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CRISTINA TURRAU
Martes, 27 de abril 2010, 04:55
Celebran 50 años de servicio a la comunidad. Son 27 sacerdotes y religiosos de la diócesis de Gipuzkoa que hoy se reunirán en el Seminario de San Sebastián, en un acto presidido por el obispo, José Ignacio Munilla, el vicario general, Joseba González, y el vicario de la Pastoral, Juan Cruz Mendizábal. A las 12 se celebra una misa concelebrada y a las 13 horas habrá una comida a la que están invitados todos los sacerdotes y religiosos de la diócesis.
Prudentzio -Prontxio- Auzmendi es uno de los homenajeados. Nacido en Ataun y con 75 años recién cumplidos, casi toda su vida sacerdotal se ha desarrollado en pequeños pueblos de Gipuzkoa. Y ha sido un cura obrero, de los que buscaron un trabajo para no tener que vivir de la nómina gubernamental. Actualmente es párroco de Aizarna, barrio de Zestoa. «Estas fiestas siempre vienen bien pero no me afecta en exceso», dice. «Cincuenta años de sacerdote es un tiempo largo. Quizás en la celebración se rememore más el pasado».
Se dispone a «vivir la vejez». «Mi retiro está en perspectiva. Depende de cómo esté de salud, movimiento y memoria. Iré seguramente a la residencia que han habilitado en el Seminario de Donostia». Es buen momento para recordar. «Mis padres decidieron que tenía que estudiar. En mi mundo conocido la gente con estudios era algún fraile, el médico, el veterinario, el maestro y el cura del pueblo. Podía haber elegido otra cosa pero dije 'sacerdote', así, sin más explicaciones y sin dotes sobrenaturales».
Hay quien relata alguna 'llamada' especial. «Quizás se la hicieron a mis padres», comenta riéndose. Parece que el camino fue acertado. Él no cambió, pero sí muchos de sus compañeros. «Al comenzar la carrera fuimos un número nutrido, en torno a 50, y muchos se fueron por otros derroteros».
Así comenzaron «a estudiar latín». Eran otros tiempos. «Como elemento cultural es importante. Del latín viene el castellano. También otras lenguas. Te acerca más a las fuentes». Prontxio Auzmendi fue durante 5 años coadjutor en su municipio natal de Ataun. De ahí, a Urretxu y a Segovia, como capellán castrense durante dos años. «Volví a la diócesis de San Sebastián y fui a Gainza un año. Llevo 40 años como sacerdote en Aizarna».
Curas obreros
¿Su balance? «Llegué aquí en el año 70, un momento postconciliar interesante. Salimos de unas casillas un poco trasnochadas. Tengo la sensación de haber ayudado un 'poquitín' a traer nuevos aires». Recuerda los años 68, 69 y 70. «Surgió en la diócesis de San Sebastián el afan de ser curas obreros. Unos cuantos nos reuníamos y decidimos hacer nuestra vida sacerdotal costeándonos nosotros mismos nuestros gastos». Trabajó en controles ganaderos. «Se controlaban las vacas lecheras y sus productos y se establecían calificaciones».
Era «un jornalero». Pero además estaban las tareas sacerdotales. «Era más joven entonces», explica. «Trabajé durante unos 25 años. Me jubilé hace once». Ha sido un cura «mixto», dice. «Otros han trabajado en empresas, institutos, oficinas. Era una forma de liberarse de la idea de que el cura vivía como en un cuento chino». Tiene la sensación de haber llenado su vida. «No me he aburrido, ni he estado de brazos cruzados. Ha sido un tiempo intenso y lleno. Ni el trabajo ni el sacerdocio se han perjudicado mutuamente».
¿Y la nueva jubilación? «Tengo ganas. Todo comienza y todo acaba. Estoy bastante bien, aunque hace cuatro años sufrí una operación seria de corazón». ¿Paseos? ¿Leer? «La ubicación del Seminario es extraordinaria. Pasearé por Donostia y acudiré a espectáculos: cine, teatro, música».
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