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ANE URDANGARIN
Jueves, 18 de febrero 2010, 03:05
A partir de la próxima semana alumnos guipuzcoanos de cuarto de Primaria, niños de 10 años, comenzarán a realizar la evaluación diagnóstica. Harán dos exámenes al día, con 20 minutos en medio para descansar, en dos jornadas consecutivas. Esta prueba, a la que en marzo se someterán adolescentes de segundo de ESO, se realizó por primera vez el curso pasado. Como todas las novedades, al principio provocó cierta incertidumbre en parte de la comunidad educativa, pero los profesores y los padres de alumnos ven con buenos ojos que se realicen este tipo de pruebas. Consideran que esta especie de auditoría externa es una valiosa herramienta si, como es su objetivo, sirve para mejorar la educación de unos escolares cada vez más competentes para afrontar la vida adulta. Eso sí, matizan todos, los datos finales hay que contextualizarlos debidamente.
Para Josu Etxaburu, portavoz de la asociación de directores de secundaria BIHE, se trata de «una mirada externa interesante, necesaria también y que nos ayudará a mejorar lo que estamos haciendo». Habla de una «foto fija», de alumnos de determinados cursos que son evaluados en un momento concreto, «pero además de eso existe un mundo. Es un dato externo más, no el único», recuerda. En este sentido, para el director del Instituto de Enseñanza Secundaria de Elorrio sería equivocado volcar «toda la mejora» del sistema educativo en este tipo de evaluaciones que, a su vez, sí tienen importantes potencialidades. «Esta y todas las miradas externas pueden ayudar y apoyar a los claustros de profesores y a la comunidad educativa a que mejoren el día a día en su funcionamiento». Se refiere a conseguir el éxito educativo, que va más allá del escolar y el académico, porque se miden competencias por encima de los contenidos concretos.
Este examen externo evalúa a los alumnos... ¿pero también a los profesores? «Estas pruebas tienen que dar pautas al profesor, y si el hecho de que se sienta evaluado significa que lo va a paralizar en su actividad, eso será malo -cree Etxaburu-. Pero si sirve como acicate para que el profesor se pregunte el porqué de esos resultados, tanto si son favorables como no, desde luego no podemos más que aplaudir la medida».
Etxaburu explica que son los centros, cada uno en su propio contexto, los que valoran, analizan y contextualizan los datos que les han entregado para plantear planes de mejora. Y espera que el Departamento de Educación les apoye a la hora de aplicarlos, teniendo en cuenta que algunos serán a medio o más largo plazo. «Lo que debemos evitar es que esta prueba se burocratice y se quede en algo que se hace todos los años sin que vaya a ningún lado».
Un paso cualitativo
En los centros que forman la Cooperativa Europea de Ikastolas ya están analizando los resultados para ver qué elementos (curriculares, organizativos, metodológicos, de convivencia...) se pueden mejorar y, en consecuencia, establecer planes de mejora «muy concretos». Así lo asegura Abel Ariznabarreta, su director pedagógico, quien recuerda que el de las evaluaciones diagnósticas es una tendencia mundial que supone «un paso cualitativo, siempre que se utilice bien».
Subraya que el alumnado evaluado es muy diverso y los centros tienen entornos sociales, culturales y económicos distintos. «Ese es el primer aspecto que hay que tener en cuenta». Esta evaluación, que tiene una función informativa y no incide en el expediente académico, «nos va a dar los resultados de determinadas competencias, pero hay que contextualizarlos».
Y han de servir de punto de referencia para plantearse planes de mejora. Es su razón de ser, y «en ningún caso tienen que servirnos para trasladar los resultados a porcentajes, ni establecer tablas comparativas entre centros y redes...». Son una herramienta más para mejorar. Por algo el examen se realiza en cuarto de Primaria y en segundo de ESO, «porque nos quedan dos años para poder introducir elementos correctores antes de finalizar la etapa».
Imanol Zubizarreta, responsable en Gipuzkoa de la Confederación de Padres y Madres de la Escuela Pública Vasca (Ehige), coincide en señalar que es preciso contextualizar las evaluaciones en un momento y grupo determinado, así como en la realidad de cada centro educativo. «Está bien que gente de fuera del centro haga la prueba, pero hay que ser cuidadosos a la hora de valorar los resultados». Recuerda que se trata de una radiografía concreta para alentar medidas correctoras, «pero no son datos definitivos. Lo importante es que cada centro realice sus autoevaluaciones. ¿Qué vienen de fuera a hacerlas? Está bien, es un dato más. Pero eso no es lo más importante. Es positivo, pero no tiene que convertirse en el único referente», espera Zubizarreta, quien confía en que los resultados sirvan para mejorar la enseñanza y no se empleen para establecer comparaciones, especialmente entre unos centros con otros. «Hay factores socioeconómicos y culturales que hay que tener en cuenta», reitera.
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