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J. P.
Martes, 22 de febrero 2011, 03:05
La Fiscalía y la acusación particular cuentan con una prueba que puede ser decisiva en la resolución del caso. En el escenario del crimen, la Policía halló un cigarrillo con restos de ADN de dos personas: del tío que falleció y del acusado. En opinión de la fiscal, la boquilla es la prueba irrefutable de la implicación del acusado en el delito.
La defensa, sin embargo, no lo ve así. La letrada María Herrera, que representa al procesado, cuestionó la validez de esta prueba así como la cadena de custodia de la misma y, de cualquiera de las maneras recordó al jurado que, al margen de la presencia o no de su cliente, lo que las acusaciones han de demostrar es que fue el autor de los disparos.
El acusado, que se encuentra en libertad provisional, dijo no hallar explicación alguna a la presencia de ADN suyo en el escenario y añadió que estaba «asombrado» por ello. El procesado atribuyó esta circunstancia a una posible manipulación en la que pudo intervenir su ex mujer. Dijo que no descartaba que la boquilla se hubiese obtenido del interior de una furgoneta suya que había sido entregada a su ex mujer.
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