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J. P.
Viernes, 12 de agosto 2011, 05:18
En Navarra, los apicultores se enfrentan, además de a la avispa asiática, a otro depredador de abejas. Se trata del abejaruco. No es un insecto, sino un ave. Eso sí, de gran belleza pero que es capaz de esquilmar poblaciones de abejas melíferas.
Aun cuando se trata de una especie migratoria, parece haber encontrado en el ecosistema de Navarra más próximo al Pirineo un hábitat inmejorable para subsistir y sacar adelante a sus proles. Habitualmente vive en zonas semidesérticas, estepas, estepas con arbolados, en las que pueda encontrar grietas en suelos arcillosos y de aluviones, según Fauna Ibérica.
Nidifica en los taludes del curso medio de los ríos de la península. Necesita un suelo blando donde construir el túnel en el que nidifican. Aunque su número está creciendo y en los últimos años se descubren nuevas colonias en localidades donde antes sólo se aparecía de forma irregular, el paulatino descenso en las poblaciones de abejas supone un factor preocupante, no sólo por su labor polinizadora, sino también por la supervivencia de uno de sus más importantes depredadores, como es el caso del abejaruco.
Los abejarucos se alimentan de insectos que capturan en vuelo o sobre el suelo. Causa verdaderos estragos en las poblaciones de abejas, lo que le ha valido, además de su nombre, la persecución de los apicultores. Además de estos insectos, consume libélulas y coleópteros. Desde sus posaderos sale en persecución de los insectos que se acerquen por medio de un vuelo de caza corto. «En Navarra, los apicultores están realmente preocupados por la presencia de esta ave», señala Julián Urkiola.
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