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TERESA FLAÑO
Viernes, 3 de septiembre 2010, 11:10
Pocas veces seis metros cuadrados han podido cundir tanto. Cuarenta años después de su descubrimiento, la cueva de Ekain sigue siendo un pozo de sorpresas con nuevos hallazgos, como una costilla de animal tallada con la figura de un ave durante el Magdaleniense medio, que permiten comprender un poco mejor a aquellos que se acercaron hasta allí en esa época. El equipo formado por Jesús Altuna, Koro Mariezkurrena, Federico Ríos y Jan Wesbuer ha vuelto a trabajar en la habitación que se encuentra en la entrada de la gruta para «conocer un poco mejor al artista de Ekain», el que dibujó y pintó en sus paredes los caballos, y a sus antecesores.
El antropólogo Jesús Altuna explica la necesidad de comenzar una nueva etapa. «Nos planteamos una nueva excavación, cuarenta años después de que se hiciera la primera a raíz de su descubrimiento en el año 69. Las tres primeras las codirigimos Barandiaran y yo, y en las tres siguientes yo estuve al frente, todas ellas dentro de la misma fase hasta 1975. En todo este tiempo han surgido métodos nuevos, se trabaja con más precisión, teníamos la colaboración de un ingeniero alemán que nos podía hacer fotogrametría de todo el yacimiento a medida que realizábamos la excavación. Por otro lado se ha hecho la réplica de Ekain, ha sido declarada monumento de la humanidad. Todo esto nos animó a abrir una nueva excavación. Al ampliar la parte en la que trabajar podíamos estudiar mejor la manera como tenían distribuido el espacio los habitantes de la cueva».
Si hace casi dos años estos mismos investigadores presentaron algunos descubrimientos relevantes en el interior de la caverna como una vulva coloreada en la roca y pinturas no figurativas en rojo y negro, en esta nueva actuación en la cueva se han encontrado detalles de gran importancia que permiten acercarse un poco más al hombre prehistórico. «La verdad es que nos ha dado importantes hallazgos. Hemos encontrado elementos que no habíamos localizado en la primera campaña, como un enterramiento neolítico. Antes no sabíamos que hubiera nada de este periodo, que es posterior al de las pinturas. Ha aparecido el enterramiento de un niño de seis o siete años. A su lado había restos de cerámica y hemos podido reconstruir en parte dos cuencos muy interesantes que apuntan al final del neolítico, que han sido datados en 4.960 años. Podríamos decir que hemos visto llorar en la puerta de Ekain. No cabe duda de que los padres que se preocuparon de enterrar a su hijo debieron llorar como lo hacemos nosotros en esas circunstancias», relata Altuna que en la actualidad es el director científico del Centro de custodia e investigación de los materiales arqueológicos y paleontológicos de Gipuzkoa.
Otra sorpresa fue encontrar un nuevo nivel. «Tampoco conocíamos de las excavaciones antiguas la existencia de un nivel Magdaleniense medio muy fino. Antes teníamos constancia de un Magdaleniense inferior y otro superior. Es muy importante porque en el inferior las relaciones entre Aquitania y la región cantábrica no fueron muy intensas y tampoco en el superior, por el contrario en el medio sí que resultaron muy habituales. Hubo contactos culturales muy importantes. Es en ese estrato en el que ha aparecido el ave. Esta pieza indica una comunicación importante, no sólo tecnológica como el uso del silex sino también cultural, con piezas de arte».
Descripción
La costilla tiene siete centímetros de longitud por casi dos de anchura. Ha sido datada en 13.862 años y está labrada. Lleva las alas plegadas al cuerpo como si estuviera en posición de zambullirse en el agua. Pero puede ser que estén así porque el soporte es una costilla de gran bóvido, bien uro (el antecesor del toro) o bisonte y no había sitio para desplegarlas. La costilla está totalmente perfilada. Quien la diseñó rebajó el cuello, realizó unas rayas oblicuas y surcos para separar las alas que por el borde están festoneadas. También hay líneas en el dorso y una cola con una especie de cuñas. «¿Es un ave que iba a zambullirse o las plegaron por necesidad? Eso no lo sabemos».
La peculiaridad de esta pieza se encuentra en que en esa época los recortes se solían hacer en el hueso hioides de caballo, que se presta a una cierta forma para representar cabezas de animales. Además se le realizaban unos agujeros de suspensión para convertirlos en colgante. Lo excepcional, además de ser una costilla de bisonte, es que la hendieron por la mitad, rasparon todo el interior para tener una superficie lisa de trabajo y luego la tallaron por las dos caras. Además no tiene orificios. «Se conocen algunos recortes en costillas, muy pocos, pero hay algunos como los que aparecieron en Isturitz. Lo absolutamente exclusivo es que se representa un ave. Hasta ahora se conocían cabezas de caballo, bisonte, sarrio e incluso algún pez, pero nunca un ave». Por este motivo van a llevar la pieza a un congreso de arte paleolítico internacional que comienza el próximo lunes en Tarascon sur Ariège, al norte del Pirineo.
Con el dibujo de ave se conocen algunas plaquetas grabadas sobre roca o esculturas realizadas con marfil de mamut como las halladas en Siberia, concretamente en un yacimiento llamado Malta, donde se han encontrado cisnes. En ningún caso hay documentación hasta ahora de un recorte, denominado 'contour découpé', con un ave.
Por las excavaciones realizadas hasta el momento se sabe que durante el Magdaleniense inferior y superior el yacimiento era utilizado solamente en la época templada del año, primavera y verano. Todos los cervatillos que aparecen cazados son recién nacidos o tenían un mes de vida. Sus dientes de leche demuestran que no habían empezado a pastar, todavía mamaban y no tenían gastados los dientes. La cierva es un animal gregario, pero cuando va a parir se aísla del rebaño y una vez que ha nacido la cría permanece sin volver al mismo unos quince días. Parece que los asentamientos base de los cazadores de Ekain estarían en Urtiaga (Deba) o Erralla (Zestoa). Sorprendían a la hembra -los huesos de adulto encontrados son pequeños-, y al cervatillo. «Fue en el Magdaleniense superior cuando probablemente se decoró el santuario del interior de la cueva. Los que hicieron el ave prepararon el terreno, pero llegaron bastante antes».
Este trabajo de investigación ha sido subvencionado por Kutxa y Caja Laboral. Además, el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco también facilitará ayuda para inventariar todo el material encontrado. «Además hemos contado con la colaboración del Ayuntamiento de Zestoa durante los trabajos en la cueva». Todavía pueden darse nuevos hallazgos. Queda por concluir la excavación de la habitación humana, que puede concluirse el año que viene. Por debajo de esta habitación humana se mantiene un gran depósito de sedimentos de osos de cavernas, «que no vamos a excavar, porque hay en muchos en varios puntos de Gipuzkoa».
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