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Paco Urquia en la entrada de su establecimiento. :: AMAXKAR
«El homenaje es a toda la familia Urquia, yo solo recogí la placa»
Paco Urquia, Comerciante homenajeado por Murkil

«El homenaje es a toda la familia Urquia, yo solo recogí la placa»

A sus 76 años recién cumplidos ha recibido el homenaje de la Asociación Murkil en nombre de toda la familia Urquia

JUAN MARI ZUBIAURRE

Viernes, 16 de diciembre 2011, 08:58

Paco Urquia es uno de esos personajes populares que todo zarauztarra conoce. Toda una vida como comerciante en su Casa Urquia y muchos años ligado al deporte en nuestra localidad le avalan. Recientemente ha sido homenajeado por Murkil y hemos querido conocer un poco más su andadura comercial, que se ha prolongado hasta hace bien poco.

-¿Cómo se introduce Paco Urquia en el mundo comercial?

-Nuestros difuntos padres empezaron con la venta de la prensa en un puesto de madera que se hizo en el mercado justo a la entrada que da a kale Nagusia que anteriormente se llamaba Nuestra Señora de Aránzazu, posteriormente calle Mayor y ahora Nagusia. Desde niños toda la familia empezamos a colaborar siguiendo sus pasos. Los 8 hermanos empezamos a partir de los 7 años. Allá por el año 42 la prensa venía de San Sebastián en el tren de las 7 de la mañana. Íbamos los hermanos con el padre y tras recoger la prensa hacíamos reparto domiciliario. Una vez terminado, unos, como mi caso y el de mis hermanos más pequeños, nos íbamos a la escuela y los más mayores a trabajar a la empresa. Mis padres llevaban muchos años en esto e incluso antes de EL DIARIO VASCO y la Voz de España había un periódico que se llamaba La Constancia según creo y que nosotros no llegamos a conocer.

-¿Cómo ha cambiado Casa Urquia en todo este tiempo?

-A base de trabajar muchísimo y de meter horas. Hay que tener en cuenta que antiguamente solo había dos días festivos para el comercio de venta de prensa que eran Viernes Santo y el día de Navidad. Incluso los domingos y festivos teníamos la tienda abierta porque había prensa por la tarde que venía de San Sebastián, La Unidad, y de Madrid.

-Del puesto del mercado pasan a otro local.

-Primeramente teníamos el puesto del mercado y después arrendamos un local en el número 44 de la calle Mayor donde estuvimos muchísimos años (la vivienda también la teníamos arriba). Luego acabamos viniendo al comercio actual y si no me equivoco hemos cumplido 30 años el día de San Pedro que estamos aquí. Todos hemos estado siempre muy unidos y el trabajo nunca nos ha asustado. Como todas las familias trabajando hemos sacado las castañas.

-¿En qué situación se encuentra el pequeño comercio en la actualidad?

-No voy a descubrir nada diciendo que la situación económica es mala. Pero es que esta muy difícil por la competencia enorme, brutal en todos los sentidos en los comercios y para sacar una familia la vida adelante hay que trabajar muchísimo. Yo les digo a los jóvenes que lo van a tener difícil pero el único camino es seguir trabajando.

-Acaba de recibir el homenaje de Murkil, ¿Cómo lo vivió?

-Cuando nos dijeron lo del homenaje en principio tenía que ir mi hermana mayor, Carmen, que tiene 87 años, pero como no está en condiciones para salir, en casa se decidió que fuese yo. Puse la condición de que me acompañara mi sobrina porque para subir escaleras ando fatal. Una vez allí me llevé una gran impresión. El festival fue precioso, ni me lo esperaba, bonito, bonito. Por eso a los de Murkil les agradezco que se hayan acordado de nosotros y más con un festival tan hermoso y del que salí muy contento. Tengo que decir que la placa la recogí yo pero el homenaje es a toda la familia Urquia.

-¿Su otra gran pasión ha sido el deporte?

-En aquel tiempo no había otra cosa. Todos jugábamos en el playero. Jugué también en el club y me gustaba mucho la pelota. Luego he estado 31 años, media vida, en el Club Deportivo. Cuando entré tenía 4 secciones y cuando salimos tenía 10. Mi vida ha estado siempre ligada al comercio y al deporte.

-En la actualidad, ¿en qué ocupa su tiempo?

-Como digo, el tiempo no pasa en balde y los años no perdonan. Estamos jubilados, nos levantamos en plan señoritos sin ninguna prisa y aquí pasando el día. Haciendo alguna chapucita aquí en la bodega, ayudando a los sobrinos que son los que llevan el comercio y apoyarles en lo que podemos porque no estamos para muchos trotes.

-Es de suponer que después de tantos años su deseo es que casa Urquia continúe por lo menos otros tantos.

-Por supuesto. La titulación esta a nombre de nosotros, los mayores, pero las que van a seguir las riendas del negocio van a ser las sobrinas, las hijas de mi difunto hermano Sebastián. Esperemos que sigan por muchos años y que tengan mucha suerte. Nosotros les apoyaremos todo lo que esté en nuestras manos y Aurrera txalupa como se dice.

-Cuéntenos alguna anécdota.

-Tengo infinidad de anécdotas. Recuerdo por ejemplo que EL DIARIO VASCO tenía una furgoneta que traía los periódicos y mi padre estaba a las 5 de la mañana en la esquina de Nafarroa y San Frantzisko kalea para recoger los ejemplares. Otra historia que siempre me ha llamado la atención es la vida que había antes en la estación de tren.En aquella época el ferrocarril viniera de San Sebastián o de Bilbao llegaba siempre con unos cuantos minutos de retraso. Eso hacía que en la estación hubiera siempre actividad. Nosotros, mis hermanos y yo, por ejemplo, pasábamos tiempo mientras esperábamos los periódicos. Hacíamos bastante vida allí entre esperar y luego vender ejemplares en la propia estación. Allá por 1947 estando de jefe de estación Don Emiliano Alberdi, en su despacho se reunían muchas personalidades importantes de la época. Gente de la talla de José de Artetxe, escritor, Basarri, que iba a hacer las crónicas de radio y prensa, fray Bittor y otros muchos que ahora no me vienen a la memoria, pero la figura era sin duda Don Francisco Aguirresarobe, más conocido como Don Paco el médico. Estando en la sala de espera de la estación y por propia iniciativa les pasaba revisión a los empleados, al jefe y a todos. Llevaba el recetario en el bolsillo y allí mismo les recetaba lo que necesitaban para sus males. Era un hombre de una gran humanidad, enorme, y una bellísima persona.

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