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N. AZURMENDI
Martes, 9 de mayo 2017, 08:21
Antes de adoptar el Kilner de su esposo, Carmen se apellidaba Sánchez González. Es hija de Eduardo, natural de Murcia, y de Ana María, nacida en la calle Urbieta de San Sebastián, que con 21 años acompañó a los niños vascos que hallaron refugio en Gran Bretaña y, finalmente, se estableció en aquel país.
Su madre, Ana María formó parte del contingente de maestras que acompañaron y atendieron a los niños evacuados. ¿Cómo las seleccionaron?
A la hora de organizar la evacuación, el Gobierno Vasco dio mucha importancia a la educación de los niños y niñas, porque pensaban que solo iban a pasar unos meses fuera y no querían que se retrasaran en sus estudios. Por lo tanto, a las maestras se les exigía el título, y que fueran voluntarias. Mi madre, que también estaba comprometida ideológicamente, se presentó, fue aceptada, le dieron el número 73, y allí se fue... Todo lo que recibió fueron 7 libras, el primer mes. Luego se acabó el dinero, y pronto ya no hubo ni Gobierno Vasco. De todas maneras, en Euskadi tampoco habrían estado las cosas mucho mejor para una maestra republicana...
La manera en que en Gran Bretaña se organizó el acogimiento de tantos niños en tan poco tiempo y sin el apoyo del Gobierno resulta extraordinaria. ¿A qué lo atribuye?
Desde el inicio de la guerra ya existía un gran movimiento de apoyo y solidaridad hacia la causa republicana, por lo que, a pesar de la resistencia de un gobierno que se escudaba en la neutralidad, la base social estaba puesta. Además, no hacía ni veinte años que había acabado la I Guerra Mundial y la gente, sobre todo las mujeres, estaba muy acostumbrada a organizarse, a recaudar fondos, a enviar ayuda al extranjero... En lugar de hablar y pasarse la pelota unos a otros, se sentaron, se remangaron, vieron qué podía hacer cada uno y lo hicieron. Sin móviles, sin correo electrónico, sin burocracia... Con voluntad y solidaridad. Ahora nos parece increíble organizar todo aquello sin tenéfonos móviles, sin internet, son correo electónico...Fue una operación formidable de la que todos tenemos mucho que aprender.
Pero no fue un cuento de hadas.
No, en absoluto. Entre las colonias, por ejemplo, hubo grandes diferencias. Unas fueron extraordinarias y otras pésimas. También hubo gente y medios de comunicación, sobre todo los tabloides, que pronto empezaron a decir que en España ya no había guerra y que había que devolver a los niños cuanto antes. Aprovechaban cualquier incidente para predisponer a la sociedad en contra de los niños. Por suerte, no hubo muchos, y las repatriaciones por mala conducta fueron escasas.
¿Quedan muchos supervivientes?
Los supervivientes y sus descendientes se suelen reunir en una comida anual, y a la última que se hizo se desplazaron en torno a una docena, que eran los que estaban en condiciones de viajar. Hay algunos más pero, obviamente, ya son todos muy mayores.
La asociación Basque Children of 37 no surgió hasta 2002. ¿A tiempo para recoger su legado?
Recuperar esa memoria que se estaba perdiendo fue la razón por la que Natalia Moreno, hija de una maestra, y Manuel Moreno, hijo de una 'niña', crearon la asociación. Ahora, a través de la web de la asociación, las redes sociales y las actividades divulgativas y educativas que desarrollamos, también somos una referencia para los descendientes de aquellos niños y niñas, que en muchos casos no habían tenido contacto entre ellos. Y estamos observando un interés creciente por la historia en los lugares en los que hubo colonias. En algunos, de hecho, están realizando y organizando conmemoraciones muy interesantes con motivo del aniversario.
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