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IÑAKI ZARATA
Viernes, 30 de diciembre 2011, 04:54
Desde la portada de su nuevo CD, 'Hodeien azpian', Ruper Ordorika observa con mirada lateral. A su espalda, hay un detalle de una casa blanca, que se adivina noble. Y níveamente noble parece su nueva colección de canciones.
En el disco, Ordorika desvía la vista y el fotógrafo Oskar Alegria apenas deja entrever pistas de la vivienda retratada. Pero anoche, el oñatiarra miró de frente a un teatro abarrotado, mostró su casa repleta de canciones y la abrió para que la audiencia amiga la habitara en casi dos horas de fiesta. Una vivienda luminosa, "bajo las nubes, sobre la maleza", como reza el título de la nueva obra en su primer capítulo, 'Nirekin geratu'. Un hogar con manzanas reinetas, pan recién horneado, nueces, queso y olor dulce de higos, "como en los cuentos". Una celebración de la vida.
Porque mucho tiene Ruper por celebrar. Un hermoso disco que casi redondea su colección: 19 obras. Y, sobre todo, la llegada de su primer retoño biológico a las tierras altas, allá por las faldas del Aizkorri. Así que su recital de anoche pareció más cálido, tierno y cercano que nunca, para un cantautor que ha sido siempre seriamente exigente ante el micro.
Un colorista empapelado dominaba el fondo de la escena, cuando el cantante y sus tres músicos entonaron 'Zuhaitz eroria', delicada mirada al transcurrir humano a través de los árboles que la naturaleza va derribando. Cambió raudo Ruper de acústica eléctrica para entonar el más ruidosamente rockero 'Zilarra aurkitu', himno de hierbas recién cortadas, más manzanas, agua retornando a su fuente y plata encontrada en la nieve. Y la trilogía de presentación de la nueva obra se redondeó con el pop vital de 'Ez beldurrik izan': la casa encendida por la voz amiga, con vino en la mesa, la noche en calma y el gallo cantando en la huerta al nuevo día.
La introducción al recital y al nuevo disco fue un feliz canto a la vida, con Ruper centrado en sus cambios de tono y de guitarras, Miner desplegando habilidades mil, un serio y conciso 'Lutxo' al bajo y el risueño Olega, entregado a sus ritmos.
La entrega salteó temas anteriores (el desasosiego de 'Martin Larralde', el lamento euskaltzale 'Egin kontu', el canto a la amistad 'Olhabideko bordan'.) con el resto completo de las once nuevas canciones: el amargo recuerdo del abuelo en 'Eliasen etxea', la ternura de 'Banekien', las dudas de 'Ezbaieko gogoan' con Ruper solo a la acústica, la risa de 'Nora zoaz bakarrik' o la ironía de 'Onerako da'y la elegante estampa urbana 'India kaletik'.
Sonaron algunas viejas gemas ('Zaindu maite duzun', 'Ene begiek', 'Haizea Garizumakoa', 'Herdoilaren'), el recuerdo al amigo-maestro ausente ('Gure bazterrak') y la 'despedidea' feliz del himno antidepresión 'Mundua biltzen duen oihartzuna'. A malos tiempos, bellas canciones de esperanza.
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