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P. ECHANIZ
Sábado, 29 de octubre 2011, 04:43
Entonces no había pinganillo y nos solíamos comunicar con Guruceta por contraseñas, que resultaban muy eficaces, pero con aquel follón en el Nou Camp fue imposible advertirle que la falta de Rifé a Velázquez había sido fuera del área», comenta Luis Olasagasti, el linier que corría la línea del área barcelonista en el partido de Copa Barcelona-Real Madrid que propulsó el nombre del árbitro guipuzcoano Emilio Guruceta. El escándalo arbitral más sonado de la historia, que se produjo el 6 de junio de 1970.
Emilio Guruceta hubiera llegado a los 70 años el próximo sábado, día 4. Y el 25 febrero se cumplirán 25 años de su muerte, en accidente de tráfico en Fraga cuando viajaba hacia Pamplona para dirigir un partido de Osasuna (entonces vivía en Elche donde tenía una empresa de calzado deportivo). Su nombre ha quedado en la historia, pero afortunadamente no sólo por ese escándalo sino por su gran categoría arbitral. De hecho, el trofeo al mejor árbitro de cada temporada lleva su apellido. Su recuerdo y su polémica perduran un cuarto de siglo después.
«El partido iba bien, aunque el ambiente en el campo estaba muy cargado, con mucha ansiedad después de que el Barcelona marcara un gol y se acercara a igualar la eliminatoria. Era un partido de Copa y en la ida el Madrid había ganado por 2-0. Yo cubría la zona del área madridista y el linier de la otra banda era Eusebio Nieva. Estábamos muy compenetrados y todo parecía estar controlado, pero llegó esa jugada y no hubo manera de indicarle a Emilio lo sucedido. De todos modos no sé si me hubiera hecho caso porque si él lo veía claro, su decisión solía ser firme», afirma Olasagasti quien asegura que «los jugadores no ayudaron nada y contribuyeron a aumentar la tensión».
La noche fue larga para Guruceta y sus liniers, que acabaron en comisaría. «Nos tranquilizó mucho que nos acompañara González Echeverría, el presidente de los árbitros guipuzcoanos. Nosotros actuamos de buena fe y no comprendíamos que una decisión arbitral fuera un tema de comisaría».
«Una buena persona»
Su carácter altivo en el campo, su presencia imponente y seria, contratastaba con su forma de ser extrovertida. «Emilio era una buena persona, si no le hacías una faena, era incapaz de hacerte daño», señala Olasagasti.
En la misma línea se expresa el periodista Gorka Reizabal, que fue árbitro y actuó como linier en tres ocasiones con el famoso colegiado. «Guruceta era muy dicharachero, muy simpático, pero en el campo imponía con su presencia. Entró en el arbitraje como un ciclón, subió de Tercera a Primera en tres temporadas y con 28 años estaba entre los mejores. Su aspecto esbelto y su forma física contrastaba con muchos de los otros colegiados que parecían señores mayores y fondones. Fue el primer árbitro atleta, el primer árbitro rutilante. Le lanzó González Echeverría, que quizás se veía retratado en él, y destacó muy pronto».
De hecho, Guruceta era ya famoso antes del incidente del Nou Camp. El propio Reizabal comentaba hace años en un artículo que el colegiado creó polémica hasta con su boda, una exclusiva fotográfica que vendió a la revista '¡Hola!' por medio millón de pesetas. Se casó con la donostiarrra María Carmen Cruz, con la que tuvo dos hijos, el mayor de nombre Gabriel, como uno de los hermanos del árbitro -todos deportistas- que fue entrenador de natación y también perdió la vida en un accidente de tráfico.
«Yo estuve de linier con Guruceta en el propio Nou Camp unos días antes del incidente, en la eliminatoria anterior contra el Celta de esa temporada 1969/70. No tuvimos ningún problema, jamás hubiéramos pensado la que se iba a armar en la siguiente visita. Recuerdo que al acabar el partido, Guruceta se quiso llevar el balón como recuerdo, pero lo cogió rápidamente Lezcano, un paraguayo del Celta. Y Emilio le dijo una de sus frases célebres: 'Tú, chiquitín, dame el balón'».
Ese «tú, chiquitín» lo decía a menudo, aunque su frase más sonada era «mis cojones son claveles», que solía repetir. «Si eso es penalti, mis c... Era muy particular». Los liniers de Guruceta corrían la banda con soltura, había que seguir a aquel atleta que hacía las diagonales como una flecha. «Un periodista escribió una vez que parecíamos Guruceta y su ballet».
Conflicto político y huelga
Desde aquel incidente, Guruceta dejó de arbitrar al Barcelona que año tras año le recusó hasta 1985. «Me utilizaron políticamente. Sé por boca de un ministro que mi caso estuvo en una mesa ministerial. Se trataba de dar una satisfacción a Cataluña, y a mí me cogieron de tonto», comentó el árbitro en 1980. Guruceta fue sancionado durante seis meses. «Fue una sanción incomprensible, le acusaron de provocar un conflicto de orden público. ¿Cómo se puede ocasionar eso al señalar una falta dentro o fuera del área», comenta 'Pato' Reizabal.
Como protesta por dicha sanción, los árbitros guipuzcoanos de toda las categorías fueron a la huelga. «Lo solucionaron trayendo a Gipuzkoa árbitros navarros. Entonces aprendí lo que significaba la palabra esquirol».
Tras seis meses de sanción, Guruceta siguió su carrera. Fue árbitro internacional, dirigió partidos en los Juegos Olímpicos de Montreal y Moscú, pero volvió a toparse con el escándalo por una acusación de soborno por parte del Anderlech en un partido con el Nottingham.
Claro que nada fue comparable a aquella noche del 6 de junio de 1970 en el Nou Camp a la que regresamos en el recuerdo. El comienzo de una preciosa crónica de Manuel Vazquez Montalban describía así lo sucedido tras el penalti: «Guruceta extiende el brazo y avanza corriendo hacia el punto de penalty. Un grito roto nace en la garganta de los espectadores, las almohadillas parecen ya amapolas entre los trigales verdes. Los jugadores barcelonistas inician un movimiento de retirada hacia los vestuarios. Siguen brotando las amapolas nocturnas sobre el césped. La lluvia de almohadillas es impresionante. Veinte, treinta mil almohadillas llenan la noche de extrañas coloraciones, y detrás de las almohadillas surgen los primeros espectadores. No saltan para agredir al árbitro. Saltan para decir a los jugadores que se vayan. Guruceta empieza a inquietarse. Nadie le toca ni un pelo en toda la noche...pero alguien le aconseja 'pies para que os quiero'.
Y Guruceta se fue.
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