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«No volví para culpar a los muertos»
TRIBUNALES

«No volví para culpar a los muertos»

Comienza en Donostia el juicio por un crimen cometido hace 8 años

JAVIER PEÑALBA

Martes, 22 de febrero 2011, 08:29

El hombre de etnia gitana acusado de matar de dos disparos de escopeta hace ocho años a un cuñado suyo en Donostia negó ayer durante el juicio su participación en los hechos. El imputado aseguró que el día del crimen se encontraba en Madrid, ciudad a la que, según dijo, huyó para impedir que le separaran de su hijo de seis años, cuya custodia le había sido retirada sólo unos días antes. El acusado responsabilizó del crimen a su padre y a un tío, ambos ya fallecidos. «Mi padre me contó que aquella mañana tanto él como mi tío estuvieron en San Sebastián», señaló el procesado.

El juicio, que se celebra en la Audiencia de Gipuzkoa, dio comienzo con la selección de los miembros del jurado. El tribunal quedó conformado por nueve hombres y dos mujeres. Todos ellos deberán establecer el grado de culpabilidad de Fernando U.G., a quien la Fiscalía y la acusación particular que ejerce la madre de la víctima imputan un delito de asesinato y solicitan veinte años de cárcel. La defensa reclama la absolución.

Los hechos tuvieron lugar el 25 de enero de 2003. Sobre las 7.15 horas, la víctima salió de su domicilio, sito en la calle de La Salud, en el barrio de Amara Zaharra, y tras subirse a la furgoneta de su propiedad, junto con su esposa y un hijo de seis años, inició una maniobra hacia la calle Amara, desde donde tenía previsto incorporarse a la Plaza Easo. Los tres ocupantes viajaban en la parte delantera y se dirigían al mercadillo de Irun para vender sus artículos en un puesto ambulante.

La acusación pública detalla que el acusado, junto a un tío suyo ya fallecido, aguardó la llegada de la furgoneta y cuando se encontraba a unos treinta centímetros de distancia, el inculpado ocultó su rostro con la capucha de la sudadera y disparó con una escopeta de cañones paralelos. Los proyectiles impactaron primero contra la luna del vehículo y posteriormente alcanzaron al conductor en la cabeza. La víctima quedó tendida en el asiento que ocupaba y falleció de forma inmediata.

Ajuste de cuentas

Este crimen obedece a un ajuste de cuentas por desavenencias familiares. Para contextualizar los hechos es preciso retrotraerse varios años y conocer las relaciones personales entre los protagonistas del caso. La Fiscalía recuerda que el acusado estaba casado con la hermana del fallecido, si bien la pareja, que tenía dos hijos, se hallaba en trámites de separación.

Fueron precisamente las diferencias conyugales las que desencadenaron la tragedia. La familia del inculpado no aceptaba el fin de la relación conyugal y esta circunstancia dio origen a que se produjera una reyerta en 2001 en el barrio pamplonés de La Rochapea. En el transcurso de aquella trifulca entre las familias falleció un primo del inculpado, Agapito U.J. «Entonces no tuve la personalidad necesaria y los familiares de una y otra familia se inmiscuyeron en la separación», explicó el acusado.

Ayer durante la vista, Fernando U.G. negó que el día en el que perpetró el delito estuviera en Donostia. Declaró que unos dos días antes del crimen huyó de Pamplona, donde residía, para impedir que se cumpliera una resolución de la Audiencia de Navarra, según la cual se le retiraba la custodia de su hijo, que pasaba a manos de su ex mujer.

Recordó que tras la separación, conforme a las costumbres de su etnia, él se quedó con el niño y la madre con la niña. No obstante, precisó que, posteriormente, tras una demanda cursada por la esposa, los tribunales de justicia otorgaron también la custodia del niño a la progenitora.

El procesado aseguró en este sentido que no hubiera podido soportar una vida alejada de su hijo y que fue únicamente esta circunstancia la que le llevó a escapar de la capital navarra. «El mayor privilegio de un padre es poder acostar todos los días a su hijo y abrazarle», dijo.

La confesión de su padre

El acusado permaneció huido cinco años en el transcurso de los cuales residió en Madrid, Valencia, Sevilla y en A Coruña, según relató. Al cabo de este tiempo, en enero de 2008, regresó a Pamplona y se entregó voluntariamente ante la Policía.

El inculpado desmintió que su vuelta se debiera a que tanto su padre como el tío presuntamente implicados en los hechos hubiesen fallecido. «Yo no volví para echar las culpa a los muertos. Lo hice porque mi hijo había cumplido ya doce años y podía decidir con quién deseaba vivir. Yo no tenía ningún temor por lo que me pudiera ocurrir por el asesinato. Yo no estaba implicado», manifestó el acusado.

El imputado desveló, sin embargo, que durante las visitas que su padre le hizo mientras se encontraba huido le había confesado que los autores del crimen habían sido él y su tío.

El inculpado manifestó al tribunal que sus relaciones con la víctima eran «normales, ni especialmente buenas ni tampoco malas» y añadió que ignoraba donde residía el asesinado.

El juicio se prolongará toda la semana y parte de la próxima. Hoy declararán los primeros testigos, entre ellos la madre de la víctima y también la viuda.

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