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SALUD

La crisis nos pone enfermos

El recorte en gastos de alimentación provocará una epidemia de infartos, obesidad y diabetes

FERMÍN APEZTEGUIA

Viernes, 25 de noviembre 2011, 03:30

La crisis económica está minando nuestra salud. Lentamente, sin que apenas se note, centros de atención primaria, hospitales públicos y clínicas privadas van llenándose de miles de víctimas de la recesión, en un goteo imparable, que no ha hecho más que comenzar. Ocurrió antes en otros países, como México y Estados Unidos; y ahora la ola llega a España. Contra lo que pueda creerse, la falta de empleo y bienestar no sólo dinamita la salud mental. El cuerpo entero paga la factura de los malos tiempos que corren. Se come peor, se practica menos ejercicio, se sufre más... Hasta se hace menos el amor.

La histórica imagen de un estadounidense arrojándose por la ventana durante la Gran Depresión de 1929 ha contribuido a extender la idea, medianamente falsa, de que las crisis vienen acompañadas siempre de una epidemia de enfermedades mentales. Si falla el empleo, las consultas se llenan de pacientes con cuadros de estrés, ansiedad y depresión. Es cierto, pero sólo en parte. El jefe del servicio de Endocrinología y Nutrición del hospital Carlos Haya de Málaga, Federico Soriguer, resume en una sola frase buena parte del reto sanitario al que se enfrenta España en estos momentos. «El problema es que una hamburguesa es más barata que dos manzanas», dice el experto. Y esa es la realidad. Los tiempos de vacas flacas comienzan mermando la cesta de la compra y acaban por afectar a todos los aspectos de la salud, la física y la mental.

Desde hace ya tres años, organizaciones públicas y privadas, como Cáritas, vienen alertando de que la crisis está saturando los comedores sociales. Cada vez hay más población con menos recursos, tan pocos que no les llega ni para comer. La situación, lejos de mejorar, empeora y, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Consumo, dos de cada tres familias españolas han reducido en el último año el fondo que destinaban a alimentación.

La venta de productos blancos, más baratos, pero de mediana calidad, ha crecido desde 2007 hasta hoy un 20% hasta representar ya el 54% de la cesta de la compra. Los hábitos de consumo no sólo son un reflejo de la salud de la población, sino que además, influyen decisivamente en ella. ¿De qué manera?

Dolor sin causa

Para hacernos una idea del impacto que tiene y tendrá la actual situación económica en la salud de los españoles, imaginemos a un ciudadano que trabaja en una mediana empresa, que ha pasado ya por varios expedientes de regulación de empleo (ERE). Teme que el próximo en perder su trabajo sea él y comienza a sentirse mal. Acude a su médico de cabecera. Podría ser, por ejemplo, José Antonio Estévez, especialista de Atención Primaria, que trabaja en un centro de salud del centro económico y financiero de Bilbao. El cuadro de nuestro protagonista, según el experto, es el más común.

La mayoría de los pacientes de la crisis acuden a la consulta quejándose de algún dolor, «agudo o crónico», que muchas veces sólo existe en su mente. Los facultativos les practican pruebas y nada, ni rastro de enfermedad. «De momento, prevalece la patología psicosomática», explica el facultativo, que ha visto aumentar su número de atenciones en casi un 10%.

Sus pacientes también presentan, efectivamente, cuadros de estrés, ansiedad y depresión, pero no sólo. Le cuentan «que están agotados, que tienen insomnio» y que, en muchos casos, han comenzado a sufrir brotes de las llamadas enfermedades autoinmunes, que son aquellas generadas por el propio sistema de defensas. Problemas de la piel, como dermatitis y psoriasis, resultan cada vez más comunes. «Todavía no hemos visto más infartos de lo normal, pero seguramente llegarán. De momento, nuestro consejo es, sobre todo, psicológico, para ayudarles a afrontar la nueva situación».

El estrés y la ansiedad también son una de las principales causas de un mal que está creciendo en las consultas de los dentistas. Los trastornos temporomandibulares. «Cuando estamos angustiados, tendemos a apretar la mandíbula, lo que con el tiempo favorece la aparición de dolores musculares, inflamación, cefaleas, otitis y lesiones dentales», explica Rafael Martín-Granizo, presidente de la sociedad española de cirujanos orales y maxilofaciales.

