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JAVIER GUILLENEA
Jueves, 10 de noviembre 2011, 14:17
Los rostros del alcalde de San Sebastián, Juan Karlos Izagirre, de los concejales y técnicos que le acompañaron y de responsables de los Bomberos y la Guardia Municipal fueron cambiando a medida que se desarrollaba la reunión. Habían acudido a la ikastola Arantzazu Ama para dar explicaciones a los vecinos de Martutene afectados por las inundaciones del pasado fin de semana. Sabían que se habían metido en mitad de la tormenta y muy pronto pudieron comprobar que estaban en lo cierto.
Como suele decirse, la tensión se palpaba en el ambiente. Cualquier palabra mal pronunciada provocaba una tempestad de gritos y murmullos que se precipitaba sobre las cabezas de los responsables municipales. Ante ellos, en el gimnasio de una ikastola en cuyas aulas de la planta baja se amontonaban muebles arrastrados por el agua, escuchaban varios centenares de vecinos que se sabían de memoria los años de las inundaciones que les ha tocado sufrir y las promesas que riada tras riada han recibido por parte de los políticos. «Llevamos 60 años y todos nos venden la misma moto que vosotros. Queremos que nos deis vuestra palabra de que vais a hacer algo», espetó un vecino.
Que la reunión no iba a ser nada cómoda lo supo el alcalde desde que pronunció sus primeras palabras. Comenzó hablando en euskera pero no pudo continuar mucho más porque varias personas le gritaron que no entendían y le pidieron que hablara en castellano. Izagirre intentó defender su posición con un tímido «estoy en mi derecho», pero su voz fue acallada por muchas otras que insistieron en que no sabían euskera. Por si fueran pocas las quejas, un hombre gritó al primer edil «¡que se levante!», sugerencia a la que el alcalde accedió de inmediato. Se levantó y comenzó a hablar de nuevo, esta vez en castellano.
«Sé que hay mucha tensión y enfado. Hemos venido porque había que venir a dar la cara y ofrecer explicaciones, no me gustaría que haya follón», dijo Izagirre. El alcalde de San Sebastián explicó en su primera intervención todos los pasos que dio el Ayuntamiento desde que se desencadenó el temporal y se recibieron los primeros avisos de que el riesgo de inundaciones era muy elevado.
La tempestad para los ediles arreció cuando Izagirre anunció que ha convocado a todos los donostiarras a asistir a una asamblea para que surjan voluntarios que acudan este sábado a las calles de Martutene a ayudar a los afectados. El anuncio fue recibido con una mezcla de carcajadas y abucheos que hicieron temblar al poder municipal. «¿El sábado? ¿Ahora se les ocurre?», gritaron algunas personas. «Os estáis alejando de la ciudadanía y os acercáis al político», les recriminó un joven que recordó entre aplausos a los ediles que «lo del voluntariado ya se ha hecho, todos los voluntarios ya han venido a ayudarnos».
«No pedimos limosna»
Los representantes municipales tuvieron que oír de todo, incluso palabras de agradecimiento por haber acudido a dar explicaciones. «Es la primera vez que alguien viene a darlas», les dijeron. Pero las mismas personas que daban las gracias arremetían después contra los responsables de su situación. «Todo ha funcionado mal, la ayuda es una mierda y lo que nos proponéis es una mierda. Esto no es un problema del barrio, sino de la Administración vasca, os pedimos que nos defendáis ante el Ayuntamiento, la Diputación y el Gobierno Vasco porque no estamos pidiendo limosna, sino un derecho».
«Nuestros derechos ciudadanos han estado pisoteados durante 60 años», prosiguió el mismo vecino, que como alargaba su intervención fue interrumpido por la concejala que ejercía de moderadora de la asamblea informativa. «¡Cállate, coño!», fue la respuesta que recibió la edil por parte del orador.
Para entonces sobre los representantes municipales había caído una lluvia de epítetos entre los destacaban por su abundancia los de «mentirosos». Cualquier explicación recibía las quejas de los oyentes, que sostenían todo lo contrario. Como cuando la concejala Nora Calparsoro, responsable de la presa del Añarbe, insistió en que el embalse no había abierto sus compuertas para aliviar la presión del agua. Esta afirmación provocó una airada reacción por parte de los vecinos, que acusaron a la edil de mentir. «Nos estáis engañando», gritaron algunos. Calparsoro aseguró que «entre el sábado y el domingo solo se soltó el caudal ecológico, lo que no afecta a la subida del río Urumea». Además, prosiguió la concejala, «se consiguió aguantar casi un millón de centímetros cúbicos, se contuvo el agua para que la situación no se agravara».
Los gritos aumentaron cuando le tocó el turno al responsable de los Bomberos, que comenzó su intervención admitiendo que «la comunicación siempre es mejorable». Poco más pudo comunicar porque cuando recordó que «se informó a los vecinos de la situación por megafonía» resultó que nadie lo recordaba. «Mentira, no avisaron, por mi casa no pasó nadie, sois unos mentirosos». «Todo lo que decimos que pasó vosotros decís que es mentira», se quejó el responsable de la Guardia Municipal cuando intentó dar su versión de los hechos.
En líneas generales los responsables municipales mantuvieron la compostura. Izagirre afirmó en varias ocasiones que comprendía el enfado de los vecinos y que a él le ocurriría lo mismo. También recordó que el actual equipo de gobierno acaba de llegar y que sobre la mesa tiene un plan para reducir el riesgo de inundaciones en el Urumea que existe desde hace tiempo y nadie ha puesto en marcha. «Me llevo una bronca del copón y soy el único que ha dicho que va a llevar adelante el proyecto», se lamentó.
«Aunque sea un muro»
El hartazgo de los vecinos era evidente en sus intervenciones. «Vivo en la colonia de El Pilar. Hay gente que ha perdido sus casas, negocios recuerdos, todo. Si pasado mañana vuelve a llover, por mucho que nos pague el seguro volveremos a tener el río en nuestras casas. Planten aunque sea un muro de hormigón horroroso, pero hagan algo», pidió una mujer.
«Yo os he votado. Tengo un metro setenta de agua en casa, no quiero estar siempre mirando al cielo por si caen cuatro gotas», dijo un hombre. «Nuestra sensación es de desamparo total y olvido absoluto», afirmó un vecino. «No hemos visto a los políticos», acusó otro. «Estamos haciendo lo que podemos, comparto vuestro desamparo. Martutene ha sido un barrio olvidado. Este Ayuntamiento no es responsable de la lluvia que ha caído pero para nosotros Martutene va a tener importancia», prometió el alcalde. «A ver si es verdad», respondió una mujer.
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