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JUAN MARI ZUBIAURRE
Viernes, 2 de diciembre 2011, 09:55
Juan Manuel Pinedo es uno de esos zarauztarras que ha dedicado su vida al servicio de su clientela desde sus dos tiendas, Maragus y Laspiur, junto a su esposa Mercedes y sus hijos Alberto e Iñigo. Ya retirado, recibió el homenaje de Murkil y ahora desde su larga experiencia nos resume una vida ligada al comercio.
-¿Cuando empieza a trabajar en el comercio?
-Yo me coloqué en San Sebastián con 19 años, en el servicio extranjero del Banco Bilbao, un poco debido a la facilidad que siempre he tenido con los idiomas. En aquel entonces pocos hablaban inglés y francés y con el tiempo he acabado hablando alemán. No puedo presumir de hablarlos perfectamente pero siempre me he comunicado con cualquier extranjero. De hecho he tenido años de buen turismo en Zarautz en los que pasarían días en los que hablaba más estos idiomas que el castellano o el vasco.
-Pero en esa época ya compaginaba su trabajo con la tienda.
-Así es. Por las mañanas en el banco y por las tardes en Maragus que era la tienda inicial con ropa de caballero, señora y niño. Pero mi madre se puso enferma y entonces no me quedó más remedio que hacerme cargo de la tienda y dejar mi empleo en San Sebastián. Es curioso que para salir del banco me pusieron muchas zancadillas, cuando actualmente están deseando que te marches. Les tuve que decir que no siguieran por ahí. Estaba muy contento con el trabajo, me llevaba bien con todos y éramos cerca de un centenar, pero me debía a la tienda. Incluso me dieron una carta concediéndome la excedencia por si quería volver, cuanto antes mejor.
-¿Qué vendían entonces en Maragus?
-Señora, caballero y niño. En menos cantidad por cuestión de espacio pero luego al abrir Laspiur aquella tienda quedó exclusivamente para ropa de bebé. Señora y caballero se trajeron a Laspiur, pero llegó un momento que pese a trabajar bien ambas especialidades no teníamos espacio para mostrar todo el género y con el hijo tomamos la decisión de elegir una. En Zarautz siempre ha habido muchos establecimientos dedicados a señora, por lo que decidimos dedicarnos a caballero y quitar el renglón de señora. Esto sería hace unos 25 años. Gracias a esto teníamos más espacio y acabamos por traer más producto y creo que podemos presumir de tener un surtido y una calidad muy buenos.
-Laspiur tiene un enfoque especial.
-Sí. Lo hemos enfocado siempre en plan de señor, no de chico joven. Yo lo empecé así y mi hijo lo ha seguido igual. Hay otras tiendas en la localidad que se dedican a esa chavalería y nosotros hemos sido más clásicos.
-Y el precio.
-Pues mira, tengo anécdotas en las que el mismo género que tenía en la tienda se podía encontrar en otras de San Sebastián con las que hemos colaborado en ocasiones y que son amigos incluso. Recuerdo en una ocasión, estando en una de estas tiendas, al entrar un extranjero el amigo me pidió que lo atendiera yo como si fuera un empleado de allí. Le pregunte lo que quería y me dijo, todo esto en inglés por supuesto, que una americana de ante de un color determinado. Yo conocía el género, sabía dónde estaba, se lo saqué y se lo probé. A la primera le acerté la talla, le gustó y me preguntó cuánto valía. Al darle la vuelta a la etiqueta le dije lo que allí aparecía y se fue a la caja a abonar el precio. Evidentemente yo tenía este género en casa y sabía nuestro precio y al marchar el cliente, una vez solos, le dije al amigo «oye chato, os quedáis tontos, eh», la diferencia era muy notable respecto a la misma chaqueta de ante que tenía yo en la tienda. Incluso hoy en día las diferencias son grandes.
-¿Qué tiene el comercio pequeño frente a los grandes almacenes?
-Para mí la venta de comercio pequeño es más noble, más aconsejada. Aquí se vende y en los grandes almacenes tú compras. Por mi profesión me doy cuenta cuando voy por la calle quién ha comprado en un gran almacén, si le veo que la manga de la chaqueta le llega a los dedos pienso que tiene que ser un comerciante muy torpe para que le deje salir a ese cliente de esa forma. Lo primero que le dices es que se lo vas a cortar y ponérselo a su medida. Pero en un gran almacén el cliente escoge y la señorita de la caja te hace el paquete y te cobra. El pequeño te da consejos, te ayuda en la compra e incluso te recomendará llevarte algo que puede ser más barato sabiendo que es mejor para el cliente.
-Pero la situación del pequeño comercio es difícil.
-Sí que lo es. Hace poco comentaba con una comercial que deberíamos presionar al ayuntamiento. Imagina que todos los comercios de Zarautz apagamos nuestros escaparates a las 7 de la tarde. Las calles se quedarían tristes porque nosotros damos vida al pueblo. Necesitamos ayuda. Por ejemplo dando facilidades para aparcar, quitando la OTA los sábados porque de otro modo la gente se va a una gran superficie que tiene aparcamiento gratuito y otras medidas.
-El cambio de la peseta al euro, ¿cómo ha influido?
-Creo que en el textil no ha habido una subida como para llevarse las manos a la cabeza. Quizás en otras especialidades como en la alimentación la diferencia ha sido mucho más notable.
-El homenaje de Murkil, ¿cómo lo ha vivido?
-Fue una sorpresa y algo muy bonito. Como se dice en vasco «Ez dago arrosarik arantzarik gabe»(no hay rosa sin espina). Eso significa que te hacen un homenaje porque ya eres viejo pero es de agradecer que alguien, no se quién, nos haya tenido en cuenta a esta generación que hemos estado tantos años detrás de un mostrador. Eché en falta a dos muy buenos amigos que también hubieran sido merecedores de este homenaje como eran Antonio Cazalis y Teodoro Rochas ambos muy conocidos pero ya desaparecidos. La vida es así, todo tiene sus pros y sus contras. Que te hagan un homenaje es bonito pero significa que ya estás mayor y empiezas a escribir con el ocho.
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