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JAVIER GUILLENEA
Jueves, 6 de mayo 2010, 11:32
Existe un lugar donde un médico entregó a varios estudiantes de medicina batas de paciente para explicarles lo importante que es ver la profesión desde el punto de vista del enfermo.
Ese lugar es el cine.
El cine es el mundo que dos enfermeras, Lucía Garate y Etxaurren Ibarrola, han explorado para averiguar cuál es la imagen de los profesionales sanitarios a través de la pantalla. Con las enseñanzas de las películas que han analizado han organizado en Vitoria talleres educativos en los que equipos médicos y de enfermería aprenden a ver su profesión desde otra perspectiva.
William Hurt, el médico de la película 'El doctor', había sido un profesional de éxito pero sin compasión por los pacientes, hasta que él mismo enfermó y probó en persona la insensibilidad de sus colegas. Cuando sanó, era otro hombre y por eso empezó a repartir las batas.
«Las películas nos dan una oportunidad para comprender la imagen que la sociedad espera de nosotros», afirma Lucía Garate. Y uno de los caminos para llegar a esa comprensión es ver qué se cuenta sobre el mundo de la sanidad en el cine.
Ibarrola y Garate han descrito cuatro clases de enfermeras en el cine. La película bélica 'Pearl Harbor' refleja el tipo «bobo y tonto» de mujeres cuya máxima aspiración es encontrar un marido entre los militares de la base estadounidense. Todo lo contrario de la «seductora y peligrosa» de 'Kill Bill' o de la «controladora», reflejada en filmes como 'Alguien voló sobre el nido del cuco'. A través de esta última figura «se refleja toda la normativa hospitalaria. Es la enfermera mandona que simboliza la rigidez de los hospitales, su horario, o sus comidas». El cuarto estereotipo de enfermeras es el de las «cálidas y profesionales», como la de 'Amar la vida'. «En el cine cuesta encontrarlas, son personas que defienden los derechos de los pacientes».
Junto a las enfermeras están los médicos, a los que el cine tiende a describir de dos maneras diferentes. Está el médico «competente y humano», como el que aparece en 'La gran seducción', y el «científico deshumanizado capaz de hacer cualquier cosa con tal de cumplir su servicio a la ciencia». La lucha entre los dos estereotipos queda patente en 'Patch Adams', que refleja la historia del doctor que introdujo la risoterapia con fines terapéuticos.
Si el País Vasco fuera una película, abundarían en ella las enfermeras de trato cálido y los médicos competentes pero «algo distantes». Lucía Garate recuerda que «durante años se ha asociado la competencia a un perfil frío, mientras que en las enfermeras la calidez se ha vinculado con la falta de profesionalismo». Parte de culpa de ello la tiene el cine, que «se ha nutrido de estereotipos como el de la controladora».
Equipos médicos y de enfermería por un lado; por el otro, el paciente, que en el cine lo pasa mal, para qué engañarnos. Porque en las películas las protagonistas son las enfermedades graves. La gastritis o la hipertensión no tienen demasiada venta en el cine, les falta dramatismo.
Hay cinco grandes grupos de enfermedades que destacan por su tendencia a figurar en la gran pantalla. El cáncer aparece en películas como 'Elegir un amor', 'Las invasiones bárbaras' o 'Planta cuarta'; las patologías psiquiátricas están presentes en 'Mejor imposible' y 'Shutter Island'; las afecciones neuronales severas protagonizan 'Despertares' o 'El aceite de la vida'; el sida, finalmente, está en 'Philadelphia'.
El paciente enfermo
Todos estos males acechan al protagonista de una película de hospitales. Porque en el cine el protagonista es el paciente, todo lo contrario que en las series de televisión, donde es el personal sanitario el que lleva la voz cantante. En series como 'House' o 'Urgencias', explica Garate, «el enfermo entra como enfermo, sin ninguna historia personal detrás, es como si hubiera nacido en ese mismo capítulo».
En el cine no ocurre lo mismo. «Normalmente se presenta a una persona normal a la que se le va conociendo y que un día va al médico porque tiene un problema de salud. Entra en contacto con especialistas y a los diez minutos de la película tiene el diagnóstico». Es algo que no sucede en las series pero tampoco en el sistema sanitario, donde el paciente ocupa un lugar similar al de la televisión.
Enfermeras, pacientes y médicos acaban siempre juntándose en un mismo espacio. De ahí que Ibarrola y Garate utilicen en sus clases la escena del camarote de Los hermanos Marx en 'Una noche en la Ópera'. «Nos recuerda a la habitación de un hospital, en la que entran para hacer la cama, después para barrer, luego para traer la comida...»
En cualquier caso, el paciente cinematográfico raras veces es el mismo cuando sale del hospital, si es que sale. «Las enfermeras, y también los familiares, tendemos a decir a los enfermos frases tranquilizantes como 'vas a quedar como nuevo' o 'te vas a poner bien'», afirma Garate. En el cine, ese 'como nuevo' suele ser literal. «La mayoría de los personajes cambia después de su experiencia, se vuelven mejores como seres humanos». Ocurre, por ejemplo, en 'El hijo de la novia'. En otras películas, como 'La vida secreta de las palabras', «el cambio se ve a medida que avanza el tratamiento». Algunos no sólo se curan sino que también se enamoran. Es el cine.
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