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SANTIAGO ZUAZUA szuazua@diariovasco.com
Jueves, 24 de noviembre 2011, 11:09
Marcelino Oreja (Madrid, 1935) ha plasmado su dilatada trayectoria como político y diplomático en su libro 'Memoria y esperanza. Relatos de una vida', volumen autobiográfico que desgranó ayer en el Museo de San Telmo, en un acto organizado por la Sociedad Bascongada de Amigos del País.
-¿Qué supone para usted volver a San Sebastián?
-Regresar a mis orígenes. Aquí estuve hasta los 30 años y siempre he sentido que es mi cuna y hogar.
-¿Entonces ya intuía que iba a vivir una vida tan intensa dentro de la política y la diplomacia?
-No. Mi madre, eso sí, siempre tuvo una gran preocupación porque yo aprendiera idiomas y quizás ése fue uno de los motivos que me condujeron a estudiar Derecho, primero, y luego a ingresar en la carrera diplomática.
-¿Cómo entró en la política?
-Por muchas razones, una de ellas porque algunas personas creyeron que yo debía participar debido a mi vocación por buscar una forma de restauración de las reglas democráticas, de la convivencia, de la reconciliación... ideas que me inspiró mi madre. A pesar de la muerte dramática de mi padre, el 5 de octubre de 1934 (asesinado en Mondragón por militantes ugetistas en la Revolución de Octubre), ella nunca me transmitió una idea de odio, de hostilidad.
-En la transición española tuvo un papel relevante.
-Formamos el grupo Tácito en los años setenta y en él todos estábamos convencidos de que había que preparar un futuro de convivencia, libertad y democracia. Y cuando el rey llamó a Adolfo Suárez para ser presidente del Gobierno, de los catorce ministros elegidos, siete éramos de Tácito. Por eso nuestra tarea fue muy fácil, porque sabíamos lo que pensábamos y teníamos una idea muy clara de qué España ansiábamos. Y en año 76, participamos en aquel proceso tan difícil como apasionante que desencadenó en las elecciones del 77.
-¿Cómo recuerda aquellos tiempos de la transición?
-Tuve la suerte de colaborar junto a otros muchos y una de sus manifestaciones fue que se reconociese el hecho diferencial entre los distintos pueblos de España. Después quise continuar como diputado por Gipuzkoa, pero el presidente me ofreció ser gobernador general del País Vasco, algo que acepté inmediatamente. Era un momento difícil y doloroso. En 1980, en mi primer año en el cargo, hubo 104 muertos y son momentos que no puedo olvidar, como tampoco olvido a las personas que me ayudaron en aquella tarea y, sobre todo, en conseguir dos objetivos muy importantes entonces: la restauración del Concierto Económico y el reconocimiento de la Policía Autónoma.
-Y después llegó a ser ministro de Asuntos Exteriores.
-Tuve la suerte de poder abrir horizontes a la política española en el exterior, eso sí, con el impulso del rey, que fue el gran motor del cambio, y con la decisión de Adolfo Suárez.
-¿Ahora ve posible llegar a acuerdos para salir de la crisis?
-Creo que es necesario. Y esa necesidad tiene que darnos la virtud para poder conseguirlo. Una situación tan difícil como la actual sólo se puede afrontar así, desde el consenso. A tantas personas que sufren lo que significa la falta de empleo, la falta de posibilidad de trabajar, la falta de esperanza... hay que devolverles la esperanza, y hay que hacerlo con resultados.
-¿Cómo valora los resultados de las elecciones?
-Ha habido una confianza hacia un partido político que tiene que alentar los cambios. Creo que debe iniciarse un diálogo, y es necesario buscar un crecimiento económico que permita afrontar este tema tan grave. Y para salir hay que hacerlo también de la mano de las instituciones europeas.
-¿Es optimista?
-Lo soy por definición y hay que ver el futuro desde la responsabilidad, pero con esperanza. Yo no puedo perderla y la tengo en los españoles y también en los gobernantes. Y ellos, con la ayuda de toda la ciudadanía, deben intentar dar ese paso definitivo para que este progreso que España ha realizado a lo largo de los últimos años se conserve y aumente.
-¿Ve a Rajoy capacitado para liderar este proceso?
-Tengo una gran confianza en él. Tiene una buena preparación, un gran equilibrio, sosiego, gran capacidad de convicción... Y creo que será capaz de rodearse de un gran equipo, que él estará en condiciones de liderarlo.
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