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Viernes, 12 de marzo 2010, 09:01
La organización de la Wellington to Auckland Cycle Challenge, carrera profesional neozelandesa que se disputó del 14 al 20 de febrero, permitió a dos de sus participantes recurrir a una trampa sostenible y ecológica: el dopaje eléctrico.
Guim Valls, un joven catalán que está dando la vuelta al mundo en bicicleta eléctrica, ha hecho historia al introducir el medio de transporte que promociona por medio planeta en una competición oficial. Y no sólo eso. Ha ganado dos de sus trece etapas a pesar de terminar a más de una hora del líder.
La primera victoria llegó en un sector vespertino. Cuenta el aventurero eléctrico que «después de comer, la etapa salía en subida y hacía frío. Aproveché la ascensión inicial para darle caña a la batería y arrancar pitando. Pasé hasta a los líderes. Como después del primer puerto vinieron sucesivas cuestas, fui ampliando la ventaja hasta que faltaban 25 kilómetros para la meta».
A partir de ese punto llegaba el plano, la verdadera cuesta para Guim. Monta una bicicleta eléctrica de pedaleo asistido cuyo motor deja de ayudar a partir de los 25 kilómetros por hora. «Esta gente volaba en llano y tenía miedo de que me cogieran. Pero el único que me alcanzó fue la otra bici eléctrica, que podía alcanzar los 50 kilómetros por hora, límite legal en Nueva Zelanda. Así que, a falta de diez, lo vi perdido».
Sin embargo, la gesta épica merecía final de película. Así fue. El segundo 'dopado eléctrico' se quedó sin batería a falta de siete kilómetros para meta. Valls, también. «Apreté todo lo que pude las barras del manillar de triatleta y elevé la velocidad hasta los 40 kilómetros por hora. Superé a mi colega y me sobraron tres minutos con respecto al pelotón», declaró.
Sin batería en llano
El aventurero catalán explica que «en llano iba más rápido apagando la batería y pedaleando fuerte. Aunque mi bici pesa 21 kilos era capaz de estar a la altura del grupo cuando éste iba a 35 kilómetros por hora. Pedaleaba durante bastantes tramos, por eso y porque había que racionalizar la batería, con una autonomía de 80 kilómetros. Ahora bien, en montaña disfrutaba porque la bici, con un poco de fuerza, sube a 25 por hora».
La segunda etapa que ganó tenía dos largos puertos, pero 25 kilómetros entre uno y otro. «Las pasé canutas para que no me pillaran antes de la segunda ascensión», recuerda.
Consiguió inscribirse en la carrera gracias al patrocinador de la bicicleta, Wisper, aunque su verdadero reto es completar la vuelta al mundo. Inició la odisea en Pekín, tras los Juegos Olímpicos de 2008, y quiere culminarla en Londres, en 2012. «Me pareció genial la idea de poder rodar unos días acompañado, dentro de una carrera».
Valls relata que «hubo quien maldecía en carrera al ver que les pasaba, pero también quien agradecía ir a rueda cuando soplaba mucho viento». Hay familias que le han ofrecido trabajo y casa, seducidas por las aventuras que va viviendo en su particular gira de promoción de la bicicleta eléctrica. Se le puede encontrar en www.ebwt.org (Electric Bicycle World Tour). O en cualquier parte del mundo. Inducido por el dopaje eléctrico.
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