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MARÍA JOSÉ CARRERO
Viernes, 10 de diciembre 2010, 17:07
«Es un angelito que lucha como un jabato», dice el jefe del servicio de Cirugía Pediátrica de La Paz. Manuel López Santamaría se refiere a Ibai Uriarte Costales, un niño vizcaíno de cuatro años que el pasado viernes de madrugada ingresó en la unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos del hospital madrileño. Con la nieve como compañera de viaje durante todo el trayecto, una ambulancia le trasladó desde Cruces al complejo sanitario que es un referente en multitrasplante infantil. El pequeño, vecino de Arkotxa, un barrio perteneciente al municipio vizcaíno de Zarátamo, necesita un nuevo sistema digestivo e intestinal. «Hay que trasplantarle todos los órganos, el estómago, el duodeno, el páncreas, el hígado y el intestino delgado», detalla el prestigioso cirujano.
El pasado día 26, Ibai estuvo en la ikastola. Quince días después, el pequeño se debate entre la vida y la muerte. Sus padres, Javier y Susana, no dan crédito a la tragedia que les ha tocado vivir, mientras tíos y abuelos alzan la voz en todos los medios de comunicación a los que tienen acceso para lanzar un SOS.
«Ibai necesita un donante. Sabemos lo doloroso que es, pero si una familia tiene la desgracia de ver morir a un hijo, que por favor donen el cuerpo para que Ibai pueda vivir», imploran.
«Un caso excepcional»
¿Qué ha ocurrido para que, en menos de quince días, el niño pase de jugar en el patio escolar a estar postrado en una cama con ventilación mecánica y una sonda para recibir el alimento?Los padres no lo saben muy bien. «Se trata de un accidente quirúrgico», dice López Santamaría.
«Estamos ante una situación excepcional que, en más de treinta años de trayectoria profesional, no sé si he visto un par de veces», añade el cirujano.
El lunes 29, Ibai fue intervenido en Cruces para extirparle del abdomen un tumor. Según relata su padre, la operación duró cinco horas, el doble de lo previsto. Después de una noche en la UCI, el niño pasó a una habitación de planta, donde permaneció hasta el jueves. Como la fiebre no remitía, los médicos le realizaron una serie de pruebas hasta que, por la noche, aconsejaron su traslado urgente a Madrid.
«Nos dijeron que se habían roto una serie de vasos sanguíneos y que no llegaba oxígeno a sus órganos», relata el padre del crío sin entender muy bien lo que le dijeron los médicos de Cruces, con quienes este periódico intentó ayer infructuosamente ponerse en contacto para conocer su explicación.
Supervivencia del 60%
«Este niño ha sufrido un accidente quirúrgico en dos arterias: la celíaca, encargada de regar el esófago, estómago, duodeno, bazo, páncreas, hígado y vesícula biliar, y la mesentérica superior, que irriga el intestino delgado y el colon derecho», detalla López Santamaría. «Estamos ante un caso totalmente excepcional por lo ocurrido», prosigue. «Algunos órganos pueden recuperarse, pero es inevitable trasplantar el estómago, el duodeno, el páncreas, el intestino delgado y el hígado, aunque esta víscera aún responde».
Si el reto se antoja inalcanzable, lo que realmente asusta al cirujano es la dificultad de encontrar donante porque «cuando hablamos de donantes pediátricos estamos a expensas de un desgraciado azar». Y es que la vida de Ibai depende, en estos momentos, de que unos «padres generosos» donen el cuerpo de su hijo si un día de éstos se produce un accidente mortal. Si esto no ocurre, las hojas del calendario se terminan para Ibai. «Las posibilidades de mortalidad son del 100%. El pronóstico de supervivencia si hay trasplante es de un 60%», añade.
En la Unidad de Cuidados Intensivos de La Paz, Ibai abre los ojos y mira a sus padres. Es tan pequeño que no sabe qué le pasa, pero se aferra tanto a la vida que los propios médicos están asombrados. «Nos sorprende el aguante del niño. El mecanismo de compensación de su organismo es extraordinario, pero ese equilibrio que presenta es muy inestable. En cualquier momento, se puede romper», advierte el cirujano López Santamaría.
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