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TERESA FLAÑO
Sábado, 17 de diciembre 2011, 03:33
El pintor Bonifacio Alfonso Gómez Fernández (1933) falleció ayer en San Sebastián, ciudad a la que había regresado hace tres meses después de vivir durante muchos años en Madrid y en Cuenca. Su pintura se ha calificado de expresionista abstracta, pero desde una perspectiva onírica, aunque a él nunca le gustaron las etiquetas y fue siempre por libre, a pesar de que no se escapaba de influencias de artistas como Roberto Matta.
Hijo de un republicano fusilado durante al Guerra Civil, probó varios oficios antes de ser pintor. Fue novillero, rotulista, pintor de brocha gorda y batería en un grupo de jazz, una de sus pasiones. Decidió matricularse en la Escuela de Artes y Oficios de donde le echaron «porque allí nos obligaban a dibujar los modelos completos y yo prefería captar sólo un brazo o una pierna». Entonces encontró a la primera persona que le apoyó, el pintor Jesús Olasagasti.
La cocina de su casa le sirvió de primer estudio y en 1954 ganó el Primer Premio de Pintura de San Sebastián por un 'Cristo Cubista'. Bonifacio, como firmaba, siempre recordaba que el que más disfrutó con este galardón fue su abuelo porque «me dedicaba a trabajos que no reportaban dinero».
Comenzó a exponer en el Ateneo Guipuzcoano y en la galería Aranaz Darrás y en 1966 alcanza el éxito comercial en la galería grises de Bilbao y dos años después conoció a Fernando Zóbel quien le compró alguno cuadros para el Museo de Arte Abstracto de Cuenca y quien le animó a trasladarse a esa ciudad, donde realizó la vidrieras de la catedral y coincidió a pintores como Gustavo Torner, Antonio Saura o Manolo Millares.
Después pasó a formar parte de la lista de artistas de la galerista Juan Mordó que lo presentó en las ferias de Basilea y Colonia. A finales de los 70 y principios de los 80 se consagró como uno de los artistas españoles más importantes de su generación.
El Círculo de Bellas Artes de Madrid le dedicó en 2007 un amplia retrospectiva titulada 'En los campos de batalla' que estaba acompañada por el documental 'La cicatriz de la pintura'. Su obra está en los museos de Cuenca, Steikborg de Dinamarca, Bellas Artes de Bilbao, Biblioteca Nacional de Madrid, Stedelijk de Amsterdam, San Telmo, Reina Sofía... En 1993 ganó el Premio Nacional de Grabado. Mostró por última vez su obra en Donostia en agosto de 2009 en la Galería Kur.
En los últimos años su salud se había resentido y regresó a San Sebastián para vivir con sus hijas Ivonne y Cristina. Acondicionaba un estudio en Trintxerpe. «Estaba muy ilusionado, con muchas ganas. Hacía una vida normal y acudía a la Parte Vieja. La verdad es que su muerte nos ha sorprendido a todos», comentaba ayer su primo, el también pintor Carlos Inda. Su cuerpo permanecerá hoy en el tanatorio de Errekalde y mañana será incinerado.
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