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ALBERTO MOYANO
Viernes, 3 de diciembre 2010, 11:10
La familia Chillida «quiere ser optimista» sobre el resultado de las negociaciones que mantiene con las instituciones para garantizar la supervivencia del museo de Zabalaga. Veinticuatro horas después de emitir una nota en la que anunciaba un ERE temporal para los trabajadores del Museo y el cierre del centro a partir del próximo 1 de enero, la familia del escultor Eduardo Chillida prefería guardar un prudente silencio, pero fuentes próximas a su entorno reiteraban su deseo de caminar «de la mano con las instituciones», aunque sin traspasar determinadas líneas rojas que, en su opinión, harían que Chillida-Leku dejara de ser lo que es.
«¿Que se puede hacer otro tipo de museo? Entonces no sería aquí, sino en otro lado. Si lo que se quiere hacer es algo distinto a lo que es Chillida-Leku no tiene sentido porque su valor es la propia implicación que tuvo en su momento Eduardo Chillida. Es como si quisieran hacer el 'Peine del Viento' de otra manera porque piensan que la gente lo va a disfrutar más y lo cambian. Pues con el museo pasa lo mismo y está formado por el conjunto de todo. Si se quiere hacer de otra manera, antes hay que tener mucho respeto por Eduardo. Entonces ya se verá», señalaron a DV fuentes próximas a la familia.
Acuciado por un déficit estructural que el centro de Hernani arrastra desde prácticamente su creación en septiembre de 2000 y que ha crecido en los últimos años, la familia de Eduardo Chillida mantiene desde hace meses negociaciones con la Consejería de Cultura del Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de San Sebastián para encontrar una fórmula que garantice la pervivencia del museo.
Así, mientras que desde el Gobierno Vasco se emitía el miércoles un comunicado en el que apuntaba que la solución pasaba por una doble base -un modelo de gestión sostenible para el espacio y un estudio de posibilidades de compartir la propiedad patrimonial del museo-, desde la Diputación se plantea también la posibilidad de contar con presencia en los órganos de decisión del centro. «Todo es negociable, pero habrá que ver cómo», recalcan las citadas fuentes, pero insisten en que hay determinadas líneas rojas que no están dispuestas a cruzar: «Estamos de acuerdo en que es necesario un cambio de modelo de gestión, pero éste es el museo que hizo Eduardo Chillida. Es un museo monográfico, en el que se explica su vida, en el que -como decía Andrés Nagel en su artículo- están sus archivos, la correspondencia y su vida entera. Eso es algo a lo que no podemos renunciar».
Sobre la posibilidad de abrir el centro a la obra de otros artistas para atraer al museo no sólo a nuevos públicos, sino también a quiénes ya lo conocen y consideran agotada la visita, desde el entorno de la familia del artista se reconoce que «claro que estaríamos abiertos a que entrara obra y se hicieran exposiciones de otros creadores, pero no a cualquier precio, ni pasando por encima de otras cosas que consideramos importantes».
«Ilusión y ganas»
La familia se remite a su comunicado del miércoles. «Queremos pensar que se llegará a soluciones, pero creemos que también tiene que haber una ilusión y unas ganas de hacer las cosas». El mensaje es la voluntad de los Chillida de ir de la mano con las instituciones «y eso no significa que unos pensemos una cosa y otros, otra, sino que busquemos un acuerdo en interés de todos».
Las citadas fuentes, que matizaron que la seguridad del museo no ha corrido nunca a cargo de la Diputación -tal y como se aseguraba ayer en este periódico-, indicaron que la familia no se arrepiente de nada en lo que respecta a la concepción que desde su inauguración tuvo el centro. «¿Arrepentirnos? No, simplemente, nos apena tener que llegar a esa situación y por eso mismo llevábamos años intentando evitarla».
En su opinión, el anunciado cierre temporal responde a «la propia situación económica del museo. Era algo que se veía venir desde hace tiempo. Un museo como éste resulta insostenible para nosotros, tal y como venimos avisando a la prensa desde hace muchos años. Y a las instituciones, también, incluso desde antes de abrir el museo al público».
En cuanto a la relativamente baja proporción de visitantes guipuzcoanos que a lo largo de estos diez años ha conseguido atraer el centro, la familia Chillida encaja el dato dentro de la normalidad. «Eso es normal en todos los museos. La gente que menos conoce los museos de una ciudad, no sólo en San Sebastián, es la que habita esa misma ciudad. Seguro que hay muchísimos madrileños que no conocen el Prado. La mayoría de directores de museos siempre nos han comentado que les sucedía este fenómeno, incluidos aquellos que están situados en el centro de la ciudad y que, como instituciones públicas, tienen entradas a un precio social».
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