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NEREA AZURMENDI
Viernes, 3 de diciembre 2010, 03:54
Ayer en Lazkao la felicidad tenía nombre y apellido. El nombre y el apellido de Juan Joxe Agirre, el monje benedictino que, tras crear el archivo del monasterio de Lazkao y de gestionarlo durante más de cuarenta años con una escasez de medios que en muchas ocasiones ha rozado la penuria absoluta, veía cómo se materializaba su sueño: disponer de unas instalaciones que garantizaran la conservación de la memoria colectiva más reciente de Gipuzkoa y de Euskadi. Y eso garantiza, precisamente, el nuevo Archivo de los Padres Benedictinos que se inauguró ayer en la localidad del Goierri.
La concreción del convenio que se firmó en abril 2007 entre la orden benedictina, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Lazkao en un edificio sobrio, funcional y luminoso, ideado por los arquitectos Iñigo Guibert e Iñigo Arizpeleta, también llenó de una satisfacción que no ocultaron al padre prior, Rufino Mujika; al alcalde de Lazkao, Patxi Albisu; a la diputada foral de Cultura, María Jesús Aranburu, y al diputado general, Markel Olano. Pero ninguno consiguió superar el entusiasmo de aita Agirre, que participó activamente en todos y cada uno de los momentos de la inauguración.
Una auténtica 'red social'
El inquieto e imaginativo monje, nacido en Alegia hace 80 años y acostumbrado en décadas de trabajo solitario a desempeñar todo tipo de tareas, ejerció de maestro de ceremonias, de guía, se lamentó de no haber tenido tiempo de terminar la exposición que le hubiera gustado tener a punto para el día de la inauguración... Posó satisfecho en su despacho -el primero que ha tenido en la vida-, delante de un ordenador contemporáneo -estaba más acostumbrado a bregar con modelos prehistóricos- y abrió con energía los modernos armarios y planeros -financiados por la CAF- que contienen los materiales que ha ido atesorando durante más de cuatro décadas con la colaboración desinteresada de muchísima gente.
La dimensión colectiva de la obra de Agirre constituyó, precisamente, el eje central de las intervenciones del diputado general y del alcalde de Lazkao. Los representantes de las instituciones que han financiado los 850.000 euros que ha costado el nuevo equipamiento, asumiendo la Diputación el 82% de la factura y el Ayuntamiento el 18% restante, además de la compra del terreno a los Duques del Infantado, destacaron el modo en que Juan Joxe Agirre, que regresó de un período de formación en Cataluña admirado del modo en el que sus hermanos del monasterio de Montserrat preservaban la memoria del país, fue capaz de catalizar el esfuerzo de mucha gente, «creando una red social basada en la confianza». Y de hacerlo en unos tiempos en los que tratar de justificar la posesión de material prohibido en nombre del valor histórico y documental que podrían alcanzar en la posteridad era un ejercicio muy arriesgado. De hecho, ese argumento no impidió hace cinco años que Aguirre fuera retenido e interrogado en el convento por la Guardia Civil.
Un archivo muy peculiar
Por su génesis, por su desarrollo y por su composición, el de Lazkao es un archivo muy peculiar. Además de miles de publicaciones periódicas, innumerables pegatinas, carteles, pasquines, folletos, fotocopias, panfletos, calendarios y otros materiales aparentemente menores integran un fondo que refleja el día a día de la actividad social y política vasca de la posguerra y la transición.
El bibliotecario de Lazkao también ha prestado atención a la biblioteca del monasterio que, pese a ser de instauración relativamente reciente -los benedictinos llevan poco más de un siglo en Lazkao-, cuenta con ejemplares numerosos y, en muchos casos, valiosos. Pero no es ese fondo antiguo, que en su mayor parte permanecerá donde siempre ha estado, en el monasterio, el que lleva años convirtiendo Lazkao en destino de decenas de investigadores que van buscando materiales que, pese a ser aquellos en los que se va escribiendo la Historia a medida que se produce, acaban con más frecuencia en la papelera que en un centro que les proporcione las condiciones idóneas de conservación y el tratamento documental adecuado.
Ese material ocupa la planta superior de un edificio de 580 metros cuadrados que inicialmente se preveía más pequeño pero, a instancias de un Juan Joxe Agirre siempre previsor, se expandió lo suficiente como para garantizar su capacidad de crecimiento y de absorción de nuevos materiales. De hecho, en estos momentos está libre aproximadamente la mitad de la capacidad de almacenaje de un edificio que, en el marco del acto inaugural, fue convenientemente bendecido. Porque el archivo de Lazkao sigue siendo el destino de personas y colectivos que donan al mismo documentos que permitirán a los historiadores tomar el pulso de lo que estaba sucediendo en Gipuzkoa y en Euskadi en las primeras décadas del siglo XXI.
El nuevo edificio no sólo garantiza condiciones de conservación idóneas a un fondo cuya supervivencia, teniendo en cuenta las circunstancias en las que ha pasado muchos años, roza el prodigio, sino que dispone de infraestructuras adecuadas para que los investigadores trabajen cómodamente. Si hace unos pocos años la llegada de la primera fotocopiadora en color fue saludada en el archivo de Lazkao como un advenimiento tecnológico de primer orden, los equipos informáticos de los que se ha dotado normalizan ahora su situación en esa materia.
Además, la labor singular y, pese a la red de colaboradores, solitaria de Juan Joxe Agirre tiene garantizada la continuidad. Aita Agirre sigue a los mandos, pero cuenta con el apoyo de la doctora en Historia Miren Barandiaran y de otros dos trabajadores. Del mismo modo, y tal como se recogía en el convenio, queda garantizado que la memoria de Gipuzkoa se quedará en Gipuzkoa. Y, aunque el archivo de Lazkao no es un centro abierto al público, la difusión de sus contenidos también está prevista en los planes de futuro. Para ello se creará una página web que facilite el acceso a sus catálogos, se seguirán digitalizando y socializando sus fondos y se organizarán exposiciones temporales en el mismo centro-
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