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Las cárceles españolas se desmasifican

Las cárceles españolas se desmasifican

La población reclusa, tras 20 años de continuo aumento, ha descendido un 13% en un lustro, con una fuerte reducción de los presos extranjeros

MELCHOR SÁIZ-PARDO

Domingo, 30 de agosto 2015, 09:03

O las fuerzas de seguridad son cada vez más efectivas en la prevención de los delitos o los españoles y los extranjeros que residen en España se comportan cada vez mejor, o cada vez han venido menos por la crisis. Sea por una cosa o por la otra, o por la suma de todas, el caso es que España se ha convertido en un verdadero caso de estudio penal en los países occidentales, según apuntan los expertos de diferente signo. España encabeza, con mucho, el descenso de la población penitenciaria entre los países de la Unión Europea y otros de similar nivel socio-económico.

El anuario estadístico del Ministerio del Interior, el más exhaustivo análisis de la radiografía de las cárceles españolas, fue publicado recientemente. Y el estudio pormenorizado confirma las buenas noticias: las cárceles están en una crisis profunda. Si las prisiones fueran un negocio privado, desde luego a los empresarios carcelarios les esperaría un futuro, cuanto menos, gris. 2014 cerró con 65.017 personas entre rejas en los centros penitenciarios del país. Y lo que es mejor, desde 2009, cuando los centros españoles llegaron a la cifra récord de 76.079 presos, la cantidad no ha hecho más que disminuir, un 13% en cinco años. Una caída media de 1.500 internos al año. Solo entre 2013 y 2014, la colonia penitenciaria se redujo en 1.748 personas.

«Vivimos en una situación impensable hace solo unos años, cuando cada doce meses aumentaba la población en casi 4.000 personas. Pasamos veinte años sin lograr frenar ese crecimiento y ahora llevamos seis años de descenso imparable», apunta uno de los responsable de Instituciones Penitenciarias.

España se ha vuelto a situar en niveles de ocupación penitenciaria de 2006, con una población global mucho mayor y mejor infraestructuras que por aquel entonces, cuando comenzaron a terminarse los grandes y modernos centros modulares, que sustituyeron a las viejas cárceles de pabellones.

Si positivos son los datos generales, también lo son las cifras más detalladas. La caída de los internos es generalizada en todos los niveles. Menos jóvenes, menos veteranos, menos hombres, menos mujeres y menos extranjeros. En los centros nacionales había a 31 de diciembre del año pasado 60.040 varones (1.642 menos que en 2013) y 4.977 mujeres (106 menos que a finales de 2013).

El descenso de los presos foráneos, si cabe, es mucho más marcado. Desde que en 2009 la población extranjera alcanzara su máximo con 27.162, este colectivo ha caído un 28% en apenas cinco años, hasta las 19.697 personas.

La fuerte caída de los reclusos no españoles, muy por encima del descenso de los nacionales, ha hecho, además, que los extranjeros pierdan 'peso' proporcional en las prisiones. Hace un lustro los foráneos eran el 35,7%. Ahora ese porcentaje se ha reducido al 30,3%.

Varón y adulto

Pero más allá de la confirmación de que las prisiones viven, afortunadamente, su crisis más profunda desde la llegada de la democracia, el estudio de Interior analiza, como nunca antes, el perfil de esas decenas de miles de personas que en España viven privadas de libertad.

Empezando por el perfil tipo del recluso español. Se trataría de un varón, español, de entre 41 y 50 años, y cumpliendo condena (no preventivo) por «delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico» del nuevo Código Penal (el de 1995).

Por partes. La radiografía por edades de los presos españoles arroja datos muy concluyentes. Tres de cada cuatro internos penados (71,2%,) tiene edades comprendidas entre los 31 y los 60 años de edad. La población juvenil prácticamente es residual (0,7%), y de adultos jóvenes (15,4%) tampoco es significativa. La edad media del recluso ya condenado en España es de 39,7 años. Esta edad baja a 37,8 en el caso de los preventivos.

En primer grado hay grandes delincuentes como homicidas reincidentes, violadores, miembros de bandas organizadas y terroristas. Este último colectivo, el de los terroristas, al que el Ministerio del Interior dedica un apartado específico, está compuesto por 471 personas (404 hombres y 67 mujeres). En las cárceles españolas hay 376 miembros de ETA, 51 yihadistas, 21 grapos, 8 miembros de bandas independentistas gallegas y quince de otras organizaciones.

De los juzgados tras la reforma del Código Penal de hace 20 años, más de la tercera parte de los presos, un 37,7%, está entre rejas por «delitos contra el patrimonio». Es decir, mayoritariamente, robos, asaltos o atracos. El peso de esta tipología delictiva, no obstante, va cayendo año a año, como también va lentamente descendiendo el porcentaje de reclusos del segundo grupo más numeroso, el de los condenados por delitos «contra la salud pública». Los internos penados por el tráfico de drogas son 13.066 (un 23,8% del total). Ambas tipologías (robos y drogas) son en la actualidad la causa de prisión de 61,5% de los condenados, pero hace una década eran el motivo de encarcelamiento del 80% de los reclusos.

Violencia de género

Tras estas dos tipologías, la más importante es la de los encarcelados por violencia de género, unos ilícitos que no hacen más que crecer. Los maltratadores entre rejas son ya 3.943, el 6% del total. La inmensa mayoría son hombres. De hecho, solo hay 5 mujeres en España por este delito.

Directamente relacionado con el anterior tipo delictivo está la de los presos por delitos «contra la libertad sexual». En España hay 3.135 violadores o abusadores sexuales. De ellos 3.075 son varones frente a las 60 mujeres que hay entre rejas por abusos de carácter sexual.

Destacado es también el número de presos por «homicidio y sus formas» (asesinatos frustrados o en tentativa, fundamentalmente). Son 3.846 personas ( 3.571 hombres y 275 mujeres) las que en España están recluidas por haber intentado matar a alguien. O lo que es lo mismo, uno de cada 16 reclusos cumple condena por homicida.

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