprovechó. Para Lasa, el secreto de un hombre rápido «está en llegar con las fuerzas intactas a la parte final de la etapa y arrancar en el momento justo. Eso que parece tan fácil no lo es. Si llegas descansado, tienes mucho ganado. El sprint es muy complejo».
Dice que «en los últimos cinco kilómetros, si te tienes que buscar la vida, el desgaste es terrible y cuando quedan 300 metros estás sin fuerza. Se rueda a 60 kilómetros por hora y te lo juegas en doscientos metros». Un sprint es como jugar a la ruleta rusa. Las balas son los corredores.
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