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CHUSA L. MONJAS
Viernes, 27 de julio 2007, 10:42
Julio Medem termina hoy con tres «intensísimos» años de trabajo, el tiempo que le ha llevado Caótica Ana, su séptima obra que presentará al público el próximo 24 de agosto. Su hermana Ana, que falleció en un accidente de coche, ha sido el motor de esta «personal, atrevida y ambiciosa» película de fuertes emociones y sentimientos interpretada por la debutante Manuela Vellés. En esta historia-viaje, su Ana cinematográfica está acompañada por la cantante Bebe, la veterana Charlotte Rampling, Asier Newman, Nicolás Cazalé y la compositora Jocelyn Pook, «un descubrimiento», apunta un ilusionado Medem que ha pasado la página de los malos tiempos que vivió con La pelota vasca.
- ¿Cómo se encuentra?
- Inquieto. La película está hecha y tira por un camino libre, tiene sus propias normas que el espectador va a entender desde el principio.
- ¿Qué película ha hecho?
- Una película muy Medem . Pensaba que no lo era tanto porque uno quiere alejarse de lo que ha hecho ya y acometer retos distintos. Pero después de terminar el montaje, la fase que más me gusta, me he dado cuenta que es una historia muy mía, pero también tiene cosas nuevas.
- 'Caótica Ana' narra el viaje de Ana, una cuenta atrás -10, 9, 8, 7, hasta el 0- a través del cual esta joven comprueba que su existencia parece la continuación de otras vidas de mujeres jóvenes que murieron de forma trágica, todas a los 22 años, y que habitan en el abismo de su memoria inconsciente.
- También ha sido un viaje para mí, el viaje más intenso que he hecho. Está en dos dimensiones, en el espacio y en el tiempo. El primero transcurre en el presente de la protagonista, es la parte más naif, más inocente porque la chica ha vivido poco y ha estado muy protegida. El segundo, el de tiempo, va al pasado y ahí estalla el caos y es donde conectamos por esa memoria ancestral que todos tenemos.
- Dos viajes y dos atmósferas distintas que hay que medir muy bien.
- Ya en el guión había problemas. He tenido un equipo muy integrado al que decía lo que quería, y ellos decían que sí, que muy bien, pero cómo se hacía eso. En el rodaje dejé espacio a la intuición y en el montaje volví a reescribir la historia de la que había hecho nueve versiones del guión.
- Ha dejado secuencias en la sala.
- Muy pocas. He descargado diálogos porque como las imágenes son tan impactantes, muchas frases sobraban. He descubierto muchas cosas con Caótica....
- Otro de sus descubrimientos ha sido Jocelyn Pook, compositora inglesa responsable de la música de Eyes White Shut y El mercader de Venecia. ¿Qué ha pasado con su compositor habitual, Alberto Iglesias?
- Alberto y yo somos como hermanos, volveremos a trabajar juntos. Cuando escuché la música de Eyes White Shut quería que mi trabajo tuviera esa lírica, esa energía y ese vigor. En mi cine necesito especialmente la música y, gracias a Jocelyn, he entendido mejor mi película.
- Usted estudió Medicina con la intención de ser psiquiatra y en sus filmes siempre hurga en la psicología de los personajes. Ahora da un paso más con los sueños y recuerdos que tiene su protagonista.
- Por la carencia que tenemos todos los que nos dedicamos a crear, no saco mis historias observando la realidad, y eso que soy un buen observador. Estamos hechos de pura subjetividad, un material muy enigmático elaborado con todo lo que hemos vivido que se podría llamar arcilla humana. Desde joven me ha interesado la psiquiatría porque quería conocer la mente humana, explorar lugares oscuros, no por malos, sino porque no estaban a la vista. Aquí pongo muchas cosas a la vista e intento que se parezcan a lo real.
-Usted ha definido la película de «oda a la mujer». Lo cierto es que se le ve muy empeñado en lo femenino, no hay más que ver el título de sus películas: Caótica Ana, Lucía y el sexo, Tierra, La ardilla roja...
- Es un universo fascinante. Como hombre, tengo una especie de complejo, de verguenza, por lo que representamos socialmente, lo que hemos sido, por nuestra ambición y violencia. La cantidad de testosterona que tenemos marca mucho nuestra conducta. De momento, no me tienta centrarme en la psicología masculina.
- La película se apoya en una novel, Manuela Vellés, su nueva musa.
- Ana es el papel más difícil de interpretar de todos los que he escrito. Se ha defendido muy bien porque empieza siendo una niña idílica, muy protegida, y en su crecimiento sufre un desgaste muy fuerte. El viaje va de los 18 a 22 años, y Manuela tenía 19 en el rodaje y no había hecho nada. Se presentó al casting una semana después de haberse apuntado a una escuela de interpretación. Quería ser actriz, pero no sabía por donde empezar.
- Las pinturas que salen son de sus dos hermanas, Sofía y Ana, el punto de partida del filme.
- No es la biografía de Ana, que murió en un accidente de coche cuando iba a una exposición con toda su obra en Cariñena. No llegó y toda la familia nos quedamos a la puerta, no vimos la exposición. Pensé que algún día escribiría sobre ella, sus pinturas y, sobre todo, su carácter. Ana era especialmente optimista, con una energía muy bonita.
- No hace un cine cómodo ¿le preocupa la reacción del público?
- Por su experiencia emocional, Caótica Ana es la más cómoda de ver. Estoy orgulloso, pero preocupado. Tengo más esperanzas fuera de España que aquí porque ya hay varias preventas. Para el cine español, la taquilla es un enigma. Cuando hice Lucía y el sexo -su mayor éxito comercial hasta el momento- era más fácil de predecir lo que podía pasar.
- Recuperado de todo lo que ocurrió con La pelota vasca ¿volverá a poner la cámara en el terrorismo vasco?
- Sí, de hecho Aitor está en estado de espera.
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