Más hamburguesas

Si no al odontólogo, lo lógico es que los cambios en la alimentación acaben llevando a nuestro paciente a la consulta del 'endocrino'. Tampoco en esta sala de espera él es la única víctima de la recesión. Según Javier Salvador, jefe de Endocrinología de la Clínica de Navarra, está demostrado que con las crisis aumentan el sobrepeso y la obesidad por varias razones. Para empezar, la población come peor porque «se alimenta a base de productos ricos en carbohidratos y grasas» y porque el estrés -otra vez- favorece el acúmulo de grasa abdominal. «La gente en paro -añade tiene más tiempo para hacer ejercicio, pero no lo hace». Se deprime, se sienta frente al televisor y vacía la nevera.

El contenido de ese frigorífico ya no es el mismo que en los viejos tiempos de bonanza. Lo sabe bien el nutricionista Javier Aranceta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición, que ha estudiado el asunto. Hay menos pescado, menos verduras y hortalizas, lógicamente menos marisco, pero también menos pan. Su dieta, por contra, según datos del último año, también del Instituto Nacional de Consumo, se ha enriquecido con más pastas, más arroz, más latas de conserva y más patatas y pescado congelado. «Al subir los precios, la población tira hacia productos más baratos. Lo lógico sería intentar hacer una dieta igual de equilibrada con menos recursos económicos, que es posible si se comparan precios, pero no ocurre así». Lo prueba el hecho de que la venta de comida rápida hayan crecido en el último año un 2,3%.

Muchos trabajadores optan por comerse una hamburguesa con patatas fritas y un refresco por la mitad de precio o menos que lo que pagaban antes por un menú del día. «Eso es una bomba de densidad energética que te sacia durante la primera hora. A la larga son sólo problemas de salud», explica Aranceta. No tardarán en llegar, además de obesidad, mayores casos de diabetes, infartos de miocardio, ictus...

El paciente imaginario sigue visitando especialistas. El psicólogo del trabajo Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá, dice que las consultas se han abarrotado. «Tenemos más trabajo que nunca», sostiene. Su grupo de pacientes está formado, entre otros, tanto de parados de 45 años como de trabajadores que, como el protagonista de este reportaje, conservan el empleo, a pesar de haber soportado varios ERE y se encuentran psicológicamente muy dañados, siempre temerosos a perder el trabajo. «Lo llamamos 'síndrome del superviviente'. Tienen problemas para concentrarse y cursan con insomnio, depresión, angustia, todo tipo de somatizaciones y conductas de adicción», relata.

«No estamos para sexo»

Del psicólogo al psiquiatra. La especialista Ana González Pinto, jefa de programas especiales de Psiquiatría del Hospital de Araba, relata que en tiempos como los que corren los pacientes con enfermedades mentales graves, como esquizofrenia, ven complicarse sus patologías y aumentan, mínimamente, pero crecen, los casos de suicidio. «Está comprobado que en tiempos de crisis descienden las víctimas de tráfico y aumentan las tasas de salud mental, sobre todo en hombres, entre quienes aumentan los suicidios», detalla la experta, profesora de la especialidad en la Facultad vasca de Medicina y Odontología.

Ningún rincón de la vida cotidiana escapa al impacto de la crisis en la salud. El último gabinete que visita el imaginario paciente de este reportaje es el de Sexología. El centro que atienden las especialista Lurdes Lavado y Mertxe Gil en Bilbao ha visto crecer un 10% en los últimos años la demanda de terapias, tanto de pareja como de pérdida de deseo, empujada por el aluvión de patologías generadas por la recesión «La gente tiene tantos problemas en la cabeza, que no está para el sexo», dice Lavado.

Lo más curioso de todo: muchas parejas de mediana edad se plantean la terapia porque no tienen suficientes recursos económicos como para afrontar un divorcio. «Lo dice el refrán», recuerda Lavado. «Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor escapa por la ventana. Pese a todo, según una encuesta conocida esta misma semana, dos de cada tres españoles, pese a todo, dicen ser felices. La crisis de salud ahoga, pero de momento no aprieta.

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